La guerra cambiará Irán. Pero no se sabe si será para bien - Alfa y Omega

La guerra cambiará Irán. Pero no se sabe si será para bien

El único obispo católico latino del país ha tenido que ser evacuado, mientras activistas implicados en la lucha contra el régimen de los ayatolás alertan del riesgo que la ofensiva de Israel y Estados Unidos supone para los presos políticos, muchos en paradero desconocido

María Martínez López
Manifestación en apoyo al nuevo líder supremo, el 9 de marzo en la plaza Enghelab de Teherán.
Manifestación en apoyo al nuevo líder supremo, el 9 de marzo en la plaza Enghelab de Teherán. Foto: AFP / Atta Kenare.

Solo la «evacuación completa» de la Embajada de Italia pudo obligar al cardenal Dominique Mathieu, arzobispo latino de Teherán-Isfahán, a dejar la ciudad. «Llegué ayer a Roma, no sin pesar ni tristeza por nuestros hermanos en Irán», escribió el lunes a la publicación belga CathoBel. No le quedó elección, pues su diócesis tiene la sede dentro de dicho edificio, por seguridad. Con todo, Mathieu expresaba que está a la «espera de regresar». Mientras, pedía: «Recen por la conversión de los corazones a la paz interior». El miércoles se reunió con el Papa para informarle sobre la situación.

Sus informes son sin duda muy esperados, dada la dificultad para obtener datos sobre lo que están suponiendo los ataques de Israel y Estados Unidos para la población. «Es muy difícil para la sociedad comunicarse. Las autoridades han cortado internet», recuerda a este semanario Karen Kramer, del Centro para los Derechos Humanos en Irán (CHRI por sus siglas en inglés), con sede en Estados Unidos. Por lo poco que consiguen averiguar, la realidad «en Teherán y en el resto del país es muy difícil». 

Funeral por una víctima de los ataques de Israel y EE. UU. en Irán, el día 9.
Funeral por una víctima de los ataques de Israel y EE. UU. en Irán, el día 9. Foto: Reuters / WANA / Majid Asgaripour.

Entre los mensajes que los iraníes han podido hacer llegar al exterior está el que una cristiana envió a la ONG Puertas Abiertas: «El sonido de las explosiones es aterrador. Los aviones de combate llevan a cabo ataques continuos y hemos tenido que tapar las ventanas con cinta adhesiva para resistir la fuerza de las explosiones. Aun así, creo que Dios me salvará». 

Según ACNUR, los bombardeos han hecho huir a más de 3,2 millones de iraníes. La inmensa mayoría son desplazados internos, para los que el CHRI pide «corredores seguros» y acceso a bienes básicos. Pero unos 6.500 han cruzado la frontera con Turquía. A ello se suman 24.000 afganos que han regresado a su país.

Presos políticos en peligro

Con todo al CHRI, especializado en documentar la represión del régimen de los ayatolás, le preocupan «especialmente los presos y detenidos, en particular los que no están en centros de detención oficial». Kramer explica que hay muchos en «comisarías de policía, centros de la Guardia Revolucionaria Islámica» y otros lugares. Esto se debe «en parte a la enorme cantidad de detenidos» en enero durante la represión de las protestas, más de 53.000. Hay un «alto número de desaparecidos forzosos» llevados a «lugares sin identificar, fuera de la red oficial. Sus familias no saben dónde están». 

A estos activistas les preocupa tanto que puedan sufrir abusos o ser ejecutados en secreto como los «informes alarmantes de falta de comida y agua en las cárceles» y el hecho de que los edificios donde pueden estar «están siendo atacados» por Israel y Estados Unidos. Ya durante la breve guerra de junio pasado, «la prisión de Evin fue objeto de ataques israelíes de forma ilegal» y «las autoridades no la evacuaron». Por eso, llaman a renunciar a «cualquier acción que pudiera poner en peligro la seguridad» de presos y detenidos, en cárceles o fuera de ellas; y reclaman que la comunidad internacional utilice «de forma urgente todos los canales diplomáticos y políticos para presionar a las autoridades iraníes» y exigir su liberación y garantías de que no habrá ejecuciones durante el conflicto.

Incendio en el bulevar Koohsar de Teherán, el 8 de marzo.
Incendio en el bulevar Koohsar de Teherán, el 8 de marzo. Foto: Reuters / Redes sociales.

En cuanto a qué huella dejará la guerra en el país persa, el experto de la Universidad de Navarra Javier Gil Guerrero advierte de que dependerá mucho de «cómo prosigan las operaciones militares y cuánto duren»; es decir, de si la guerra está o no «casi terminada», como presumió el presidente estadounidense, Donald Trump, el 9 de enero. Gil ve claro que «el régimen va a salir más debilitado». La dureza de la ofensiva y la muerte el ayatolá Alí Jamenei, aunque paliada rápidamente con la elección de su hijo Mojtabá como líder supremo, van a dejar una república «como mínimo cambiada». «Probablemente» estará «más bunkerizada, más escorada hacia una política inmovilista, de confrontación, de represión». De hecho, esta puede vivir «un recrudecimiento» porque el establishment «se siente acorralado». 

En cuanto a la población y si será posible el alzamiento que pidieron Trump y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, al iniciar la ofensiva, Gil explica que «una mayoría social se opone a la República Islámica por la situación económica y la falta de libertades». Sin embargo, «está por ver de qué forma responde, si vamos a ver otro ciclo de protestas como el de enero» —que se saldó con al menos 6.500 asesinados— o prevalecerá el miedo. Incluso si se diera una renovada contestación social, tampoco es seguro « que lleve a un cambio de régimen». Dentro de Irán «no hay una oposición organizada y capaz de canalizar ese descontento». Quienes hubieran podido hacerlo «están en los cementerios o en el exilio». Y la oposición en el exterior «está muy fragmentada, plagada de rivalidades internas», y no cuenta con estructura dentro del país. «Es muy difícil que estos episodios de ira y frustración popular desemboquen en una acción efectiva que sea capaz de tomar el poder». 

Las protestas volverán

Por otro lado, este experto pronostica que «por mucho que la República Islámica consiga sofocar de forma violenta estas manifestaciones, van a seguir siendo un fenómeno recurrente» porque el régimen «no tiene bien la voluntad, bien la capacidad de resolver las demandas» de la gente: mejoras económicas, democratización y «un mayor espacio de libertades». Por ejemplo, resolver los problemas económicos tendría que pasar por «un acuerdo con Estados Unidos que acabe con las sanciones» a cambio de aceptar unas exigencias que las autoridades no están dispuestas a asumir. Además, «hay muchos órganos dentro» de Irán a los que les interesa mantener la mala situación actual porque «se ha creado una economía paralela, basada en el contrabando, en la que han podido prosperar». 

¿Y cómo viven todo esto los iraníes en el exilio? Una cristiana compartía con Puertas Abiertas que «tenemos mucha esperanza de poder volver». Pero otro confesaba que tenía «el corazón encogido. No celebro la guerra, ni me tomo a la ligera el sufrimiento que causa en Irán, en Israel y en toda la región». Pedía que este momento «no conduzca a una mayor destrucción» y rezaba por «la protección de los inocentes y la moderación de los líderes». Esperaba que esta guerra se convierta en «un punto de inflexión hacia la justicia y la verdadera libertad».

El sacrificio del padre Pierre
El Raï (sin pelo) con otros sacerdotes.

«Estamos obligados a quedarnos a pesar del peligro cuando defendemos nuestra tierra, y lo hacemos pacíficamente». El sacerdote maronita Pierre el Raï pronunció estas palabras a los medios el pasado domingo, un día antes de morir por el disparo de un tanque israelí. Era el párroco de Qlayaa, un pueblo cristiano en la frontera sur del Líbano. «Israel amenazó a toda la gente para evacuar totalmente esos pueblos porque Hizbulá lanzaba cohetes desde la zona», relata el provincial de los carmelitas descalzos, Raymond Abdo. «Pero los cristianos de cuatro o cinco pueblos declararon que no querían dejar sus casas y estas localidades vacías porque las ocuparía Hizbulá». El Raï y otros sacerdotes —foto de arriba— expresaron públicamente se quedarían con su gente.

Abdo relata que «Israel puede detectar electrónicamente a los combatientes» de este grupo armado. Alguno debió de llegar a Qlayaa, incitando el ataque israelí. Este «alcanzó una casa, hiriendo a un feligrés», narra el franciscano Toufic Bou Merhi. «El padre Pierre corrió con decenas de jóvenes a ayudar; fue entonces cuando se produjo otro disparo» y él sufrió las heridas que le provocaron la muerte al llegar al hospital. El mismo lunes, el Papa León XIV lo citó al expresar su «profundo pesar por todas las víctimas» de Oriente Medio, también niños.