Más allá de las diaconisas

Bastaron unas frases para desatar una tormenta de especulaciones. ¿El Papa ha aprobado la ordenación de diaconisas? ¿Ha abierto la puerta al sacerdocio femenino? Ni lo uno ni lo otro. Solo se ha comprometido a establecer una comisión para profundizar sobre el papel de las mujeres diácono en los orígenes de la Iglesia. Nada más. Lo hizo en un largo diálogo con superioras de congregaciones religiosas del mundo. Una conversación en la cual Francisco abordó los verdaderos y más graves problemas que afronta el sexo femenino en la Iglesia católica

Andrés Beltramo Álvarez
El Papa saluda a una religiosa durante la audiencia del 12 de mayo en el Aula Pablo VI del Vaticano. Foto: CNS

Bastaron unas frases para desatar una tormenta de especulaciones. ¿El Papa ha aprobado la ordenación de diaconisas? ¿Ha abierto la puerta al sacerdocio femenino? Ni lo uno ni lo otro. Solo se ha comprometido a establecer una comisión para profundizar sobre el papel de las mujeres diácono en los orígenes de la Iglesia. Nada más. Lo hizo en un largo diálogo con superioras de congregaciones religiosas del mundo. Una conversación en la cual Francisco abordó los verdaderos y más graves problemas que afronta el sexo femenino en la Iglesia católica

Ocurrió la mañana del jueves 12 de mayo en el Aula Pablo VI del Vaticano, durante la audiencia con casi 900 participantes en la asamblea general de la Unión Internacional de las Superioras Generales (UISG). En esa ocasión, Francisco respondió improvisando, en italiano, a seis preguntas. Una de ellas abordó el asunto de las diaconisas. Al constatar que las mujeres consagradas trabajan con los pobres, los marginados, distribuyen la comunión, en muchos países guían las oraciones en ausencia de sacerdotes y hasta pronuncian homilías, una de las religiosas disparó: «¿Qué impide a la Iglesia incluir a las mujeres entre los diáconos permanentes, justamente como ocurrió en la Iglesia primitiva? ¿Por qué no constituir una comisión oficial que pueda estudiar la cuestión?».

Francisco no dio una respuesta precipitada. E incluso desarmó el formalismo con una broma: «Alguno puede decir que las diaconisas permanentes en la Iglesia son las suegras». Con soltura rió, todas las presentes rieron. Entonces abundó en el tema delicado. Reconoció que en la antigüedad, en los inicios de la Iglesia, existían las «diaconisas». Y reveló que ese tema le interesó especialmente.

El Papa contó que en Roma llegó a consultar a un especialista, un teólogo sirio «sabio y erudito». Él le dio datos ya conocidos en la historiografía eclesiástica. Le comentó que esas diaconisas ayudaban al bautismo de las mujeres y constataban los golpes de un marido a la esposa cuando había un problema matrimonial.

Entonces el Papa expuso sus dudas: «¿Qué eran esas diaconisas? ¿Tenían la ordenación o no? ¿Cuál era su rol en esos tiempos?». No cerró la cuestión. Más bien la dejó en suspenso. Pero al evocar su consulta al profesor, dio pistas sobre el núcleo del problema: Dejó entrever que el diaconado femenino en los inicios de la Iglesia no era asimilable al diaconado masculino. Aquellas mujeres cumplían funciones específicas y limitadas.

Francisco recordó que existen varias publicaciones sobre el diaconado en la Iglesia y adelantó que le pedirá a la Congregación para la Doctrina de la Fe que le informe sobre el particular. «Quisiera constituir una comisión oficial que pueda estudiar la cuestión: creo que le hará bien a la Iglesia aclarar este punto, estoy de acuerdo, y hablaré para hacer algo por el estilo», añadió.

La reacción fue inmediata. En las siguientes horas la prensa pasó de títulos como «El Papa se abre a las diaconisas», a «Francisco estudia permitir a las mujeres casar y bautizar». Este último, producto de una interpretación errónea, una asimilación automática entre el diaconado femenino y masculino.

Las repercusiones llegaron hasta Santa Marta, la residencia vaticana de Francisco. «El Papa me llamó por teléfono sorprendido sobre las… ¡diaconisas! Está pensando en una comisión. ¡No saquemos conclusiones apresuradas!», escribió el viernes 13 por la mañana el sustituto de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, Giovanni Angelo Becciu, en la red social Twitter.

Santa Tatiana de Roma, diaconisa del siglo III

Siguió a las pocas horas una aclaración del portavoz papal, Federico Lombardi: «El Papa dijo que piensa constituir una comisión que retome estas cuestiones para verlas con mayor claridad. Pero hay que ser honestos: no dijo que tiene la intención de introducir una ordenación diaconal de las mujeres y mucho menos habló sobre la ordenación sacerdotal de las mujeres». Además Lombardi resaltó que el Pontífice fue muy claro cuando aclaró que las homilías en la Misa solo pueden ser pronunciadas por los ministros ordenados, es decir los varones. Aunque a las mujeres les está permitido sustituirlos en una liturgia de la palabra, sin ceremonia eucarística.

Desafíos e injusticias

Hasta ahora nada se sabe sobre la anunciada comisión, aunque las superioras se han tomado la promesa en serio. Y saben que tienen la palabra empeñada del Obispo de Roma. Pero en la audiencia con la USIG salieron a relucir otros asuntos pendientes.

Falta de consideración, abandono, escaso apoyo económico, feminismo y clericalismo. Un panorama plagado de desafíos y no pocas injusticias, que Bergoglio abordó directamente. «Es verdad que la inserción de las mujeres en los procesos de decisión en la Iglesia es muy débil», admitió. Y se mostró de acuerdo en un aumento de responsabilidades para ellas en los diversos niveles eclesiásticos. Siempre que la jurisdicción de los puestos no dependa del orden sagrado.

Pero el Papa fue más allá. Pidió llevar la mirada femenina allí donde se elaboran las decisiones, no solo donde se ejecutan. «Porque la mujer mira la vida con ojos propios y nosotros hombres no podemos mirarla así».

El Pontífice se sorprendió cuando una superiora le dijo que el Vaticano organiza reuniones sobre la vida consagrada y no las convoca a ellas. Las asambleas generales de la Congregación de los Institutos de Vida Consagrada, por ejemplo. «¿Puede la Iglesia permitirse seguir hablando de nosotras, en lugar de hablar con nosotras?», le cuestionó. «¡No imaginaba (que había) tanta distancia! ¡De verdad!», reconoció Francisco. Y afirmó que en esas reuniones deben estar presentes, «porque hablar de un ausente no es evangélico».

Ni feminismo ni clericalismo. «El rol de la mujer en la Iglesia no existe por el feminismo, ¡es un derecho!», aclaró Francisco. Y apuntó: «El sacerdote es un servidor de la comunidad, el obispo es un servidor de la comunidad. ¡No el jefe de una empresa! ¡No!».

El Papa instó a diferenciar el servicio de la servidumbre. «El criterio es: ¡servicio y no servidumbre! Y si les piden un trabajo de servidumbre, sean valientes y digan no». Les pidió administrar bien sus recursos materiales. Y les recomendó, si tienen problemas, «pedirle al obispo».

Y ante quienes acusan a algunas monjas de «políticas» por estar con los últimos, les indicó: «Los que dicen eso piensan que ser místico es ser una momia, siempre rezando… No, no. Se debe rezar y trabajar según el propio carisma, y cuando el carisma te lleva con los refugiados, con los pobres, debes hacerlo. Te dirán comunista, es lo menos que te dirán. Pero debes hacerlo, porque el carisma te lleva».

Andrés Beltramo Álvarez
Ciudad del Vaticano