Mengs, un pintor que buscó una fama perdurable - Alfa y Omega

Mengs, un pintor que buscó una fama perdurable

El Prado dedica una exposición a uno de los impulsores del Neoclasicismo, con el que en el siglo XVIII se quiso alcanzar un «restablecimiento de las artes» al modo clásico. En España, contribuyó a la decoración del Palacio Real de Madrid con importantes frescos

Juan Carlos Mateos González
'La Ascensión'. Museo Nacional del Prado. A la derecha: 'Autorretrato'. Museo Nacional del Prado. Fotos: Museo Nacional del Prado.
La Ascensión. Museo Nacional del Prado. A la derecha: Autorretrato. Museo Nacional del Prado. Fotos: Museo Nacional del Prado.

El checo Antonio Raphael Mengs (1728-1779) fue uno de los pintores más influyentes del siglo XVIII. Sentó las bases del Neoclasicismo, movimiento considerado en su época como un «restablecimiento de las artes». Su padre eligió los nombres de su hijo por la admiración que sentía por los pintores Antonio Correggio (1489-1534) y Raffael de Urbino (1483-1520).

La exposición sobre él en el Museo del Prado, que lleva por título su propio nombre, presenta una visión completa del pintor, de su obra y de su pensamiento artístico. Se organiza en diez secciones. La primera, titulada «Formación y entorno familiar», está dedicada a la figura del padre y el patronazgo de la corte de Dresde (Alemania). La segunda, «El permanente reto a Rafael», analiza la influencia del pintor de Urbino en su obra. Roma, como Ciudad Eterna y capital de la antigua civilización, domina las dos secciones siguientes: «Roma, caput mundi» y «Roma, la fascinación del mundo antiguo». En la primera, se exhiben diversos retratos: del Papa Clemente XIII, del cardenal Zelada, de eruditos y de otros artistas. En la siguiente, la Antigüedad clásica se presenta a través de dibujos y de algunos tesoros de las colecciones vaticanas en yeso. En la sala «El final de su relación con Winckelmann» se explica la historia de una amistad traicionada, cuando Mengs engañó al arqueólogo Johann Joachim Winckelmann (1717-1768) con el fresco, simuladamente antiguo, de Júpiter y Ganímedes.

Las últimas secciones se dedican al mecenazgo del rey de España. En «Pintor de Su Majestad Católica y de la corte de Madrid» se muestran los retratos de la familia de Carlos III, de otros personajes de la España ilustrada y una amplia muestra de pintura mural. La proximidad de los frescos del Palacio Real de Madrid permitirá a los visitantes del Prado que se quieran acercar al palacio completar su recorrido por esta obra. Llegaba a Madrid con el temor de no gustar y ser empleado únicamente en la pintura de retratos, ya que en España hasta entonces solo se le conocía por el que había hecho del rey de Nápoles.

'Lamentación sobre Cristo muerto'. Galería de las Colecciones Reales, de Madrid. A la derecha: 'La apoteosis de Trajano'. Boceto para el Palacio Real. Galería de las Colecciones Reales.
Lamentación sobre Cristo muerto. Galería de las Colecciones Reales, de Madrid. A la derecha: La apoteosis de Trajano. Boceto para el Palacio Real. Galería de las Colecciones Reales. Fotos: Museo Nacional del Prado.

En la escala de valores artísticos de Mengs, el fresco ocupaba un lugar preeminente, por encima del óleo. Pensaba que su extraordinaria resistencia y durabilidad le garantizarían una fama más perdurable. La técnica que utilizaba privilegiaba la pintura al seco (es decir, la que se aplica cuando el mortero ha perdido su humedad), técnica que fue ganando importancia a lo largo de su carrera. Prueba de ello es su bóveda del teatro de Aranjuez, realizada completamente al temple.

Tras la conclusión de las primeras pinturas murales, Mengs realizaría para Carlos III diversos cuadros religiosos para la decoración del Palacio Real de Madrid y otros de pequeño formato para la devoción privada. El rey, el príncipe de Asturias y el infante Luis de Borbón tuvieron en sus dormitorios pinturas religiosas de Mengs que se trasladaban durante las «jornadas reales», en la vida itinerante de la corte por los Reales Sitios de El Pardo, Aranjuez, La Granja y El Escorial, con breves estancias en Madrid para la celebración de las festividades más señaladas: la Navidad y la Semana Santa.

El proceso creativo propugnado por Mengs comenzaba por el dibujo, bien del natural o de las estatuas clásicas, convertido en un elemento insustituible en la pedagogía artística. Uno de estos dibujos, de grandes dimensiones y planteado verticalmente, representa La Ascensión de Cristo. En la parte inferior de la composición se encuentra Pedro, arrodillado y con las manos alzadas al cielo, único personaje situado de espaldas. Además, aparecen los demás apóstoles, en diferentes poses, algunos arrodillados y otros de pie; y las tres Marías: la madre de Jesús, María de Cleofás y María Magdalena, la única que está de rodillas, en el extremo izquierdo de la escena.

¿Bosquejo u opción artística?

Otra obra destacada de la muestra es su Autorretrato. Mengs aparece de menos de medio cuerpo, portando un mazo de pinceles en su mano derecha. Viste una informal prenda de casa, una bata de color rojo amarronado con ribete de piel y un pañuelo rojo anudado por debajo del cuello. Se le ve sobre un fondo verdoso, como es frecuente en sus autorretratos.

La técnica es directa, y podría juzgarse descuidada si la comparamos con los retratos oficiales. Un buen ejemplo es el cabello, pintado con pinceladas anchas y ondulantes, sobre todo en su parte superior. Todo ello ha llevado a considerar que se trata de una obra sin terminar, detenida en su fase de bosquejo. Y, sin embargo, podría pensarse que el pintor la concibió así, como un retrato íntimo, cuyo destinatario bien pudo ser él mismo o una persona de su círculo más cercano; una obra en la que su autor renuncia a la laboriosa fase final de finas veladuras, que le habrían conferido el aspecto nacarado y pulido que presentan sus retratos oficiales.