León XIV comienza sus visitas a las parroquias en un barrio marcado por la violencia y las drogas
En su primera visita a una parroquia de Roma, el Papa ha animado a la comunidad de Santa María Reina de la Paz a combatir los problemas del barrio de Lido con el Evangelio, la educación y la colaboración con otras entidades
Con sus 42 metros, la cúpula del arquitecto Giulio Magni para la iglesia de Santa María Reina de la Paz es el otro cupolone de la diócesis de Roma. No en la Ciudad Eterna, sino en el barrio Lido de Ostia, a una treintena de kilómetros. Hasta allí se ha trasladado este domingo el Papa León XIV, para la primera de sus visitas a las parroquias de su diócesis. Ha arrancado así una primera gira a cinco comunidades, una por cada sector, en los domingos previos a Semana Santa.
La de esta primera de las visitas a las parroquias es una elección cargada de simbolismo. Fue el Papa Benedicto XV quien ordenó su edificación, durante la Primera Guerra Mundial, para pedir por la paz. Con cimientos puestos por los agustinos (dada la importancia del puerto de Ostia en la vida de san Agustín y santa Mónica), su construcción y su atención pastoral fueron encomendadas a los palotinos.
Casi todos los últimos Papas desde Juan XXIII, salvo Juan Pablo I y Benedicto XVI, la visitaron en algún momento de su pontificado, pues todos solían realizar visitas a las parroquias. Francisco, al llegar en 2015, bromeó preguntando si todavía era territorio de su diócesis, dada la distancia a la capital. El Papa argentino también se reunió en otra ocasión con la comunidad circense de un cercano parque de atracciones.
Y ahora, León XIV. Antes de celebrar la Eucaristía se ha reunido con diversas realidades de la parroquia. Primero, en el campo trasero del templo, con 300 niños de catequesis, jóvenes del oratorio, scouts y miembros del Camino Neocatecumenal. No en vano Lido es una de las periferias de Roma con más población juvenil. Luego, en el gimnasio, con enfermos y ancianos, pobres a los que se reparte comida cada día y voluntarios de Cáritas.

¿Cómo se conquista la paz?
Ya durante la Eucaristía (que han vivido dentro del templo fieles asignados por sorteo, mientras los demás la seguían en pantallas gigantes fuera), León XIV ha recordado los orígenes de la parroquia. Benedicto XV, ha dicho, la creó «pensando en vuestra comunidad como un rayo de luz en el cielo plomizo de la guerra».
Esto sigue siendo necesario hoy, pues «muchas nubes siguen oscureciendo el mundo, con la difusión de lógicas contrarias al Evangelio, que exaltan la supremacía del más fuerte, alientan la prepotencia y alimentan la seducción de la victoria a cualquier precio, sordas al grito de quienes sufren y de quienes están indefensos».
Frente a esto, ha señalado el Santo Padre, en la Iglesia «oponemos la fuerza desarmante de la mansedumbre, pidiendo la paz, y acogiendo y cultivando su don, con tenacidad y humildad». Citando a san Agustín, que aseguró que «si queremos tener paz está ahí, a nuestro alcance», ha subrayado que «nuestra paz es Cristo». Y «se conquista dejándose conquistar y transformar por Él, abriéndole el corazón y, con su gracia, abriéndolo a quienes Él mismo pone en nuestro camino».
La influencia de organizaciones mafiosas
El Pontífice ha aludido también a cómo en ese mismo barrio «la violencia existe y hiere, ganando terreno a veces entre los jóvenes y los adolescentes, tal vez alimentada por el consumo de sustancias». Días antes de su visita, el párroco, Giovanni Patané, explicaba a Vatican News que «somos una periferia compleja, hermosa, pero también con zonas oscuras». Entre una mayoría de «personas de buena voluntad, hay algo que no va bien relacionado con la delincuencia, sobre todo con las drogas y la prostitución».
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— L'Osservatore Romano (@oss_romano) February 15, 2026
Visita pastorale alla Parrocchia Santa Maria Regina Pacis a Ostia Lido pic.twitter.com/6PBZGHzJLG
El Papa ha aludido incluso a «organizaciones mafiosas, que explotan a las personas involucrándolas en sus delitos y que persiguen intereses inicuos con métodos ilegales e inmorales». Ante una realidad tan compleja, ha exhortado con firmeza a los fieles: «No os resignéis a la cultura de la prepotencia y la injusticia».
Ha invitado «a todos, unidos a otras realidades virtuosas que operan en estos barrios, a seguir dedicándoos con generosidad y valentía a esparcir en vuestras calles y en vuestras casas la buena semilla del Evangelio». En efecto, según explicaba el párroco a los medios vaticanos, la parroquia trata de colaborar con el «trabajo increíble» de las fuerzas de seguridad. El propio Patané forma parte de una comisión que cuenta entre sus miembros con religiosos y sacerdotes de Roma, «para supervisar las «zonas conflictivas» de la diócesis», en colaboración con una comisión parlamentaria.

León XIV ha exhortado a contribuir a este esfuerzo difundiendo «el respeto y la armonía, comenzando por desarmar los lenguajes y luego invirtiendo energías y recursos en la educación». Ha deseado que en la parroquia «puedan aprender la honestidad, la acogida, el amor que supera las fronteras». Así, «también los que son esclavos del mal puedan encontrar, a través de vosotros, al Dios del amor, el único que libera el corazón y hace verdaderamente felices».
¿Cuál es el camino a la plenitud?
Al comentar el texto del Evangelio que se lee este domingo en la primera de sus visitas a las parroquias de Roma, el Papa ha explicado que «la ley dada por Dios a su pueblo no está en contradicción con su libertad, sino que, por el contrario, es la condición para que esta florezca». Jesús, al explicar que ha venido a darle cumplimiento, «indica como camino hacia la plenitud del hombre una fidelidad a Dios basada en el respeto y el cuidado del otro en su inviolable sacralidad».
Estas virtudes deben «cultivarse, antes que en los gestos y las palabras, en el corazón». Por ello, el Papa ha animado a los fieles a que, «cuando también a nosotros nos suceda juzgar a los demás y despreciarlos, recordemos que el mal que vemos en el mundo tiene sus raíces donde el corazón se vuelve frío, duro y pobre en misericordia».