León XIV en Mónaco: una llamada a la responsabilidad moral en el corazón de la riqueza europea
En un mundo marcado por la desigualdad y los conflictos, la riqueza y el poder deben ponerse al servicio del bien común, indicó el Papa
La visita del Papa León XIV al Principado de Mónaco este sábado ha dejado un mensaje exigente y coherente: en un mundo marcado por la desigualdad y los conflictos, la riqueza y el poder deben ponerse al servicio del bien común.
Se trata de una visita histórica. No solo por la presencia de un Pontífice en uno de los países más pequeños y ricos del mundo, sino también porque han pasado siglos desde la última visita papal al Principado. En este contexto, León XIV ha querido situar a Mónaco como un posible laboratorio donde demostrar que la prosperidad económica puede ir de la mano de la justicia social y la solidaridad.
Contra la «idolatría» del dinero y del poder
Uno de los ejes centrales del viaje ha sido la crítica directa a lo que el Papa ha denominado la «idolatría del poder y del dinero», advirtiendo que «cuando el dinero se convierte en absoluto, el hombre deja de ser el centro».
En sus discursos, ha señalado que estas dinámicas están en la raíz de muchos conflictos: «la ostentación de la fuerza y la lógica del dominio siguen alimentando guerras y divisiones». Frente a ello, ha propuesto «una cultura en la que la dignidad de cada persona sea el verdadero criterio de toda decisión».
La riqueza como responsabilidad
En un país como Mónaco, marcado por su alto nivel de renta y su influencia financiera, el Pontífice ha insistido en que la riqueza no puede entenderse como un privilegio aislado, sino como una responsabilidad: «A quien mucho se le ha dado, mucho se le pedirá».
Ha animado a las instituciones y a los ciudadanos del Principado a poner sus recursos al servicio del bien común: «Vuestra prosperidad puede y debe convertirse en instrumento de justicia, solidaridad y paz». En este sentido, ha sugerido que Mónaco puede ser «un ejemplo luminoso» si encarna de forma concreta la doctrina social de la Iglesia.
Catolicismo de Estado: identidad y coherencia
León XIV también ha hecho referencia al hecho de que el catolicismo es la religión de Estado en el Principado. Lo ha hecho en términos de responsabilidad moral: «No es un título honorífico, sino una llamada a la coherencia».
Según ha explicado, esta realidad histórica debe traducirse en vida concreta: «La fe no puede permanecer en las leyes si no se hace visible en las obras», especialmente en la atención a los más vulnerables.
Las guerras que ensangrientan el presente son fruto de la idolatría del poder y del dinero. ¡No nos acostumbremos al fragor de las armas, a las imágenes de la guerra! La #paz no es un simple equilibrio de fuerzas, es obra de corazones purificados, de quienes ven en el otro un…
— Papa León XIV (@Pontifex_es) March 28, 2026
Una fe que se vive, no que se exhibe
Durante la celebración de la Misa, el Papa trasladó estos mismos ejes al plano espiritual. En su homilía, advirtió contra el riesgo de un «cristianismo cómodo», señalando que «una fe que no se convierte en caridad es una fe que se apaga».
Invitó a los fieles a vivir el Evangelio de manera concreta: «no basta con creer, es necesario amar con obras», recordando que la riqueza solo adquiere sentido cuando se comparte.
Un mensaje con alcance global
Aunque dirigidos al Principado, los mensajes de León XIV trascienden claramente sus fronteras. «El mundo necesita menos poder que se impone y más servicio que se entrega», afirmó en uno de los momentos más significativos del viaje.
La visita a Mónaco se convierte así en algo más que un gesto protocolario: es una interpelación directa a las sociedades más prósperas del mundo. En palabras del propio Papa, «la verdadera grandeza no está en lo que se posee, sino en lo que se ofrece a los demás».