Lavapiés celebra san Lorenzo, que acoge a quien «llega a España sin más que una maleta y una esperanza» - Alfa y Omega

Lavapiés celebra san Lorenzo, que acoge a quien «llega a España sin más que una maleta y una esperanza»

El patrono oficioso del popular barrio madrileño ha congregado un año más multitudes de fieles a su paso

Luis Miguel Modino
San Lorenzo en procesión. Foto: Luis Miguel Modino
San Lorenzo en procesión. Foto: Luis Miguel Modino

San Lorenzo, patrono de Lavapiés, como decía la pañoleta que muchos llevaban al cuello, ha reunido a sus devotos para celebrar su onomástica. Esta es una de las tres fiestas castizas que en esta primera quincena de agosto reúne a miles de devotos en el centro de Madrid.

Abrir las puertas al que llega
Una fiesta que lleva a cabo en una parroquia que, «así como San Lorenzo abrió los brazos a los pobres y desamparados de Roma, esta parroquia sigue abriendo sus puertas a muchos que llegan a España, a Madrid, buscando un lugar donde sentirse acogidos, vengan de donde vengan, lleven el tiempo que lleven», como subrayó su párroco, Juan José Arbolí. Una parroquia en la que San Lorenzo enseña a recibir, un elemento fundamental en Lavapiés, el barrio más intercultural de Madrid, con una gran diversidad de pueblos y razas, también de religiones.

Un santo que, «como murió siendo diácono, es patrón de los diáconos, como murió en una parrilla, es patrón de los cocineros, y como murió por reconocer la dignidad de los pobres, es también patrón de los pobres», recordó Arbolí. Desde ahí llamó a todos a reconocerse pobres, necesitados de amor, de sentido, de compañía, a querer ser uno de «los tesoros de la Iglesia» de los que hablaba San Lorenzo.

El presidente de la celebración dijo ver en el Evangelio del día «la clave de toda la vida de Lorenzo», cuando dice que «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto». Una llamada para que cada uno, a ejemplo del santo de este día, entregar la vida «en lo cotidiano de nuestra vida».

Los pobres siguen siendo el tesoro de la Iglesia
Presentar a los pobres como el verdadero tesoro de la Iglesia continúa siendo algo actual. Un ejemplo de eso lo ve Arbolí en el hecho de que la primera parada del papa León XIV en su reciente visita a Madrid fuese en CEDIA, un centro de acogida de Caritas para las personas sin hogar, «algo que parece sacado de la vida de San Lorenzo», donde decía: «el que recibe más gracia de la limosna es el que la da, porque se hace mirar por los ojos del Señor», y añadía que «aquí nadie se queda solo».

Una proximidad a los pobres que el Santo Padre manifestó en la Iglesia de San Agustín, en el Raval barcelonés, donde recordó que «la dignidad de una persona no depende de su éxito, ni de lo que produce, ni de lo que tiene, sino únicamente del amor de Dios que la sostiene». Algo que continuó en Canarias, donde dijo que «todos somos migrantes».

Son ideas presentes en la primera exhortación apostólica del actual pontífice, Dilexi te, donde «menciona a San Lorenzo como uno de los grandes testigos del amor a los pobres a lo largo de la historia de la Iglesia», enfatizó el párroco. Allí, el Papa insiste en ver a los pobres no como un problema social, sino que «son una cuestión familiar, son de los nuestros», no son «objeto de compasión, sino maestros del Evangelio», a ellos «vamos a encontrarnos con Dios, que ya está allí, esperándonos».

San Lorenzo vivo en esta parroquia
Al hilo del pensamiento de San Ambrosio, Arbolí recordó que «lo que Dios pone en nuestras manos también cumple su destino cuando pasa a través de nosotros hacia quien lo necesita», lo que San Lorenzo entendió mejor que nadie. El párroco dio gracias a Dios «porque San Lorenzo sigue vivo en esta pequeña parroquia, y no como un recuerdo bonito, sino como una realidad que se palpa cada semana. Sigue vivo en el rostro de tantos hermanos que llegaron hace poco a España sin más que una maleta y una esperanza, buscando trabajo, calor, amistad, sentido de pertenencia, y sin saberlo del todo, buscando a Dios. Sigue vivo en quien llora en un rincón porque lleva meses sin encontrar un empleo, y en quien no tiene a nadie que le pregunte como ha pasado la noche».

Finalmente, pidió a todos los devotos de San Lorenzo que recen por esta parroquia, pues «la oración es el regalo más bonito que le podemos hacer a Dios, al santo y al prójimo». Al santo le pidió su intercesión «por esta parroquia, por este barrio de Lavapiés, por Madrid y por toda la Iglesia».

Su imagen recorrió en procesión las calles de este barrio castizo y multicultural. Entre chotis y pasodobles, la multitud aclamó y miró con devoción al santo de los pobres hasta llegar de vuelta a la parroquia, donde como manda la tradición robaron los claveles, veneraron su reliquia y tomaron un vaso de limonada, preparada por San Lorenzo, en palabras del párroco.