Los cristianos, sal contra la corrupción

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

«El cristiano está en el mundo para dar un testimonio irreprochable y fiel del Evangelio, siendo sal incorrupta en medio de la corrupción moral», ha señalado el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio. También el obispo de Almería, monseñor González Montes, ha destacado que «la corrupción sólo tendrá solución en una sociedad formada por personas honradas»

El arzobispo compostelano lamentó que, a pesar de «los muchos aspectos positivos de la cultura actual», hoy «no se percibe frecuentemente la referencia a Dios en aspectos diarios de la vida, o en propuestas que no tienen en consideración la dignidad de la persona humana en el ámbito cultural, político, económico o religioso». Así lo señaló monseñor Barrio en la fiesta de la Traslación del Apóstol Santiago, el pasado 31 de diciembre. En esta dimensión, «el cristiano está en el mundo para dar un testimonio irreprochable y fiel del Evangelio, siendo luz en medio de las tinieblas y sal incorrupta en medio de la corrupción moral, con una vida de santidad a través de la caridad».

Con este convencimiento, «hemos de tener en cuenta los fundamentos del cristianismo para transformar los valores débiles de nuestra cultura y sociedad, y superar tanto la inmoralidad como la frivolidad». Y continuó el arzobispo compostelano: «La fe no son teorías piadosas, rutinas crédulas o engreimientos religiosos», sino que «nos ofrece criterios para juzgar cuanto nos rodea desde la luz de Cristo, y se manifiesta en la caridad que nos impulsa a buscar los intereses de Dios en nuestros hermanos». Sin embargo, esta fe «sólo podrá ser vivida y operante en nosotros en la medida en que erradiquemos de nuestro corazón todo egoísmo, toda corrupción como actitud de quienes están dispuestos a hacer cualquier cosa para enriquecerse, toda ambición propia, toda comodidad irresponsable. Se nos propone vivir en un nivel superior».

También monseñor Adolfo González Montes, obispo de Almería, se refirió al problema de la corrupción en su Mensaje de Navidad, al defender que «la corrupción no tendrá solución mientras las personas que forman la sociedad no sean honradas y se gobiernen por principios morales que tengan por fundamento la dignidad de la persona humana y su destino trascendente»; pero estos principios «no deben ser percibidos como meramente convencionales, fruto más del acuerdo político que del reconocimiento de su carácter inviolable». Además, «quienes buscan salvar sus propios intereses a costa del bien común, amenazan la paz pública y dejan de ser solidarios de las necesidades y urgencias de los demás, olvidando que, sin solidaridad, tampoco ellos saldrán adelante».

Por eso, «la sociedad confiará plenamente en los responsables de la vida pública si percibe su entrega a la vigilancia y promoción del bien común, excluyendo de su actuación privada y pública egoísmos y sectarismos que dividen y tensan la vida social», concluyó el obispo de Almería.

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo