«La imagen de Jesús que tenemos que transmitir es la de alguien muy cercano»
El sacerdote congoleño Emmanuel Lwamba ha recibido el Premio de Ensayo Teológico Joven por su visión de Jesús como influencer de nuestros días
La editorial PPC entregó el jueves su VII Premio de Ensayo Teológico Joven a Emmanuel Lwamba por su obra El perfil de Jesús en las redes sociales, una reflexión sobre la presencia de Jesús en el imaginario digital de nuestros días.
―Usted afirma que Jesús de Nazaret, 2000 años después, sigue siendo influencer en el mundo de hoy. ¿Por qué?
―Porque su mensaje no ha cambiado, su mensaje libera y da vida. Es la manera de presentarlo lo que va cambiando. El ser humano se da cuenta de que su vida no sigue el rumbo de la libertad que desea, porque confunde libertad con sentimientos, y pone por delante a estos. Por esta razón propongo la manera de ver a Jesús como el influencer que hoy necesitamos, porque las nuevas generaciones, el hombre moderno en general, entiende que puede hacer su vida sin el Señor, sin la religión, y quiere quitar de su cultura, de su manera de vivir, la referencia a Dios. Quiere romper esta conexión con el Señor, que sería como una conexión que tenemos con la red, que nos va poniendo en contacto con otros y con nosotros mismos.
—Entonces, ¿cuál es la razón para que no sea tan conocido o no sea aceptado por el mundo de hoy? Si el mensaje es bueno, ¿el problema está en la forma de transmitirlo?
―Sí y no. Antes no se podía ser otra cosa que cristiano. Hoy cada cual puede ser lo que quiera, porque han entrado en acción los vectores de la modernidad y la postmodernidad, que son el espíritu crítico, la globalización y el individualismo. Con el primero, se considera que nuestro drama es que nos consideran niños influenciables por otros. Con el segundo, el ser humano ha descubierto otros mundos que ya no son el recibido de sus mayores. El tercero, el individualismo, nos separa de los demás y nos empuja a decidir qué es lo que nos hace bien.
De este modo, con el paso del tiempo, el hombre moderno va abandonando sus referencias y la influencia de una institución, de una religión, de una fe. Vive solo y aislado, y así se está rompiendo la tradición, la transmisión de la fe.
—Hablando concretamente de los jóvenes, ya no es tanto un problema de ellos, sino de la generación anterior, que no les hemos sabido transmitir la fe. ¿Es así?
―Sí, pero está también la parte de la recepción. A veces se ha transmitido, pero ¿cómo se ha recibido? Y si en algún momento al transmitir queremos usar la coerción, la fuerza, entonces ellos se sienten mal. La fe no se puede transmitir a la fuerza.
—¿Qué facetas de Jesús de Nazaret deberíamos transmitir, o deberían transmitir la Iglesia, las familias, a sus hijos, para hacer su figura más atractiva?
―La de un amigo y maestro que llama a cada uno a estar con él. Es muy cercano, dice lo que no nos funciona, porque nos cuida, custodia la fuerza de cada uno y sana nuestra debilidad también. A mí me parece que esta es la imagen que tenemos que transmitir.
―¿Cómo se hace esta transmisión entonces? ¿Hay que usar las redes sociales? ¿Hay que predicar con el ejemplo? ¿Cómo hacer llegar este tesoro que tiene la Iglesia, que es Jesús de Nazaret, al mundo de hoy, a jóvenes y mayores?
―A mí me parece que hemos reducido la transmisión de la fe a lugares como la iglesia y a momentos como solo la Misa. Antes la iglesia era el lugar donde la gente iba, tenía actividades de ocio también, se hacía comunidad y se conocía entre sí. Creo que por ahí tenemos que ir.
También es necesario que el joven tenga la oportunidad de contar su propia vida, esa cercanía ayuda también a que la gente venga a descubrir el tesoro que tiene la Iglesia. Las páginas de internet serán siempre un primer encuentro, pero es necesario conocerse y acercarse porque eso permite el contacto en persona, no desde la pantalla.