Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado - Alfa y Omega

Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado

Viernes de la Octava de Pascua / Juan 21, 1‐14

Carlos Pérez Laporta
'Pesca milagrosa'. James Tissot. Museo de Brooklyn, Nueva York
Pesca milagrosa. James Tissot. Museo de Brooklyn, Nueva York.

Evangelio: Juan 21, 1‐14

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice:

«Me voy a pescar». Ellos contestan:

«Vamos también nosotros contigo».

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice:

«Muchachos, ¿tenéis pescado?». Ellos contestaron:

«No».

Él les dice:

«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».

La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:

«Es el Señor».

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:

«Traed de los peces que acabáis de coger».

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice:

«Vamos, almorzad».

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

Comentario

Los apóstoles no se habían disgregado. «Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos». Después de las primeras apariciones sabían que la comunidad de los que seguían a Jesús podía permanecer unida, porque Jesús vivía. Pero la manera de seguir a Jesús se había vuelto para ellos completamente nueva. ¿Cómo seguir a Jesús cuando no se le ve? Ellos no tienen el más mínimo control sobre las apariciones, por lo que no saben dónde ir para encontrarle o cómo poder escucharle. Así, entre apariciones —mientras Jesús no se visibiliza— no logran descifrar la presencia de Dios y se encuentran perdidos. ¿Cómo estar juntos? ¿Qué tenían que hacer? Por eso, ante la ausencia de indicaciones se van juntos a pescar. Quizá con la idea de encontrarlo como lo encontraron la primera vez, sin provocarlo, mientras pescaban. «Vamos también nosotros contigo», le dicen a Pedro. Se mantienen unidos, esperando. Jesús, compadecido, se amoldó a la manera que estos tenían de esperarle. Por eso, «Jesús se presentó en la orilla». Pero como «los discípulos no sabían que era Jesús» porque no saben reconocerle ni siquiera cuando se hace visible, repite gestos que hacía antes de morir, para que por familiaridad le reconozcan. Multiplica peces, como antes. Y cuando ya ellos «sabían bien que era el Señor» se sienta a almorzar con ellos, indicándoles la nueva forma de vivir de su presencia: compartiendo el pan.