Nada tras la puerta. El cuerpo de mujer como campo de batalla - Alfa y Omega

Por unos instantes he pensado en cómo convencerles para que asistan al teatro por lo necesario y reconfortante que es. Pero ahora, después de acariciar detenidamente las teclas del ordenador, me veo en la obligación de pedirles que por lo menos abran bien los ojos y rastreen todo lo que les acontece dentro y fuera de ustedes mismos. Porque precisamente en Nada tras la puerta van a ver y vivir situaciones que pueblan casi todos los rincones del planeta; vamos, casi rozándoles el cuerpo.

Aunque no lo parezca, la obra habla de fronteras. A un lado del escenario, tres amigos europeos que disfrutan de un partido de fútbol donde la estrella del balón es un pobre negrito que viene de vaya usted a saber dónde, pero eso sí, con una historia personal dramática (como no podía ser menos); algo así como la fórmula del siglo XXI que se traduce en fútbol = opio del pueblo. Al otro lado, cuatro mujeres, que a modo de coro griego van contando entre lágrimas unas y rabia otras, monólogos que si no torpes, sí manidos; donde la mujer, más concretamente el cuerpo de la mujer, es el eje de todos los males. Me explico…

Foto: Andrés de Gabriel.

Se cuentan cuatro historias en clave femenina. Se suceden como fotogramas enraizados en monólogos que apenas dejan tiempo para respirar. Laila Ripoll aborda la historia de una niña de doce años obligada a casarse con un hombre mayor que ella (mucho más, ya me entienden); Borja Ortiz de Gondra la de una mujer violada que le pide a su hija que la vengue matando a su padre; un alto en el camino de la mano de José Manuel Mora para hablar del turismo sexual; y para terminar, Yolanda Pallín muestra los claroscuros de la adopción internacional (…). Y todo esto, como les he dicho, con premura, sucediéndose una escena detrás de otra, sin apenas tiempo para digerir tanta miseria o para abrir los poros de la piel, para que transpire.

Foto: Andrés de Gabriel.

Los textos —todo sea dicho de paso— son bellos. Manidos pero bien hechos. Rozan el lenguaje poético que con el piano magnífico de Mokhail Studyonov crean por instantes una atmósfera que dulcifica el terror que se está contando. El problema está en que no se alejan de los lugares comunes. No cuentan nada nuevo. No abren interrogantes ni plantean estados de conciencia. Te dejan en el asiento entre dolorida y compungida porque te gustaría ir más allá de lo que sale en las noticias. Pero todo sea dicho de paso, son historias necesarias. No por repetidas dejan de ser útiles, eso está claro. Lo que sucede es que uno espera otra vuelta de tuerca al tema de la mujer, al cuerpo de la mujer; mejor dicho.

Foto: Andrés de Gabriel.

Y sí, hay momentos memorables. Una lluvia de papeles en blanco y negro, una lluvia de almas podríamos decir. Frases lapidarias que se repiten, Lo que fue, no volverá a ser; lo que no es, será. Citas bíblicas. Soñar es de pobres… Además del elenco de actores, que superaban a veces al propio personaje, me entusiasmaron especialmente Carolina Lapausa y Josean Bengoetxea. Alfonso Torregrosa, Ángela Cremonte, Sandra Ferrús, Marta Sarralde y Lidia Navarro cierran el cuadro que se pierde entre las fronteras. Lo hacen bien. Se ve que tienen tablas, lástima que no se puedan lucir más. Hernán Zin, escritor y reportero de guerra afincado en España, colabora con Mikel Gómez de Segura en esta apuesta por defender eso que se esconde tras la puerta: nada.

Termino con sor Juana Inés de la Cruz, que sigue estando —por desgracia— siempre de rabiosa actualidad: Hombres necios que acusáis, / a la mujer sin razón, / sin ver que sois la ocasión, / de lo mismo que culpáis… / (…) / Pues, ¿para qué os espantáis / de la culpa que tenéis?… / Queredlas cual las hacéis, / o hacedlas cual las buscáis.

Ahí queda eso.

Nada tras la puerta

★★★☆☆

Teatro:

CDN. Teatro Valle-Inclán. Sala Francisco Nieva

Dirección:

Plaza de Lavapiés s/n

Metro:

Lavapiés

OBRA FINALIZADA