José Morales: «Comprendí que mi vida se había acabado, pero estaba bien»
Este médico aparece en la miniserie Buscando la luz, en la que Jesús Sánchez Adalid entrevista a personas que han tenido una experiencia cercana a la muerte
—Doctor, ¿qué fue lo que le pasó hace cuatro años?
—Era una época muy feliz en mi vida, pero tenía un problema con el corazón. Un día, estando en mi dormitorio, a solas, tuve un síncope. Ya me había pasado otras veces, pero aquella experiencia fue totalmente diferente de cualquier cosa que hubiera vivido antes o después. Perdí el conocimiento y enseguida me vi fuera de mi cuerpo. Yo estaba ahí, en el suelo, sin respirar. Comprendí que mi vida se había acabado, pero estaba bien. Lo estaba viviendo sin ningún dramatismo. Luego me sentí iluminado y atraído por una luz sobre mí. Acto seguido me vi en un lugar de montaña; era un momento de plenitud, me sentía muy bien y no me quería marchar.
—¿Qué pasó después?
—Apareció un amigo mío que murió hace 40 años. Enfermó y se quedó ciego, pero en ese momento veía y estaba bien, en plenitud física, además. Sentí una inmensa alegría. Acto seguido, al mirar hacia la derecha, vi un ser de luz. Tenía conmigo una comunicación sobre todo emocional y lo que me transmitía era acogida y compasión, un sentimiento de protección para lo que iba a venir: lo más nuclear de mi experiencia.
—Estoy en ascuas.
—Lo que sucedió a continuación fue una revisión de mi vida, pero de una forma empática y compasiva. Yo no solamente sabía lo que había hecho durante toda mi existencia, sino que, además, tenía la comprensión del efecto que habían tenido mis acciones en mí y en otras personas. Vi lo positivo, pero también momentos de egoísmo, de querer salirme con la mía, de mis verdades a medias, de mis salidas de orgullo, especialmente con las personas más cercanas, las que más he querido. Fui consciente de toda la decepción, la ira, la tristeza y la rabia que había ocasionado en otras personas. Eso me hizo sentir muy mal. Tengo que decir que en ningún momento me sentí juzgado por este ser de luz, sino amparado; como si estuviera allí para acoger toda la tormenta emocional que me estaba pasando. Entonces grité como desde dentro que quería volver y arreglar las cosas. El ser de luz me transmitió que podía hacerlo. Después noté como me caía hacia atrás y volví a habitar mi cuerpo. Según la ciencia médica, no pudieron ser más de 40 segundos, pero en mi percepción había pasado como hora y media.
—¿Qué hizo después con todo lo que le había sucedido?
—Durante seis meses no se lo dije a nadie, ni siquiera a mi esposa. Luego empecé a contarlo e incluso escribí un libro con mi testimonio, Lo que la muerte me enseñó.
—¿Por qué ese título?
—Porque las experiencias cercanas a la muerte (ECM) tienen un poder transformador. Yo no volví con ganas de aprovechar el tiempo que me quedaba y viajar a Cancún, sino con el deseo de reparar en lo posible el daño causado a otras personas. Algunas ya no estaban a mi alrededor, pero a otras me acerqué a pedirles perdón. Luego la vida me ha colocado en situaciones en las que en el pasado reaccioné con egoísmo, pero las he vivido como una segunda oportunidad para no hacerlo.
—¿Antes de que pasara todo esto tenía usted algún tipo de fe?
—Diría que solamente era cristiano cultural. Ahora me he convertido en una persona religiosa, o más bien espiritual, más fina. Se me despertó una gran inquietud. Volví a releer los Evangelios y encontré ahí un ser maravilloso, Jesús de Nazaret. Leo con mucho placer a personas del cristianismo con una fe más espiritual, incluso a místicos como san Juan de la Cruz. Y tengo también mucha apertura a la sabiduría más profunda de otras religiones, en lo que conectan con lo más interior del ser humano y que todos compartimos.
—Por último, ¿qué ha aprendido usted de su experiencia cercana a la muerte?
—La conexión: te das cuenta de que estamos conectados con el universo y con toda la humanidad, que somos uno, y de que se trata de vivir en presencia. También he aprendido que podemos decidir ser más generosos, amables y compasivos; si vivimos así nos sentiremos orgullosos. Esto incluye una invitación al perdón; y diría también a perdonarse a uno a sí mismo. Y el propósito en la vida es esencial. Yo ahora me dedico al acompañamiento totalmente desinteresado de personas a las que puedo ayudar con las herramientas que tengo.