Los grupos de solteros funcionan: «Debería ser una prioridad pastoral»
Fernando López y Natalia Piorno son una pareja que se casa el próximo mes de junio. Se conocieron a través de Lazos de Caná, una iniciativa para solteros de la que ya han salido algunos matrimonios y varios noviazgos
—¿Cómo se conocieron?
—Fernando López (F. L.): Fue después de la pandemia. En ese momento de mi vida decidí irme a África como cooperante, a Sudán del Sur. Allí sentí mucha necesidad de rezar y de relacionarme en español, porque prácticamente no tenía a nadie. Me uní a un grupo de Telegram que rezaba el rosario todos los días. Un día, la persona que lo organizaba pidió que dijéramos de dónde éramos y yo dije que era de Zamora. Una chica comentó que nunca encontraba a nadie de Zamora y empezamos a hablar por privado. Quedamos en que, cuando yo volviera a España —porque regresaba un par de veces al año—, tomaríamos un café. Y así empezó todo.
—Natalia Piorno (N. P.): Yo había hecho el retiro de Emaús y pedí en uno de los grupos que se rezara por los solteros. Entonces una compañera me envió un enlace a un grupo de WhatsApp que se llamaba Lazos de Caná, en el que estaba Fernando. Empezamos a hablar en privado, nos conocimos en persona y aquí estamos hoy.
—Para quien no lo conozca, ¿qué es exactamente Lazos de Caná?
—N. P.: Lazos de Caná es un grupo para adultos católicos solteros que organiza sobre todo planes presenciales: ir a Misa juntos, tomar algo después, conocerse y compartir la fe.
—¿Es un grupo para encontrar pareja?
—N. P.: Es un grupo para formarnos, compartir la fe y hacer amistades. Si de ahí surge un noviazgo o un matrimonio, fenomenal, pero no es un grupo creado únicamente para ello. La realidad es que hay una bolsa enorme de solteros dentro de la Iglesia, de edades muy diversas, y no siempre encuentran su lugar.
Muchas veces, cuando te acercas a la parroquia, te ofrecen ser catequista u otros servicios, pero no espacios reales de encuentro. La soltería no es una vocación en sí misma y vimos que hacía falta cubrir esa necesidad.
—Antes de conocerse, ¿cómo vivían su soltería?
—N. P.: Yo venía de una relación larga y lo vivía con bastante paz. No tenía ansiedad por conocer a nadie, había hecho mi proceso personal y estaba bien conmigo misma. Pero sí tenía claro que mi vocación era el matrimonio y formar una familia. Mis amigos no eran creyentes y en la parroquia solo veía familias o grupos de jóvenes, así que no encontraba a personas en mi misma situación. Por eso pedí oración: estaba tranquila, pero con deseo de casarme.
—F. L.: Yo también salía de una relación larga y de un proceso fuerte de conversión personal. Antes de conocer a Natalia vivía la soltería intentando conocer a gente, pero sobre todo acercándome más a la Iglesia. Ese tiempo me ayudó a aprender qué era bueno para mí.
—Cuando una persona tiene claro que su vocación es el matrimonio y no encuentra a nadie, ¿se sufre?
—N. P.: Sí, se sufre. Hay temporadas mejores y peores, pero existe ese anhelo profundo de compartir la vida con alguien. Ves pasar los años, conoces gente que no encaja o que no comparte tus valores y eso duele. Al mismo tiempo, el sufrimiento forma parte del proceso. En nuestro caso, cuando estábamos a gusto estando solos fue cuando nos encontramos.
—¿Creen que la Iglesia debería ofrecer más espacios para los solteros?
—N. P.: Sin duda. Cuando no encuentras tu sitio, acabas relacionándote con personas que no comparten tu fe ni tu proyecto de vida y mucha gente termina perdiéndose, dejando de rezar o alejándose de la Iglesia. Hay mucha soledad no deseada y debería haber una mayor respuesta.
—F. V.: La acogida que hemos tenido en Lazos de Caná por parte de los sacerdotes que participan ha sido muy buena. Son muy sensibles y cariñosos. Pero es verdad que, como institución, a la Iglesia aún le cuesta tomar conciencia de esta realidad. En una sociedad con tanta desestructuración familiar y tantos divorcios, ayudar a los solteros debería ser una prioridad pastoral.
—¿Qué le dirían a una persona soltera que vive con desesperanza su situación?
—F. L.: Que Dios tiene sus tiempos y que forzar las cosas a nuestra manera no suele salir bien. Que aprenda a vivir su soltería, que se forme, que se mueva y que confíe en que Dios actúa cuando quiere y como quiere.
—N. P.: Que no pierda la esperanza, pero que se ponga en marcha: arreglarse, salir, tener buena disposición. Así es como pasan cosas bonitas y a veces se encuentra incluso una familia.