Javier Redondo Jordán: «La mitad del Antiguo Testamento transcurre en Persia» - Alfa y Omega

Javier Redondo Jordán: «La mitad del Antiguo Testamento transcurre en Persia»

Cristina Sánchez Aguilar
Javier Redondo Jordán
Viajó a Irán para buscar el territorio donde pudo estar el paraíso del Génesis. Foto cedida por Javier Redondo Jordán.

Acaba de obtener un accésit del Premio de Ensayo Sapientia Cordis de CEU Ediciones por Coordenadas del Paraíso. Irán y la eterna búsqueda de los orígenes. En medio de esta escalada bélica, el autor propone ahondar en un país tan desconocido para el gran público y tan asociado al conflicto y a la represión. Pero Irán también es una cultura milenaria y, ojo, es posible que acogiera el paraíso en la tierra.

—En la sinopsis del libro habla de un «desvelamiento» de Irán más allá de clichés mediáticos. ¿Cómo definiría ese desvelamiento, en un contexto ahora mismo en el que Irán está en medio de un enfrentamiento, y, además, tan ideologizado y mediatizado?
—Si nos referimos a Irán, hablar de «desvelamiento» admite muchos matices. El principal al que aludo es la voluntad de descubrir algo que está oculto: al visitar Irán me di cuenta de que apenas conocemos nada de ese país, pese a que compartimos con el mundo persa una parte de nuestra cultura. Otro matiz de este «desvelamiento» es poner sobre la mesa la complejidad de la ley islámica respecto al velo en la mujer, que a mi entender es fundamental para la supervivencia de la República Islámica. Restituir a las mujeres sus derechos y libertades acabaría con el régimen. El desvelamiento de las mujeres solo será posible si cae primero el turbante de los ayatolás. El velo y el turbante son la misma cosa.

—Muchas personas asocian Irán, lógicamente, con guerras y tensiones geopolíticas. ¿Se desmonta esa visión en el libro?
—Como tantas otras, esa noción es equivocada. En los casi 50 años de República Islámica, Irán solo ha entrado en guerra una vez y fue para defenderse de una invasión en su territorio: Sadam Husein, presidente de Irak, ocupó el suroeste de Irán en 1980, provocando una guerra que duró ocho años. Desde entonces, su implicación en las tensiones geopolíticas de Oriente Medio se urde en las sombras: por un lado ha financiado durante décadas a grupos armados contra los intereses de Estados Unidos y de Israel en Oriente Medio, mientras que, por otro, contuvo la amenaza de expansión del Estado Islámico. Sin embargo, Irán había firmado un pacto nuclear con Estados Unidos y con el resto de las potencias mundiales en 2015, que permaneció en vigor hasta 2017 con la salida unilateral de Estados Unidos en cuanto Donald Trump llegó a la Casa Blanca. Irán cumplió sus compromisos, pero a Trump le pareció que los términos no eran suficientemente ventajosos para Estados Unidos.

—¿Qué aspectos de la historia antigua y moderna de Irán le resultaron más significativos para entender su identidad actual?
—Toda su historia es fascinante. Es, junto a Mesopotamia y Egipto, la cuna de la civilización y de la escritura. Su mitología de la creación es la fuente de la que beben las religiones, incluida la judeocristiana. La mitad del Antiguo Testamento transcurre en Persia. El concepto de Europa surgió de la dicotomía entre el mundo griego y el Imperio Persa de Darío y Jerjes durante las guerras médicas. La historia de Alejandro Magno es la conquista de Persia. Más adelante, ya en la era islámica, mientras en Europa se sucedían las cruzadas, en Bagdad se fundaba la Casa de la Sabiduría, custodia de todos los saberes del mundo, donde a lo largo de 500 años se recopiló, se tradujo al persa y al árabe y se desarrolló todo el saber clásico de Grecia y Roma, que con el tiempo devolvería a Occidente para alumbrar el Renacimiento.

Cristianos iraníes participan en el servicio de oración de Año Nuevo en una iglesia en Teherán el 1 de enero de 2025.
Cristianos iraníes participan en el servicio de oración de Año Nuevo en una iglesia en Teherán el 1 de enero de 2025. Foto: OSV News / Majid Asgaripour, WANA vía Reuters.

—¿Encontró esos orígenes, está el Paraíso en Irán?
—Sabemos que el paraíso del Génesis está vedado no solo físicamente, sino también espiritualmente. Buscar un lugar guardado por querubines y una espada incandescente moviéndose en todas direcciones pertenece al ámbito de la fe. Lo que encontré es una región al noroeste de Irán, en el entorno de los montes de Ararat, que cumple con la descripción que del paraíso terrenal hacen el Génesis y otros textos mesopotámicos muy antiguos. En definitiva, no se trata tanto de encontrar el paraíso, sino de identificar el entorno real que sirvió de modelo para los autores del Génesis.

—El libro recibió un accésit del Premio Sapientia Cordis. ¿Qué ha supuesto este reconocimiento para usted como autor?
—Para mí es un honor recibir el accésit de un premio de ensayo de tanto prestigio, convocado por CEU Ediciones, cuyos ganadores han sido escritores con una obra excelente.

—¿Cuál cree que es uno de los mayores malentendidos que Occidente tiene sobre Irán?
—Creer que los iraníes son árabes. Irán es una isla en Oriente Medio: no solo desciende de los grandes emperadores de la Antigua Persia, sino que es chiita, es decir, representante del islam de la estirpe de Mahoma. Es esta doble ascendencia ―realeza preislámica e islámica― la que los distingue del resto de musulmanes. Por eso, en Persia nunca se ha hablado árabe. El iraní es un pueblo ilustrado. Su lengua es el persa, que hunde sus raíces en las lenguas indoeuropeas, y son herederos de uno de los acervos literarios y culturales más exuberantes del mundo.

—Para alguien que no sabe nada del país más allá de los titulares, ¿qué le diría que es Irán?
—Persia es un país donde el exotismo se mezcla con la literatura, que inspiró los infinitos mundos de Las mil y una noches. Formaba parte de la Ruta de la Seda y de las Especias. Irán es la tierra de los pistachos y del azafrán, de la mística y de la poesía, de las alfombras y de los jardines.

—Es un buen momento para leer este libro. ¿Por qué elegir este y no otro más centrado en geopolítica?
—Dependerá del interés del lector. La geopolítica forma parte de Irán, de la misma forma que ocupa una parte del libro, pero Irán no puede explicarse solo mediante su posición en el tablero internacional, que es producto del siglo XX. En miles de años de historia, los ayatolás solo han gobernado Irán el último medio siglo. Más allá de esta anomalía histórica, en el libro se abordan gran parte de los aspectos que hacen de Irán un país rico en cultura, antiguo como la historia y único en el mundo.

Un trabajador pule una escultura en relieve de Cristo en la estación de metro Santa María en Teherán, Irán, el 18 de octubre de 2025.
Un trabajador pule una escultura en relieve de Cristo en la estación de metro Santa María en Teherán, Irán, el 18 de octubre de 2025. Foto: OSV News / Majid Asgaripour, WANA vía Reuters.

—El propio título, Coordenadas del paraíso, evoca una dimensión espiritual. ¿Tiene su libro una búsqueda de lo trascendente más allá de lo histórico o geográfico?
—Sí, esa búsqueda espiritual existe y tiene una triple vertiente. En primer lugar, se trata de una indagación personal, de la que extraigo conclusiones personales que quizá también resulten universales. Por otro lado, constato la idea del paraíso que como cristianos tenemos: el tema principal de la Biblia es la voluntad de Dios de recuperar la unión sagrada con la humanidad en el paraíso que se perdió tras la caída de Adán y Eva. Cristo encarna en sí todos los grandes hitos del Antiguo Testamento: es simultáneamente Adán, Isaac, Moisés, el Cordero Pascual, el Tabernáculo, el Sumo Sacerdote, el Sacrificio del Día de la Expiación, la Serpiente de Bronce, el Templo, David, Elías y, finalmente, el nuevo Árbol de la Vida. Por eso los cristianos ya no anhelamos el paraíso, porque la presencia de Dios vive en cada uno de nosotros como ocurría en el jardín del Edén. En cambio, en la vida de un iraní, el paraíso está representado en todas partes: en la arquitectura, en la decoración de las mezquitas, en la poesía, en las alfombras, en los jardines. Para el pensamiento persa, la nostalgia del paraíso, ese jardín de abundancia y paz perpetua, es un vacío que nada puede llenar. Todavía esperan la llegada del Mahdi, el duodécimo imán oculto, la segunda venida del mesías chiita que ha de volver.

—Irán es heredero de una tradición religiosa milenaria que incluye el zoroastrismo y el islam chií. ¿Qué huellas de esa espiritualidad percibió como más vivas en la sociedad iraní actual?
—Ambas religiones están muy vivas en Irán. El zoroastrismo, aunque es uno de los cultos más antiguos del mundo, es ya bastante minoritario. Sus principales núcleos se encuentran en Kermán y en Yazd, en el sureste del país, que fue la vía por donde sus creyentes huyeron en las persecuciones durante la expansión islámica. Curiosamente, en la actualidad la comunidad más importante son los parsis de la India occidental, herederos de aquellos zoroastras persas huidos entre los siglos VII y X.

En cuanto al chiismo, su culto permea en todos los aspectos de la vida de los iraníes. Como botón de muestra, Irán es uno de los países con más días festivos religiosos del mundo. Estas festividades están dedicadas, en su mayoría, al nacimiento o a la muerte de Mahoma o de uno de los doce imanes, es decir, los doce descendientes directos del Profeta. En la Edad Media, los chiitas creían en que la única autoridad para liderar la Comunidad era la de la sangre santa de Mahoma. Los sunitas, tronco principal del Islam, defendían que ser descendiente del Profeta no era condición sine qua non para gobernar el califato. En poco más de dos siglos tras la muerte de Mahoma, el sunismo acabó con la estirpe del Profeta. Los seguidores chiitas entonces se ocultaron a la espera del advenimiento del Mahdi, el duodécimo imán que ha de volver.

—¿Cree que en Occidente hemos perdido parte de esa conciencia de origen y de raíz que usted encuentra en Irán?
—En Occidente hemos perdido toda conexión no solo con esa conciencia de origen, sino con lo sagrado y lo espiritual. El vacío sigue ahí y la gente está perdida, por eso de vez en cuando se produce un resurgir de la espiritualidad, como hemos visto sucesivamente en las últimas décadas con la nueva era, la meditación budista, el yoga hindú, las teorías científicas de la consciencia y, en estos días, el regreso a la fe cristiana. Todos necesitamos un propósito que dé sentido a nuestras vidas. Y en el caso del cristianismo, vivir en Cristo es el sentido definitivo para esta vida y para la que está por venir.

Cristianos iraníes participan en el servicio de oración de Año Nuevo en una iglesia en Teherán el 1 de enero de 2025.
Cristianos iraníes participan en el servicio de oración de Año Nuevo en una iglesia en Teherán el 1 de enero de 2025. Foto: OSV News / Majid Asgaripour, WANA vía Reuters.

—¿Puede una nación mantener viva su identidad espiritual en medio de tensiones políticas y modernidad acelerada?
—Irán es un país eminentemente espiritual pese al lastre político. En Occidente, en cambio, deberíamos saber separar lo accidental y transitorio, como son la política y la tecnología, de aquello que es esencial, como son la familia, los amigos, la cultura, la autorrealización y la contemplación, ya sea en base al cristianismo o a otra religión.

—¿Tuvo ocasión de conocer comunidades cristianas en Irán o reflexionar sobre su presencia histórica allí?
—El cristianismo está muy presente en Irán y ha formado parte de su historia desde el primer capítulo del Evangelio. Los Reyes Magos de Oriente eran naturales de Persia, pertenecientes a la milenaria casta sacerdotal de los magi, que eran astrólogos, intérpretes de sueños, legitimadores de la realeza, maestros de reyes y custodios de lo sagrado. Por Persia pasó la mitad de los Apóstoles: Mateo, Tomás, Andrés, Bartolomé, Judas Tadeo y Simón el Zelote. La Iglesia Apostólica Armenia considera sus fundadores a san Bartolomé y a san Judas Tadeo, y muchas de sus iglesias fundacionales se encuentran en el noroeste de Irán. El comercio de la seda siempre estuvo en manos cristianas. En Isfahán, capital del imperio persa en el siglo XVII, floreció la colonia cristiana de Nueva Jolfa, que hoy es el barrio bohemio de los artistas. Los cristianos, además, son los únicos que pueden producir y consumir vino en Irán. No es de extrañar que la comunidad cristiana sume adeptos día tras día. En el parlamento iraní los cristianos disponen de tres escaños fijos (dos para los armenios y uno para los asirios), mientras que las otras dos minorías religiosas oficiales (zoroastras y judíos) sólo tienen uno cada una.

—En un contexto internacional marcado por la desconfianza, ¿es posible un diálogo real entre cristianismo e islam chií?
—El diálogo real entre el cristianismo y el islam chiita es el más natural posible, ya que ambas religiones tienen numerosos vínculos entre sí. Ambas participan del imaginario del Antiguo Testamento, ambas surgieron como herejías de cultos mayoritarios (islam y judaísmo) y más tarde se desarrollaron como movimientos políticos (chiismo y cristianismo), ambas veneran a héroes trágicos martirizados (el imán Husain y Jesucristo) por los representantes principales de la jerarquía eclesiástica de la que se escindirían, ambas se sustentan en la creencia de que una figura mesiánica (Cristo y el Mahdi, el duodécimo imán) regresará para impartir justicia y ambas comparten una misma concepción trascendente que configura el esquema de pensamiento de toda su sociedad: el sacrificio individual conduce a la salvación.

El duelo por la muerte del imán Husain es el equivalente a nuestra Semana Santa. Husain era nieto de Mahoma. Tras haber renunciado al califato en favor de sus adversarios (la dinastía Omeya), estos lo asesinaron a sangre fría junto a casi toda su familia en la llanura de Kerbala. Este trauma, origen de la fractura entre chiitas y sunitas, sangra todavía en nuestros días. Cada año, la muerte de Husain se conmemora durante 40 jornadas. Por todo Irán se despliegan insignias, imágenes, banderas, crespones, estandartes y pancartas de la efeméride. Los fieles se reúnen en las principales plazas de las ciudades, acuden a los servicios oficiados por clérigos, escenifican en público las estaciones de la pasión de Husain y sacan en procesión, a hombros de decenas de feligreses, entre candiles, antorchas, penachos de colores y música de cornetas y tambores, una gran estructura de madera cubierta de tela negra que simboliza el ataúd de Husain. En definitiva, el chiismo es el cristianismo del islam, por lo que el diálogo fluido entre ambos credos no solo es viable, sino enriquecedor.