La basílica de San Pedro acoge por primera vez unas vísperas anglicanas

El director del Centro Anglicano de Roma explica a Alfa y Omega que ambas iglesias quieren celebrar juntas a san Gregorio Magno, el Papa gracias al cual fue evangelizada Inglaterra

María Martínez López
Foto: CNS

El director del Centro Anglicano de Roma explica a Alfa y Omega que ambas iglesias quieren celebrar juntas a san Gregorio Magno, el Papa gracias al cual fue evangelizada Inglaterra

La relación entre la Iglesia católica y la Comunión anglicana tendrá este lunes un nuevo hito: por primera vez, la basílica de San Pedro acogerá el rezo de las vísperas anglicanas. La celebración se produce solo dos semanas después de la visita de Francisco, la primera de un Papa, a la iglesia anglicana de Todos los Santos. Como es habitual en este tipo de actos ecuménicos, la liturgia anglicana se complementará con la predicación de un representante católico. En este caso, monseñor Arthur Roche, secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. La música correrá a cargo del coro del Merton College de Oxford.

El acto estará presidido por el arzobispo David Moxon, director del Centro Anglicano de Roma y representante del arzobispo de Canterbury –primado de la Iglesia de Inglaterra– ante la Santa Sede. Moxon explica a Alfa y Omega que la idea nació de su relación con el australiano Robert McCulloch, procurador general en Roma de la congregación católica de los Misioneros de San Columbano.

«En los últimos años hemos venido hablando de formas en las que mostrar que nuestras dos iglesias podían acercarse y compartir más, como Cristo nos llama a todos», afirma Moxon. De estas conversaciones nació primero un partido de cricket entre seminaristas católicos de Roma y anglicanos de Londres. Después, el monasterio de San Gregorio Magno en Roma prestó a la catedral de Canterbury el báculo de este Papa durante la reunión de arzobispos primados anglicanos, en enero de 2016.

El «patrono» del diálogo anglicano-católico

Una cosa llevó a otra, y «surgió la idea de conmemorar la memoria de san Gregorio Magno en su tumba, que está en la basílica de san Pedro, el 13 de marzo». Es el día siguiente de su fiesta en el calendario anglicano (y también en el católico antes de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II). El Papa benedictino ha sido adoptado como patrono extraoficial del diálogo entre católicos y anglicanos. «San Gregorio fue quien envió al benedictino Agustín desde Roma para evangelizar a los reinos anglosajones en el año 595».

Agustín se convirtió, más tarde, en el primer arzobispo de Canterbury. También tenía todo el sentido del mundo celebrar su fiesta con las vísperas anglicanas, que beben de esas raíces monásticas: «El «evensong» («canto de la tarde«, como se llaman las vísperas anglicanas en inglés, ndr.) anglicano se desarrolló a partir del oficio de vísperas de la tradición benedictina en Inglaterra, que estaba muy extendida». Tras la ruptura con Roma, el entonces arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer, elaboró en 1549 el Libro de oración común.

Una celebración muy popular

Para el oficio de la tarde, «eligió las vísperas y completas benedictinas como base. La combinación de ambas le hacía más fácil a los laicos participar solo en un servicio el domingo por la tarde». Así, las vísperas anglicanas se estructuran de la siguiente forma: un acto penitencial, preces, lectura de varios salmos, dos lecturas bíblicas intercaladas con el magnificat y el nunc dimitis, el credo, padrenuestro y un himno. Desde su composición, estas vísperas «han sido muy comunes en las parroquias como el servicio estándar de la tarde», y en la mayoría de templos que cuentan con un coro gran parte del oficio es cantado.

Su rezo «ofrece a la comunidad cristiana la oportunidad de descansar en la presencia de Dios de forma contemplativa, de pensar con profundidad en su fe durante las lecturas y la homilía, y de reflexionar con tranquilidad sobre la semana que empieza, sin la distracción de formas litúrgicas inesperadas o complejas. El oficio está estructurado en un orden muy bien pensado que ha superado la prueba de siglos de devoción, un ritmo de belleza y santidad», profundiza el director del Centro Anglicano.

Con todo, la participación en el canto de vísperas también ha tenido sus altibajos. Por ejemplo, decayó «con la llegada de la televisión en los años 60, especialmente en Occidente, porque la gente prefería quedarse en casa». Este declive se notó menos en las catedrales y universidades, «donde se siguió ofreciendo, habitualmente con el buen apoyo coral de un coro». También «ha regresado a bastantes parroquias de forma mensual o trimestral, y se ofrece con una gran calidad, sobre todo musical».

Un eco de «nuestras raíces comunes»

El canto o rezo de vísperas es una opción muy popular en las celebraciones ecuménicas con anglicanos. Moxon lo justifica porque «vienen de un oficio compartido de forma muy extensa en muchas partes del mundo católico antes de que la Iglesia se dividiera, cuando todos éramos uno. Así que nos recuerda nuestras raíces comunes y el patrimonio que compartimos. Hemos estado unidos más tiempo que separados. Además, al no ser una Eucaristía, todos los cristianos podemos compartirla de forma completa. Y nuestras tradiciones corales encajan también muy bien».

El Centro Anglicano de Roma, y su director en particular, están muy implicados en el diálogo ecuménico. Moxon copreside la Comisión Internacional Anglicana-Católica Romana. Otro foco de su labor es la acción social y caritativa. Fue clave en promover la colaboración entre ambas iglesias en la lucha contra la trata –que dio lugar al nacimiento del Grupo Santa Marta–, y colabora con la Comunidad de Sant’Egidio.

El Centro también apuesta por la cooperación cultural, y es habitual que invite a coros ingleses a la Ciudad Eterna. «Cuando dos coros, uno anglicano y otro católico, cantan con la misma partitura –por ejemplo en la Capilla Sixtina, su coro y uno de una catedral o universidad anglicana– somos uno en espíritu. Es un gran testimonio del poder de la música del Evangelio para acercarnos en presencia de Dios. Los esfuerzos ecuménicos reciben una inspiración fresca de este modelo que es cantar juntos», concluye el arzobispo Moxon.

María Martínez López