Educar significa desarrollar todas las dimensiones del ser humano, intelectivas, morales y afectivas, así como la trasmisión de conocimientos. Y todo esto quien lo hace es, sobre todo, la familia. Si se realiza, entonces la escuela puede formar e instruir en las materias que le corresponda, y reforzar aquella educación familiar. Si no lo hace, la escuela soporta una sobrecarga y desempeña mal su función. Si los profesores deben dedicar un promedio del 20 % del tiempo lectivo a conseguir el silencio en el aula, que es lo que sucede en España, es obvio que el rendimiento escolar se resiente, y conseguirlo depende en buena medida de la educación familiar.

En este contexto, la dimensión religiosa cobra una gran importancia, porque forma parte de un aspecto fundamental del desarrollo de la persona, y porque mejora la capacidad educadora y el rendimiento escolar. Esto último es una consecuencia bien estudiada, que en España, tiende a olvidarse. Los poderes públicos deberían ver en la familia y la religión dos pilares educativos, pero no es así, y solo parecen atender al tercer pilar, a la escuela y a la instrucción. Es una de las causas de que no acabemos de salir de la mediocridad de banda baja, y explica que países con muchos menos recursos como Polonia no dan sopas con honda.

El nuevo Pacto para la Educación incide en el mismo gran error de ignorar a la familia. Por eso es tan importante la campaña que han iniciado la Fundación Educatio Servanda y la CONCAPA (familiayescuela.org) para remediarlo. La familia con capacidad educadora y la formación religiosa son decisivas porque:

* Generan capital social que se traduce en valores y virtudes que repercuten en el comportamiento en la escuela.

* Un aspecto esencial del capital social es el capital moral. Es la capacidad para discernir lo que está bien y mal, lo justo o injusto, lo necesario y lo superfluo, y actuar en consecuencia.

* Aporta estímulos para estudiar y tener visión de futuro. La diferencia entre la familia que es capaz de generarlos y la que no lo hace es grande en términos de rendimiento.

* Ayuda al estudio en tiempo de dedicación y de esfuerzo.

* Habitúa a la lectura y estimula la compresión lectora.

Los poderes públicos deberían asumir la evidencia de que no se puede avanzar en la educación sin contar con las familias y aportarles lo que necesitan para hacer bien su misión.

Josep Miró i Ardévol