«La agricultura sostenible mejora la vida de los pobres»

La próxima primavera, la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos publicará una valoración global sobre biodiversidad. Uno de los codirectores de este proyecto es Josef Settele (1961, Baviera), investigador del Centro Helmholtz para la Investigación Medioambiental (UFZ, por sus siglas en alemán) e interlocutor habitual de los líderes religiosos sobre estos temas

María Martínez López
Foto: Sebastian Wiedling

La próxima primavera, la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos publicará una valoración global sobre biodiversidad. Uno de los codirectores de este proyecto es Josef Settele (1961, Baviera), investigador del Centro Helmholtz para la Investigación Medioambiental (UFZ, por sus siglas en alemán) e interlocutor habitual de los líderes religiosos sobre estos temas

¿Qué le llevó a estudiar la relación entre agricultura y biodiversidad?

Empecé a coleccionar insectos a los 6 años, y a partir de entonces me interesé mucho por cómo estas criaturas tan interesantes sobreviven en nuestros paisajes. Entonces me di cuenta de que todo tenía que ver con el uso de la tierra y con la gente.

En Laudato si, el Papa afirma que no se puede separar cuidado de la creación y ayuda a los pobres. ¿Lo ha comprobado en sus investigaciones sobre el terreno?

Para asegurar a los pobres una calidad de vida adecuada, hay que desarrollar prácticas agrícolas sostenibles que permitan a la vez que la gente trabaje la tierra y preservar la biodiversidad. Por ejemplo, reducir el uso de insecticidas en los regadíos de arroz del sudeste asiático no disminuye las cosechas, y a veces las incrementa. Los insecticidas eliminan a todos los insectos. Las plagas son las que se recuperan primero, y sin enemigos naturales tienen mejores condiciones para multiplicarse. Pretendiendo lo contrario, has creado más problemas. Con menos insecticidas mantienes la biodiversidad, mejoras las cosechas y los granjeros reducen sus gastos y tienen menos problemas de salud.

Parte de su trabajo en el UFZ es evaluar distintas políticas medioambientales. ¿Cómo se hace eso?

Empezamos a hacerlo con las mariposas porque son un buen indicador. Son los animales que me empezaron a fascinar de niño, y nunca he perdido ese entusiasmo. Viven en todo tipo de paisajes, son fáciles de identificar y a mucha gente le encantan, lo que nos permite tener muchos observadores. Un proyecto nuestro cuenta con 500 personas que de forma voluntaria cuentan mariposas por toda Alemania. A partir de ahí, por ejemplo, hemos comprobado que los espacios naturales protegidos de la red europea Natura 2000 tienen mucha más riqueza de estos insectos que las zonas vecinas. Sin embargo, en unos y otras la cantidad se ha reducido un 10 % en once años. Eso nos hace pensar que esta red está bien diseñada y tiene potencial, pero quizá no se está gestionando eficazmente.

A muchas personas concienciadas con lo ambiental les confunden las afirmaciones contradictorias que se hacen sobre agricultura ecológica, transgénicos…

Mires donde mires, nada es blanco y negro. Hay que encontrar soluciones integradas en el conocimiento y las tradiciones de la población local. Con todo, los alimentos ecológicos son mejores para nuestro entorno, y a largo plazo es seguro que no tendrán peor calidad que los convencionales. En cuanto a si se pueden producir en cantidad suficiente, no debería haber problema si modificamos nuestros hábitos para comer menos carne. ¡Desperdiciamos mucha comida!

En la década de 1960, la Revolución verde ayudó a evitar millones de muertes por hambre. ¿Hay una cara oculta a este progreso?

El coste que tuvo ha sido una creencia demasiado extrema en las soluciones tecnológicas. Se perdió mucha agrobiodiversidad, debido por ejemplo a los monocultivos a gran escala. Y hemos creado demasiados problemas ambientales, incluidos los de salud.

¿Cómo será la próxima revolución verde?

Espero que esté basada en lo que llamamos la intensificación sostenible, que se basa en un mayor conocimiento y diversificación, y en el respeto a la naturaleza. Medidas como mezclar y rotar cultivos, los barbechos, rodear los campos con zonas de arbustos y flores, usar compost y sembrar directamente sobre rastrojos (sin arar) intensifican procesos ecológicos como el control de plagas, el ciclo de nutrientes y la proliferación de insectos polinizadores. Todo esto favorece un aumento de la producción.

Usted, que fue católico pero hoy se define como agnóstico, participó en 2016 en un encuentro de científicos ambientalistas y líderes religiosos en Torreciudad. ¿Qué aportan estos encuentros?

Suelo relacionarme con bastantes líderes religiosos. Ese encuentro dejó claro que la conservación del entorno es un objetivo común de muchos sectores, incluida la mayoría de comunidades religiosas. Tienen mucho que ver con la conservación de los recursos, y un gran potencial para apoyar la protección de la naturaleza y la biodiversidad.

María Martínez López