Misionero Eugenio Sanz: «Los misioneros dan, verdaderamente, la vida»
El Hermano Marista Eugenio Sanz, talaverano de nacimiento y héroe por vocación, lleva 6 años trabajando en Bangladés, concretamente en el pueblo de Pirgacha, al borde de la jungla. Antes de llegar a Asia, estuvo 5 años en el Congo -antiguo Zaire- en tiempos del dictador Mobutu, y de allí saltó a Ruanda, para reedificar las almas tras el genocidio. Su vida, y la de tantos otros, la describió el Papa al dedicar el mes de octubre a las misiones: «Los misioneros han superado obstáculos de todo tipo, han dado verdaderamente la vida»
La familia Sanz está tocada, especialmente, por la mano de Dios. De los 12 hermanos, hay dos sacerdotes del Opus Dei, otra hermana es religiosa de la Compañía de María, cuatro son laicos del Opus Dei, y Eugenio, que es Hermano Marista. «Nuestra fe se alimentó de la de mi padre, ilustrada y formada, y de la fe de mi madre, más maternal y mariana». Estudiante en los Maristas de Talavera, a los 17 años supo que él también había sido llamado por el camino de aquellos «que siempre estaban cerca y disponibles para nosotros». Así, con 17 años, entró en el noviciado y ya pidió ser misionero.
Llegó al Zaire, en 1979, para dar clases a 3.000 alumnos en Kinshasa durante la era del dictador Mobutu. Tras la tragedia ruandesa, en 1994, Eugenio pidió ir allí «para ayudar a los supervivientes y sustituir a los Hermanos Maristas que habían sido asesinados». Se quedó 10 años en un lugar donde «todo el mundo estaba traumatizado por lo visto, y por la pérdida», explica. En Ruanda trabajó en un internado donde trataron de normalizar la vida de los niños que fueron soldados, de las niñas violadas…; «llevaban años cazando y siendo cazados, tenían miedo», cuenta el misionero. Pero también, en ese país, vio cómo la fe fortaleció a muchas personas para superar el dolor. Recuerda especialmente el caso de un niño tutsi que presenció cómo mataron a su madre y a su hermana. «¿Sabes quién lo hizo?», le preguntó el misionero. «Sí, mis vecinos», respondió el niño; «podría denunciarlos –ya que los tutsis ganaron y controlaban el país–, pero no lo haré. Los he perdonado en mi corazón», añadió el joven.
De camino a Asia
Una vez que se estabilizaron los proyectos de los Hermanos Maristas en Ruanda, la congregación pidió misioneros en Asia, porque «el 80 % de los jóvenes están en Asia, y nosotros trabajamos con jóvenes». En 2008, llegó como pionero hasta Bangladés —no había Maristas allí—, donde lleva seis años viviendo en la jungla con la tribu de los Mandi, y colaborando con la diócesis y otras congregaciones.
Ahora, tras detectar las principales necesidades de la zona, él y otros cuatro Maristas se han embarcado en su primer proyecto: una escuela-internado para los hijos de los trabajadores de las plantaciones de té, los pobres entre los pobres, como él mismo los define. La esclavitud moderna de la que habla el Papa Francisco, y que tanto combatió durante su etapa como arzobispo de Buenos Aires, se palpa en estas plantaciones. Los trabajadores, que malviven en chozas de las empresas —ojo, este té se exporta a Europa—, ganan 50 céntimos, eso sí, si recogen 23 kilos de té al día. Si son 21 kilos, no hay céntimos que valgan. «Si el trabajador enferma, tiene que ir un miembro de su familia por él, o echan a toda la familia de su hogar. Por eso, los niños van a trabajar y no pueden estudiar», afirma Eugenio. Él y sus Hermanos, que quieren erradicar esta lacra, saben que tienen que, además de construir el centro, vencer la oposición de los padres a que los niños estudien, porque son útiles para ellos. De momento, tienen que dar el primer paso: comprar el terreno. Y necesitan ayuda económica. Más información, a través de la ONG Sed, de los Hermanos Maristas, en www.sed-ongd.org.
Conscientes del tirón que tienen las experiencias juveniles en tierras de misión, la Conferencia Española de Religiosos (CONFER) ha organizado, para los próximos días 26 y 27 de octubre, una Jornada para delegados de misiones. El objetivo es fomentar que dichas experiencias misioneras no se queden «en un simple verano exótico, ni en un hecho de voluntariado social», como explica Roberto Calvo, profesor de la Facultad de Teología del Norte de España, en la presentación de la Jornada, sino «que se creen itinerarios para que esa búsqueda juvenil se oriente hacia un verdadero proceso misionero». La jornada, que tendrá lugar en Madrid, contará con la presencia de Juan Antonio Fraile, misionero comboniano, y Carlos Collantes, misionero javeriano, además de delegados de misiones de las congregaciones y jóvenes que compartirán sus experiencias.