La cruz prevalece - Alfa y Omega

En Aguilar de la Frontera (Córdoba), el Ayuntamiento retiró hace unos días la cruz del Llanito de las Descalzas a pesar de la oposición de los vecinos. La Diócesis de Córdoba ha denunciado que «el Ayuntamiento no ha permitido alegaciones al expediente que hace desaparecer el símbolo cristiano, querido y venerado por muchos». En la misa dominical, el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, recordó que «el pueblo andaluz en un pueblo religioso» y advirtió de que «los cristianos no somos violentos, pero tomamos nota. Cuando llegan las próximas elecciones tenemos en cuenta si han respetado nuestros sentimientos religiosos o no». La cruz terminó tirada en un «recinto de residuos», es decir, en un vertedero.

Al poco tiempo, unos jóvenes colocaron una cruz de madera. Alguien la retiró, Ahora hay una cruz pintada en la fachada que recuerda la que el Ayuntamiento arrojó a la basura. Era inevitable recordar la historia de la Colina de las Cruces, unos 12 kilómetros al norte de Šiauliai (Lituania). Los fieles venían dejando cruces en el lugar desde el Levantamiento de 1831 contra el Imperio Ruso. Las cruces recordaban a los patriotas caídos. Cada vez había más. Se recordaba a los muertos levantando símbolos de vida.

Como en los primeros siglos de vida de la Iglesia, el madero de Cristo representaba la rebeldía de quienes saben que Él ha vencido a la muerte y que no hay poder terrenal que pueda superar esa victoria. Durante el periodo soviético (1944-1991), las autoridades comunistas trataron de desmantelar el lugar. Emplearon maquinaria pesada en 1963 y 1973 para derribar y retirar las cruces de la colina, pero no había caso: los fieles las reponían, las renovaban y el número crecía. Era una forma de resistencia, sí, pero también era un testimonio de fe.

Y esa fe fue más fuerte que la maquinaria, la propaganda y la violencia ejercida por el Estado.

La cruz prevalece.