La piedad popular: refugio contra la crisis - Alfa y Omega

La piedad popular: refugio contra la crisis

La Jornada de Cofradías y Piedad Popular tenía un objetivo claro: mostrar, en el Año de la fe, la vigencia de la religiosidad popular como cauce de evangelización. Esta labor de apostolado incluye la actividad caritativa, con la que hermandades y cofradías ofrecen una creciente ayuda a los más afectados por la crisis económica

José Antonio Méndez

«Las cofradías cuentan con una orgullosa historia en la caridad. Lo importante es que todo –tradiciones, costumbres, ritos, obras– cumpla con la misión evangelizadora de Cristo y de la Iglesia, y que el Evangelio sea proclamado no sólo con palabras, símbolos y procesiones, sino con el testimonio y la coherencia de vida. Las hermandades brindan una experiencia privilegiada para ejercer el espíritu de fraternidad y caridad, y el amor entre los hermanos debe ser el primer testimonio». Así se lo decía el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Papa, a los miles de cofrades y hermanos reunidos, el pasado sábado, en la basílica de San Juan de Letrán, dentro del programa de la Jornada de Cofradías y Piedad Popular. El cardenal Bertone, que se ocupó de la catequesis en lengua italiana, y que celebró la Eucaristía en la catedral de la diócesis de Roma, ponía así el acento en la actividad fraterna y caritativa que las hermandades y cofradías realizan en todo el mundo, como parte esencial de su apostolado.

Un brazo misericordioso

En efecto, como explica el padre Josep Enric Parellada, benedictino, director del Departamento de Santuarios y Piedad Popular, de la Conferencia Episcopal Española, «las cofradías son, en muchas diócesis y realidades, uno de los brazos misericordiosos de la Iglesia, que como Madre acoge a todos sin distinción, sobre todo a los pobres y necesitados. Las miles de Cofradías que hay en España, fruto de su origen, identidad y naturaleza, llevan a cabo muchas obras de ayuda social y de servicio hacia todo tipo de necesidades o pobrezas. Es admirable el trabajo que llevan a cabo a favor de ancianos, pobres, enfermos… Donde hay una cofradía, se practica la caridad».

La crisis, además, ha provocado que hermanos y cofrades se esfuercen por socorrer a los que sufren, incluso aplazando proyectos de mejora de sus pasos e imágenes. El padre Parellada explica que, «en el momento actual de crisis económica, las cofradías han aumentado su presencia y ayuda en ámbitos de pobreza. Cada vez hay más iniciativas de formación y atención caritativa desde las cofradías». Ejemplos hay tantos como hermandades: en Palencia, la Cofradía Penitencial de Jesús Nazareno recoge alimentos y colabora con un comedor social; en Cáceres, la Cofradía de la Virgen de la Montaña donó 2.000 euros al comedor de las Hijas de la Caridad; en Dos Hermanas, la Junta de Hermandades y Cofradías gestiona el Centro de Orientación Familiar; en Córdoba, la Hermandad del Santo Sepulcro recoge alimentos y juguetes para familias sin recursos, y atiende a ancianos en una residencia… Como concluye Parellada, «la vida cofrade no consiste sólo en salir en procesión, y esto lo saben bien los cofrades, sino que implica toda la vida. Porque la aportación de las cofradías a la Iglesia y a la sociedad es la misma que la de cualquier cristiano: ser testigos del Evangelio».

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