Los secretos de un centro de prensa papal con «detalles que normalmente no se le ocurren a nadie»
La sede de Presidencia de la Comunidad de Madrid estalló en aplausos al bajar León XIV del avión. Era un hito en un trabajo de meses para «mimar» a los 5.000 periodistas acreditados y prepararse para cualquier imprevisto, aseguran sus responsables
Cristina Gil, directora general de Medios de la Comunidad de Madrid, y Paloma García Ovejero, jefa de prensa internacional de Mary’s Meals, hicieron tándem para organizar el Centro Internacional de Prensa durante la visita de León XIV. De este trabajo intensísimo también ha surgido una buena amistad.
—¿Cómo se gestó la colaboración entre el Comité Organizador de la visita y la Comunidad de Madrid para establecer el Centro Internacional de Prensa en la Real Casa de Correos, sede de la Presidencia de la CAM?
—Paloma García Ovejero: En realidad yo no pertenezco a la organización. Soy una voluntaria, que me ofrecí a Rafa Rubio, responsable de Comunicación, para lo que hiciera falta. Al mes o los dos meses me llamó para ver si me podría ocupar del Centro Internacional de Prensa los días de la visita. Dije que por supuesto. Pero no participé en la decisión de que estuviera aquí.
—Cristina Gil: Cuando oficialmente se anunció la visita del Papa, nosotros teníamos muy claro ofrecer este espacio para la prensa. Muchos de los que trabajamos aquí somos periodistas, creemos en la importante labor que tienen en todos los acontecimientos y nos hacía especial ilusión que la casa de todos los madrileños, que es como la presidenta, Isabel Díaz Ayuso, se refiere a la Real Casa de Correos, estuviese abierta a todos. Cuando presentamos el proyecto, cada Administración había ofrecido un espacio. Hubo visitas y reuniones para ir presentando todo muy a ciegas, porque no sabíamos ni el número de periodistas acreditados.
Una vez visto que eso iba a ser incalculable, decidimos sobredimensionar todo para que no le faltara detalle. Se lo presentamos a la delegación vaticana como un lugar céntrico, accesible en transporte público y con todo a mano. Queríamos ofrecer eso del corazón de Madrid.
—Una vez decidido, ¿cómo se fue pensando qué es lo que se quería ofrecer aquí para presentar también Madrid? Sobre todo porque usted, Paloma, vive fuera.
—P. G. O.: El lunes de Pascua, que en el Reino Unido es festivo, tuvimos una primera reunión presencial en la que nos conocimos. Fue como escribir juntos la carta a los Reyes Magos: ¿cómo imaginamos un centro de prensa para la visita del Papa? Empezaron a salir las ideas básicas, como que tuviera una wifi potente. Y Madrid Digital proporcionó wifi individual con contraseña personalizada. Lo que pedíamos lo daban multiplicado por 100. «Que haya café decente»: pues café de comercio justo y gratis y, además, dulces típicos de la Comunidad de Madrid. Se decidieron además las necesidades de apertura y cierre.
—En realidad, la necesidad de que no cerrara, de que estuviera abierto 24 horas.
—C. G.: Ha sido un reto mantener el edificio abierto las 24 horas durante una semana; conlleva un refuerzo importante de seguridad y de presencia aquí. Los horarios de la agenda del Santo Padre eran muy ajustados y, al final, Paloma y yo prácticamente hemos dormido aquí.
—P. G. O.: El planteamiento era «al servicio del Papa, al servicio de los periodistas». Hemos funcionado como un tándem, porque teníamos una química personal y una entrega y una conexión brutal, también con nuestra partner in crime Marieta Jaureguizar, directora corporativa de Comunicación y Marca CEU. Las dos nos conocimos en la JMJ de Madrid 2011 haciendo cosas de estas. Y 15 años después hemos podido repetir la experiencia porque ya sabemos cómo trabajamos juntas. Y sabíamos que había que darlo todo y preverlo todo: plan B, plan C, plan Z si fuera necesario.

—¿De qué tipo de eventualidades estamos hablando?
—P. G. O.: Si esos días llega a llover en Madrid, muchos más periodistas se habrían metido en el centro de prensa en vez de estar fuera haciendo directos, y si no hubiera estado sobredimensionado… O podría haber habido un apagón como pasó en España hace un año, y aquí dentro no hubiera sucedido nada.
—C. G.: Teníamos varios grupos electrógenos y estuvieron haciendo pruebas toda la semana anterior para asegurarnos de que si se producía una sobrecarga el centro seguiría funcionando; era de las otras cosas que nos preocupaban. Se ha querido mimar mucho al periodista, porque es el que está viviendo la experiencia desde otro punto de vista y siempre son los grandes olvidados. De hecho, los han sometido a los máximos controles de seguridad. Queríamos que realmente se sintieran cómodos, porque además cuanto más cómodo estás, con más alegría y buen humor vas a poder contar lo que estás viviendo.
Necesitábamos que la gente se llevara la sensación de cómo somos en Madrid: que somos acogida, que da igual de dónde vengas, vas a tener tu sitio aquí. Y ese era el concepto que queríamos trasladar al centro de prensa. Hubo fotógrafos que se quedaron a dormir aquí porque llegaron a medianoche de la vigilia en la plaza de Lima y a las cinco de la mañana tenían que salir para Cibeles.
—¿Cuánta gente ha estado trabajando aquí para hacer todo esto posible?
—C. G.: Por mi parte, hemos contado con un grupo de unos 40 compañeros que trabajan en el equipo de prensa y comunicación de la Comunidad de Madrid, todos maravillosos, que de manera voluntaria han venido a cubrir algún turno; hicimos tres por día. Entendí desde el principio que el equipo de Paloma iba a necesitar ese apoyo de gente de la casa, porque al final surgen imprevistos, y son los que se conocen el edificio y los resortes. Y nos gustaría recalcar el papel tan importante que han tenido la Policía Nacional y la Policía Municipal a la hora de la seguridad y la movilidad. Estábamos todos a una por un único fin: que todo saliese bien.
—¿Y de fuera del personal de la Comunidad de Madrid?
—P. G. O.: Marieta Jaureguizar y yo creamos un equipo de once veteranas en comunicación y servicios previos a la Iglesia (hablo en femenino porque, casualmente, éramos todas mujeres). Hacía falta un núcleo duro de profesionales dispuestas a hacer lo que hiciera falta y que supiera gestionar cualquier cosa, desde afrontar una crisis de comunicación al más alto nivel hasta hacer fotocopias, comprar botellas de agua o conseguir que una remesa de acreditaciones llegara en menos de 24 horas a Barcelona siendo festivo y estando toda España cortada. Esa era la parte que podíamos aportar nosotras. Y, lógicamente, resolver problemas que a priori no eran “nuestros” o cubrir carencias que iban apareciendo sobre la marcha. Entre unos y otros, en cada momento había unas 20 personas trabajando gratis. Además del resto de la organización, y otros voluntarios generales, que tenían en el Media Center su oficina, su casa y su apoyo.
Eso solo fue posible porque contábamos con las manos, el cerebro, la generosidad y todo el despliegue de la Comunidad de Madrid, que ejecutaba lo que necesitábamos y lo mejoraba. Volviendo a la carta a los Reyes Magos, además de lo que el niño pide, en los zapatos siempre te encuentras con algo que tú no sabías que querías. ¡O necesitabas!
—C. G.: Y, desde luego, estas veteranas se han echado al barro.
—P. G. O.: Un viaje papal es distinto a cualquier otro viaje de cualquier otro jefe de Estado. Pero también un Centro Internacional de Prensa con más de 5.000 periodistas acreditados en toda España, y 2.500 solo para Madrid. Hemos tenido hasta el último día a agencias internacionales usando el centro para cubrir la etapa de Canarias porque garantizábamos apertura 24 horas, señal institucional limpia, audio, los discursos bajo embargo y atención personalizada, comida, zona de descanso…
Fruto solo del compromiso personal e institucional de Policía Nacional, Municipal, Summa 112, Ayuntamiento, Comunidad, voluntarios, católicos, mediopensionistas… todos a una.
—¿Qué acogida ha tenido este esfuerzo?
—P. G. O.: Todos los periodistas, incluso los que al principio no entendían qué era el encapsulamiento y por qué los teníamos que llevar en buses escoltados, pasando controles extra de seguridad, estaban después agradecidos, encantados por cómo ha funcionado todo. No puedo mencionar un solo incidente. Algunas cosas se podían prever; otras no, como que el avión del Papa tardara tanto en despegar. Y estábamos preparados; si hubiera habido que improvisar un briefing se habría hecho, porque estábamos allí. La tecnología era fundamental pero la presencia humana, igual o más.

—Con todo este despliegue, al final, ¿cómo han vivido los medios la visita del Papa? ¿Qué ha sido lo que más les ha llegado, lo que más destacaban al hablar con ustedes?
—P. G. O.: Yo soy de Madrid y me llamo Paloma por la patrona, así que lo tengo claro (ríe)… pero es que estaban impresionados con Madrid como comunidad, con Madrid ciudad, Madrid calidad y Madrid servicios: las calles, los restaurantes, el transporte público, las atenciones que se les han dado. De alguna televisión norteamericana nos decían que nunca habían visto un despliegue semejante en más de 40 viajes papales.
Han valorado detalles que normalmente no se le ocurren a nadie. Por ejemplo, tener un espacio, la biblioteca, reservado para los fotógrafos. Son profesionales que cargan mucho peso y que no solo necesitan soltar trastos, sino sentarse a editar y mandar fotos. O la tarjeta SIM personalizada, que los periodistas multifunción o el cámara de la RAI apreciaron muchísimo y decían que suponía una enorme diferencia para poder trabajar. Lo que más hemos recibido ha sido agradecimiento por pensar en lo que nadie piensa.
—C. G.: Un momento muy especial fue la llegada del Papa el día 6 por la mañana. Muchos la siguieron a través de la señal institucional en el centro. Y fue muy bonito porque cuando apareció saliendo del avión, toda la gente (de apoyo técnico, de limpieza, de la cafetería, los voluntarios…) se paró espontáneamente, se puso a mirar las dos pantallas enormes que teníamos en los dos patios y empezó a aplaudir. Estaba todo el mundo muy ilusionado. Fue un momento muy especial que todos recuerdan.
También recuerdo que vinieron alucinando de la vigilia en la plaza de Lima, valorando cómo Madrid había reaccionado y había acogido al Papa. Todo el mundo quería vivirle.
—¿Algún otro momento especial?
—C. G.: Fue muy especial cuando el Papa pasó por delante del centro de prensa en el recorrido de la catedral al Bernabéu, literalmente bajo una lluvia de pétalos de rosa amarillos y blancos. Lo tiraron dos jovencitas con una historia curiosa: Habían estado esperando en Puerta de Toledo. En un primer momento se había anunciado que el papamóvil pasaría por allí, pero pasó en coche.
Entonces ellas fueron hasta la Almudena y luego se pusieron frente a la Real Casa de Correos. Las vi y me dieron mucha ternura, así que les dije que pasaran a este lado. Y justo en ese momento necesitábamos a alguien que pudiese tirar los pétalos desde el balcón.
También vino la presidenta de la Comunidad porque quería estar aquí cuando pasara. Y las familias de los trabajadores, desde recién nacidos y niños a personas mayores de más de 90 años que no se atrevían a ir a los actos solos y aquí tuvieron su espacio. Nos hubiera encantado que hubiera parado pero no pudo ser. Incluso sacamos a la Virgen de la Paloma también, que nos ha estado acompañando estos días. Fueron unos segundos para toda la vida.
—P. G. O.: Me gustaría destacar que ese día, a esa hora, esto que se llama Real Casa de Correos era una casa de una familia, de los trabajadores de la Comunidad de Madrid, de los voluntarios, de todos los que pululábamos por aquí. ¡Casi parecía 6 de enero!