A Juan Pablo II y a Benedicto XVI, determinados medios de comunicación los maltrataron en una continuada caza de brujas. Con Francisco el método es distinto. Se trata de escoger algunas de sus palabras y presentarlas como un cambio substancial de la Iglesia en aquellos temas que obsesivamente preocupan a los difusores de la cultura de la desvinculación, que promete la realización humana mediante la satisfacción de las pulsiones del deseo.

En esta ocasión la manipulación ha versado sobre el aborto, en relación con las medidas de gracia del Año Santo de la Misericordia, que comenzará el 8 de diciembre. Y como hace el padre Lombardi al recordar que «perdonar el aborto no significa minimizarlo», es necesario referirse a lo evidente, a lo que realmente ha escrito el Papa en esa «gran amnistía» del Año Santo.

¿Qué es lo que ha establecido Francisco? Como es común a todos los años jubilares, ha determinado una serie de gracias. Así, la indulgencia plena se dará, no solo a los que peregrinen a Roma y atraviesen la puerta santa de San Pedro, sino también a todos los que acudan a los santuarios e iglesias del mundo que poseen por tradición esta condición jubilar. Una segunda medida se refiere a las capillas de las cárceles, de manera que igualmente allí pueda alcanzarse la indulgencia, y «las rejas se conviertan en experiencia de libertad». También las confesiones y absoluciones que impartan los sacerdotes de la Fraternidad de San Pío X, que acoge a seguidores de monseñor Lefebvre, serán válidas durante aquel año. Y, cuarta medida, referida a las mujeres que han abortado, facilitándoles el acceso a la confesión, de manera que pueda dispensarlas un sacerdote, y no solo su obispo, y en la práctica, los presbíteros autorizados. Por este motivo el Papa se dirige explícitamente a los sacerdotes, pidiéndoles que se preparen «para esta gran tarea, sabiendo conjugar palabras de genuina acogida con una reflexión que ayude a comprender el pecado cometido».

De todo este cuerpo los medios de comunicación predispuestos a formatear nuestras mentes, se han quedado solo con el aborto, prejuzgando la medida como una relativización de la posición de la Iglesia, e incluso, más allá, como una anticipación de próximas decisiones favorables a los divorciados, y homosexuales. Nada de esto será así, pero la realidad no importa, solo cuenta la construcción del imaginario.

Josep Miró i Ardevol