La Santa Sede pide medidas concretas para resolver la «grave crisis» en Haití - Alfa y Omega

La Santa Sede pide medidas concretas para resolver la «grave crisis» en Haití

El misionero Massimo Miraglio ha sido testigo de las innumerables trabas y el control de las pandillas para introducir un camión de ayuda y enseres básicos a sus parroquianos en el interior de las montañas

Ester Medina Rodríguez
Un hombre sostiene una pancarta durante una protesta contra la violencia de las bandas en Puerto Príncipe (Haití)
Un hombre sostiene una pancarta durante una protesta contra la violencia de las bandas en Puerto Príncipe (Haití). Foto de OSV / Jean Feguens Regala, Reuters.

Haití sigue sufriendo una situación «dramática», donde «las dimensiones sociopolíticas y humanitarias se caracterizan por la inseguridad persistente, la pobreza endémica y la violencia de los grupos armados». Es la denuncia que ha expresado Juan Antonio Cruz, el observador permanente de la Santa Sede ante la Organización de los Estados Americanos (OEA) este pasado miércoles durante una sesión del Consejo Permanente de la institución.

Además, en esa reunión también se ha presentado un documento titulado Hacia una hoja de ruta para la estabilidad y la paz guiada por Haití con el apoyo regional e internacional, que pretende ser un plan de actuación como respuesta a la «crisis multidimensional» que está viviendo el país. En este sentido, Cruz ha afirmado que «seguirá con atención la aplicación de este documento» y que «la Santa Sede se complace por los esfuerzos realizados por la Secretaría General de la OEA para adoptar con urgencia soluciones concretas que traten de resolver la grave crisis de seguridad e institucional» que sufre Haití.

El sacerdote Juan Antonio Cruz, observador permanente de la Santa Sede ante la OEA, durante la celebración del Día Internacional de la Libertad Religiosa el año pasado. Foto: Vatican News.

El observador permanente ha asegurado la cercanía y «el constante apoyo de la Santa Sede a los esfuerzos destinados a promover la paz y la estabilidad» y ha reiterado su disposición a «seguir colaborando, dentro de sus posibilidades, en favor del querido pueblo de Haití». Esta situación de violencia fue denunciada una vez más por la Conferencia Episcopal del país en un comunicado el pasado 23 de julio y también por el Papa León XIV en el ángelus del 10 de agosto, donde aseguró que «la población está cada vez más desesperada» y reclamó «el apoyo concreto de la comunidad internacional para crear las condiciones sociales e institucionales que permitan a los haitianos vivir en paz».

Ni un paso sin el beneplácito de las pandillas

Massimo Miraglio es uno de los tantos misioneros que se encuentran en Haití desgastándose en el día a día al lado de lo que más sufren. En medios vaticanos relata las innumerables trabas que ha tenido que sortear para introducir un camión cargado de equipo médico esencial, artículos de primera necesidad y útiles escolares hasta Jérémie, un pequeño pueblo en el interior de las montañas de donde él es párroco.

Según ha explicado, Miraglio tardó dos años en preparar este viaje porque no encontraba los contactos adecuados para pagar los precios que imponen las bandas para transitar por las carreteras. «Son verdaderos sobornos. No se pagan gratis», asegura el religioso. «Podríamos decir que se ha creado un sistema mafioso paralelo al gobierno legítimo. Paradójicamente, las pandillas emplean a muchísima gente que exige sobornos a quienes trabajan en el mercado, transportan mercancías o incluso a quienes pasean por la calle». De alguna manera, no se da ningún paso sin el beneplácito de las pandillas.

Este alto coste —económico y físico— que hay que pagar por transitar y comercializar, tiene su efecto en los elevados precios de los pocos productos que llegan a los mercados, acentuando aún más el hambre y la pobreza de la población. «La Iglesia ha condenado desde hace tiempo esta situación, pero es la única que alza la voz. La comunidad internacional debe ayudarnos a encontrar salidas, pero lo que ha hecho hasta ahora es completamente insuficiente», denuncia.