La mejor cerveza de trigo viene de una iglesia redentorista en Brasil
La cervecería brasileña Hofbauer fue fundada por redentoristas holandeses y dedica sus beneficios a la parroquia
La cerveza de trigo de la cervecería brasileña Hofbauer acaba de hacerse con la medalla de oro en la categoría German-Style Leichtes Weizen de una competición internacional de más de 1.400 cervezas. Se fabrica en Minas Gerais, un estado brasileño de 20 millones de habitantes con capital en Belo Horizonte.
Hasta aquí, la noticia parece una crónica gastronómica más. Pero lo llamativo es que esta WeissBier —que es como se llama a este tipo de cervezas en Baviera— ha salido del sótano de una cervecería que en su superficie tiene la iglesia de Nuestra Señora de la Gloria. El negocio fue fundado en 1894 por los redentoristas holandeses Mathias Tulkens y Francisco Lohmeyer que, aparte de su fe, también llevaron al Nuevo Mundo este dorado elixir y su modo de producción a la europea.

Usan las mismas máquinas que hace un siglo
La cerveza en cuestión tiene 5,3 grados y se ha elaborado según métodos tradicionales propios de la cultura alemana. Según la revista especializada en crítica gastronómica Excelencias Gourmet, «en copa despliega aromas especiados y frutales, con notas de plátano maduro y clavo». Además, presenta «una textura ligera y una frescura que la hace profundamente bebible».
Uno de los secretos para alcanzar estas calidades es que en Hofbauer —esta cervecería fundada por redentoristas y que debe su nombre a san Clemente María Hofbauer, un célebre sacerdote austríaco y cervecero del siglo XVIII— sigue empleando las mismas máquinas que importó de los Países Bajos en 1907. Limitan su producción a cuatro lotes anuales de 350 litros cada uno para priorizar la calidad a la escala. Por tanto, su proceso de producción sigue una ética más vinculada al ora et labora benedictino que a las lógicas maximalistas del mercantilismo.

Apoyo a la comunidad parroquial
Pero hay más. Como el sótano donde sucede la magia tiene esta conexión tan estrecha con la fe, todas sus ganancias se destinan a obras sociales de la parroquia que tiene encima. Así, cada uno de los botellines que se venden son una forma de apoyar a esta comunidad que lleva más de un siglo funcionando.