La parroquia de Aluche que hace de escudo social desde hace décadas
San Juan Bautista de la Concepción cuida tanto la dimensión caritativa de la fe como la orante. Los trinitarios comenzaron a celebrar Misa en el gimnasio de su colegio
En los años 60, el barrio de Aluche, al sur de Madrid, comenzó a ver crecer su población de modo exponencial. Empezaron a venir a buscarse la vida en la capital multitud de familias, muchas de ellas procedentes de Toledo, lo cual dio origen al original callejero del barrio, en el que abundan los nombres de pueblos toledanos.
Viendo la situación, el arzobispo Casimiro Morcillo solicitó a las congregaciones su ayuda para prestar asistencia pastoral en todos aquellos lugares de crecimiento y expansión de la capital. Así se abrieron multitud de nuevas parroquias regentadas por religiosos.
«Por entonces había en Aluche muchísimos niños, y decidimos iniciar aquí el colegio San Juan García», explica fray Domingo Conesa, el párroco de San Juan Bautista de la Concepción, encomendada por Morcillo a los trinitarios. «Todos los vecinos colaboraron en su construcción, con las familias ayudando mucho», atestigua. De hecho, las primeras Misas se comenzaron a celebrar en lo que era el gimnasio del centro, hasta que en el año 2000 se inauguró la iglesia como tal.
En todo este tiempo, el barrio ha cambiado mucho. Los primeros habitantes del barrio han dejados sus viviendas a sus hijos, ahora con sus propias familias. Y también han llegado a sus calles numerosos ecuatorianos, peruanos y bolivianos, que dejan en cada esquina su acento particular, mientras en el aire se respira el aroma de guisos venidos de lejos.
Desde hace décadas y también ahora, la comunidad de San Juan Bautista de la Concepción ha sido siempre lo que ahora se denomina «escudo social». «Aquí la gente sigue siendo de clase media baja», dice Conesa, por lo que «vienen muchos a Cáritas. Nosotros tratamos de darles alimentos e integrarlos, siempre haciendo un seguimiento».
En muchos casos, quienes acuden a pedir ayuda precisan apoyo para el pago de los suministros o del alquiler, pero los trinitarios intentan que se hagan cargo de ello los servicios sociales del Ayuntamiento. «No siempre se implican —lamenta el sacerdote—, por lo que entonces somos nosotros los que tratamos de mitigar la situación de estas personas». De este modo, cada dos semanas reparten comida al mes a más de 30 familias. No siempre son las mismas, porque cuando alguna de ellas logra salir adelante no tarda en llegar otra en condiciones igual de precarias.
Fe y caridad unidos
No se queda aquí la dimensión caritativa de la parroquia. Dos veces por semana, sus voluntarios dirigen sus pasos al comedor del Ave María, en el centro de la capital, donde cada día se dan desayunos a 400 personas que no pueden llevarse nada a la boca para empezar el día. Entre ellos están también algunos jóvenes, que están comenzando en San Juan Bautista de la Concepción un proyecto de ayuda a los mayores de la zona: los viernes por la tarde salen con ellos a pasear, merendar o jugar a las cartas. «Es bonito ver cómo se van integrando unos y otros», dice el trinitario.
En esta labor solidaria están también implicados los laicos trinitarios, los carismáticos y quienes han salido de los diferentes retiros de Emaús. «Es algo que buscamos a propósito —señala Conesa—. No queremos que se queden solo en la parte espiritual y de oración, sino que también lleven a la práctica la fe. Y la verdad es que todos están muy implicados».
Todo este ambiente de oración y caridad se respira estos días en el templo, donde cada viernes de Cuaresma se está celebrando un vía crucis en el que participan todos los fieles, desde los niños del colegio hasta los mayores, pasando por los miembros de las distintas realidades y los de la Cofradía de la Virgen de la Peña, cuya devoción trajeron aquí hace décadas inmigrantes procedentes de Huelva. «Cada viernes lleva la oración un grupo distinto, todos unidos alrededor de la cruz», constata agradecido el párroco.