La diosa Cibeles, testigo de las palabras del vicario de Cristo a los madrileños
«No paséis de largo ante el sufrimiento humano», pidió en 2011 Benedicto XVI a los jóvenes desde la plaza de Cibeles
El propio León XIV confirmó a través de una carta enviada a la Fiesta de la Resurrección que el mes de junio visitará la plaza de la Cibeles durante su viaje a Madrid, que tendrá lugar entre el 6 y el 9 de ese mes. Se trata de la primera localización oficial de la visita.
Así, la diosa volverá a ser testigo de las palabras del vicario de Cristo a los madrileños. Y lo fue en 2011, cuando Benedicto XVI presidió la Jornada Mundial de la Juventud en la capital. En la plaza se celebró el acto de bienvenida al Pontífice, y un día después un vía crucis.
«Queridos jóvenes, escuchad de verdad las palabras del Señor para que sean en vosotros «espíritu y vida» (Jn 6, 63), raíces que alimentan vuestro ser, pautas de conducta que nos asemejen a la persona de Cristo, siendo pobres de espíritu, hambrientos de justicia, misericordiosos, limpios de corazón, amantes de la paz», clamó el Papa alemán.
El acto tuvo lugar el jueves 18 de agosto de 2011 y en su alocución el Santo Padre invitó a los jóvenes escuchar al Señor «cada día con frecuencia, como se hace con el único amigo que no defrauda y con el que queremos compartir el camino de la vida». Y añadió: «Bien sabéis que, cuando no se camina al lado de Cristo, que nos guía, nos dispersamos por otras sendas, como la de nuestros propios impulsos ciegos y egoístas, la de propuestas halagadoras pero interesadas, engañosas y volubles, que dejan el vacío y la frustración tras de sí».
Vía crucis en Cibeles
Al día siguiente, durante el vía crucis con los jóvenes, el Pontífice expresó su deseo de que «que el amor de Cristo por nosotros aumente vuestra alegría y os aliente a estar cerca de los menos favorecidos».
Asimismo, pidió a los jóvenes presentes, «que sois muy sensibles a la idea de compartir la vida con los demás», que «no paséis de largo ante el sufrimiento humano, donde Dios os espera para que entreguéis lo mejor de vosotros mismos: vuestra capacidad de amar y de compadecer».