Los jesuitas rememoran el atentado contra Carrero, cuyo coche acabó en su azotea - Alfa y Omega

Los jesuitas rememoran el atentado contra Carrero, cuyo coche acabó en su azotea

«Se produce una fuerte explosión en la casa que la conmueve toda ella. Son las 9:28 h. de la mañana. Tras la explosión, aparece un coche destrozado en la azotea», se lee en un documento de la comunidad

Redacción
Atentado con bomba en el que murió el presidente del Gobierno Luis Carrero Blanco, el 20 de diciembre de 1973
Atentado con bomba en el que murió el presidente del Gobierno Luis Carrero Blanco, el 20 de diciembre de 1973. Foto: AFP / Europa Press.

Este miércoles, 20 de diciembre, se cumplen 50 años del atentado en el que ETA asesinó al almirante Luis Carrero Blanco, que entonces era presidente del Gobierno. No fue un día cualquiera para los jesuitas residentes en la comunidad de Maldonado. Y así lo registraron en su Historia Domus, el libro manuscrito en el que cada comunidad va narrando sus vivencias y anécdotas diarias con el afán de que se mantengan y no caigan en el olvido: «La terraza está a punto de terminarse. Quedan unos 15 m2. Está lloviendo ligeramente. Se produce una fuerte explosión en la casa que la conmueve toda ella. Son las 9:28 h. de la mañana. Tras la explosión, aparece un coche destrozado en la azotea del piso 2o».

Según la Historia Domus, fue el hermano ministro, Franciso Hellín, SJ, el que llamó al 091. Él mismo, poco después, subió «a la azotea a ver lo sucedido», «acompañado por un guardia de la policía armada y por un policía secreto de la escolta del presidente». El texto también revela que fue el padre Jiménez Berzal» quien acudió «a dar la absolución a los cadáveres que asoman por la portezuela delantera derecha. Son el presidente», Carrero Blanco; «un policía de escolta», Juan Antonio Bueno Fernández; «y el conductor», José Luiz Pérez Mogena. Los medios de comunicación, sin embargo, informaron aquellos días que fue el padre Gómez Acebo que le impartió la absolución.

A pesar de que avanza la jornada, la casa permanece custodiada por la Policía y «a última hora de la tarde se da con la causa de la explosión, es una mina situada en el centro de la calzada, construida desde el sótano del 104 de Claudio Coello y que se hizo estallar desde la esquina de Diego de León por unos cables que aún se ven», narra la Historia Domus, que también da cuenta de cómo ha quedado el inmueble de los jesuitas. «Los daños son considerables en tejados, cornisas, cristales y ventanas. Las luces de situación y el intermitente izquierdo estaban encendidos, y el depósito de gasolina y la transmisión desprendidos».

El atentado no solo conmocionó a la sociedad española. Además, provocó la suspensión de todas las actividades apostólicas de la comunidad, a excepción de los cultos en la iglesia. Al frente de la situación se queda el padre Javier Santiago. El superior, Wenceslao Sánchez Pérez, se encontraba de ejercicios espirituales y delega en él parte de sus funciones, «aunque sigue de cerca los acontecimientos».

En los días posteriores se celebró el funeral, que tuvo lugar en la iglesia de San Francisco de Borja. El día de Navidad nieva y hace frío, sigue el coche aún en el mismo sitio, y «se nota en el ambiente un día triste y cansado», concluye la crónica.