La BNE saca a la luz dos valiosos Cantorales de la época de los Reyes Católicos. Cantorales dignos de reyes
Basta echar un vistazo a estos dos valiosos manuscritos para trasladarnos con la imaginación al coro de algún importante monasterio, iglesia o catedral en aquel complicado y apasionante siglo XV de nuestra historia. En el centro del coro, se colocaban los Cantorales, que tenían que tener unas dimensiones lo suficientemente grandes para que los monjes, o el coro al completo, pudieran leer las notas musicales desde la distancia. Por su elevado coste, no todo el mundo podía disponer de unos Libros de coro como los que la Biblioteca Nacional acaba de dar a conocer, por lo que, a la espera del resultado de las investigaciones, todo apunta a que los Cantorales fueron encargados directamente por los Reyes Católicos como regalo a alguna institución eclesiástica importante. Uno de estos libros está dedicado a la celebración de Misas de distintos tiempos litúrgicos; y el otro, a Antífonas. Los dos presentan características muy similares, y sin duda fueron realizados para la misma institución en una fecha que puede datarse, casi con total seguridad, antes de la toma de Granada en 1492, según explica a Alfa y Omega el profesor José Carlos Gosálvez, director del Departamento de Música y Audiovisuales de la BNE. La razón estriba en que, en los escudos de los Reyes Católicos que observamos en las orlas que bordean las páginas de los Cantorales, no figuran las características granadas que sí aparecerán en el escudo tras la toma de la ciudad.
Manuscritos de origen incierto
Se desconoce la procedencia de estos manuscritos, aunque todo apunta a que podrían haber llegado a la Biblioteca Nacional de España dentro de las colecciones de fondos desamortizados del siglo XIX. Los dos Cantorales se encuentran en estos momentos en manos de los restauradores, dado su frágil estado de conservación.
Hay que felicitarse de que estas dos joyas hayan llegado hasta nosotros, no sólo por el lógico deterioro originado por el uso intensivo que tuvieron en su momento, sino porque la humedad que reinaba en los archivos de nuestras catedrales y monasterios no contribuía a su conservación. Recordemos también que las sucesivas olas de desamortizaciones de bienes religiosos que se extendieron por toda Europa dieron origen a una terrible mutilación masiva de manuscritos medievales, que se desarrolló sobre todo a lo largo del siglo XIX, cuando se puso de moda comerciar miniaturas recortadas directamente de los códices.
En el caso de los Cantorales de la Biblioteca Nacional, no se observan mutilaciones irreparables, y, aunque no podrá accederse directamente a ellos durante el tiempo que tarde en realizarse la restauración, están a disposición de los interesados en la página web de la Biblioteca Nacional, a través de la Biblioteca Digital Hispánica (BDH). Los dos Cantorales son de gran formato, con dimensiones parecidas (92 x 65 cm y 88 x 64 cm) y, de momento, están rodeados de enigmas, porque carecen de cualquier información que no sea la propia música. Respecto a su origen, lo que sí sabemos es que a la reina Isabel le gustaba el estilo flamenco en lo que a iluminación de manuscritos se refiere, por lo que el artista escogido para realizar este encargo recibiría la real indicación de seguir la estética marcada por la pintura flamenca del momento, tal como podemos comprobar en las fotografías. Sabemos que la Corona tenía a su servicio a algunos miniaturistas, con sueldo fijo anual. La invención y posterior desarrollo de la imprenta en el siglo XV no influyó en la desaparición de estos Libros de coro, puesto que, por su gran tamaño, no podían ser copiados en las imprentas.
Observamos que, en estos Cantorales, la letra inicial o capital es de gran tamaño y está decorada, en pan de oro, con escenas narrativas iluminadas en función del tiempo litúrgico. El término miniatura deriva del minium, un óxido de plomo de color rojo que se comenzó a emplear para la iluminación de los códices manuscritos y que también se ha utilizado en los que hoy nos ocupan. La orla que rodea los pentagramas está habitada por miniaturas de gran calidad, ornamentadas todas ellas con motivos de flores, frutas, insectos y hojas de acanto. No faltan los elementos heráldicos (yugos y flechas), pájaros y putti sobre un denso fondo vegetal, además de los consabidos escudos reales. A simple vista se puede comprobar que uno de los Cantorales está más decorado que el otro y mucho mejor conservado. La realización de los Cantorales podía durar varios meses, por lo que, gracias al trabajo de estos artistas, la mayoría anónimos, podemos disponer de auténticas joyas que perdurarán a lo largo de los siglos.
Precisamente el pasado 2 de enero se cumplían 520 años de la toma de Granada por los Reyes Católicos. Tras 10 años de guerra, las tropas de Isabel y Fernando entraban en la Alhambra. La Reconquista había terminado. El Rey Boabdil rendía la ciudad, con lo que desaparecía el último reducto de poder musulmán en España, tras casi 800 años de ocupación. Los Cantorales recuperados por los responsables de la Biblioteca Nacional serían utilizados con toda seguridad en las Misas de Acción de Gracias con las que se celebró ese magno acontecimiento. Un regalo de esa gran reina que impulsó la evangelización de América y la unidad de España y que, sin ninguna duda, también fue promotora de las artes. Los Cantorales lo demuestran.