«La psicología ahora se está preguntando por la misión del ser humano» - Alfa y Omega

«La psicología ahora se está preguntando por la misión del ser humano»

Alberto Cano es jesuita y psiquiatra. Atiende a sacerdotes y religiosos, quienes sufren a menudo «síndrome de fatiga por compasión». Por donde pasa, sus compañeros laicos le preguntan por Dios

Rodrigo Moreno Quicios
Alberto Cano
Este jesuita estudió Medicina en Valladolid y ha bautizado a los hijos de sus compañeros de trabajo. Foto cedida por Alberto Cano.

«La Misa blanca es una iniciativa que algunas diócesis celebran en la festividad de san Lucas, patrono de los médicos. En Madrid empezamos a hacerla el año pasado y animamos a los profesionales a que vengan con su bata de trabajo, de ahí su nombre», nos explica Alberto Cano. Es psiquiatra, jesuita y presidió a finales de octubre en Nuestra Señora de los Ángeles esta celebración que no solo reúne a los doctores, sino «a toda la gente relacionada con el mundo de la salud: pacientes, familiares, voluntarios y capellanes». «Este año organizó todo la Pastoral de la Salud de Madrid y Más Que Salud, un movimiento que llevan los jesuitas con diferentes talleres, formación, retiros y conferencias a lo largo del año», nos detalla el sacerdote.

Algo que hace muy interesante el perfil de Cano es que es capellán en el Rodríguez Lafora, «un hospital psiquiátrico público de la Comunidad de Madrid» y, además, trabaja como psiquiatra en UNINPSI, el servicio de salud mental de Comillas, donde también da clase. «Parte de mi misión sacerdotal es el ejercicio de la psiquiatría y no lo veo como una cosa distinta» sino como otro tipo de servicio, nos cuenta, pues «fue un encargo por parte de mi provincial». De hecho, «san Ignacio, cuando escribió la regla general de a qué se van a dedicar los jesuitas, dijo entre otras cosas “reconciliar desavenidos”», que nuestro entrevistado compara con «el trabajo de psiquiatra porque tienen un componente grande de reconciliar al sujeto consigo mismo y con otros de su entorno».

En UNINPSI «atiendo principalmente a otros sacerdotes, seminaristas, religiosos y religiosas con problemas de salud mental». A este respecto explica que «la salud mental afecta todas las facetas de la vida, también la vocacional, la espiritual y la apostólica». Preguntado por los denominadores comunes que ve en este grupo —respetando siempre la intimidad de sus pacientes— destaca que «en los entornos religiosos nos cuesta mucho pedir ayuda». Y agradece la visibilización que supuso «CONVIVIUM en Madrid, porque dio importancia al cuidado de los sacerdotes». De hecho, Alberto Cano también colabora con la Vicaría Episcopal para el Clero de la archidiócesis, donde «estamos preparando programas» de cara a esta realidad.

Aunque esté especialmente preparado para tratar a estos perfiles al ser él mismo sacerdote y conocer la vocación desde dentro, Cano matiza que un buen psiquiatra debería poder «atender a cualquier persona, también religiosos», tuviera convicciones religiosas o no. Igualmente, nos revela que se está produciendo un cambio de paradigma porque «hay ahora un movimiento en la psicología que intenta comprender la espiritualidad no solo como algo que uno elige sino que está en todo ser humano». Supone todo un avance, porque «la psicología tradicionalmente se ha apartado mucho del hecho religioso y es ahora que se está preguntando por la misión antropológica del ser humano».

Cada vez menos prejuicios

Entre las dolencias más comunes que ve entre sus pacientes destaca «el síndrome de fatiga por compasión», cierta suerte de burnout específico «sobre todo en profesionales de los cuidados» que pueden desembocar en «aislamiento y síntomas de depresión». Debido a las salidas con urgencia hacia los demás, sufren «una falta de cuidado personal» y cargan con historias dolorosas ajenas que, para colmo, «no se pueden compartir por cuestiones confidenciales o de conciencia».

Aunque Alberto Cano sea profesor en Comillas, donde estudió Medicina fue en la Universidad de Valladolid. «Allí empecé antes de ser jesuita», cuenta. Después, ya en la Compañía de Jesús, hizo la especialidad en Psiquiatría en el Hospital Universitario La Paz. «Jamás he encontrado ningún rechazo. Antes al contrario, he tenido conversaciones muy profundas con gente que no es creyente o incluso que es contraria». Gracias a su paso por la universidad y el hospital, «gran parte de mi círculo de amigos son compañeros y he casado y bautizado a muchos de ellos, que ahora ya van teniendo hijos».

Pese a esta absoluta normalidad con quienes le rodean, sí reconoce que «el hospital no es un lugar donde se exprese fácilmente tu fe en público». Por un lado, porque «los profesionales dedican gran parte del día a cuestiones técnicas y están absorbidos». Por otro, «la dimensión espiritual y el contacto humano quedan algo marginadas porque no da mucho tiempo a hablar con el paciente». Pero llama a romper con «el tabú» y contrarrestar la tendencia española a que «la fe se quede en el ámbito privado», cada vez más débil al constatar cómo, en conversaciones ajenas en el transporte público, la gente habla con absoluta normalidad de su participación en retiros y movimientos «o la gente va al gimnasio escuchando pódcast de contenido religioso». Por último, destaca que en su ámbito «hay cierto prejuicio de que tu fe te va a condicionar en cuestiones de bioética», cuando la verdadera confusión «es pensar que no tener una posición creyente te hace neutral».