Iván Carmona: «Vamos a lugares donde no ha habido un evento nunca»
Este navarro toca el violonchelo y es CEO de Suakai, un grupo de artistas que recorre toda España dando conciertos para quienes viven en «un eterno invierno». Está ultimando su gira de este verano, que recorrerá —entre otros— paisajes cántabros en los que se está repoblando el oso pardo y concluirá en su tierra natal.
—¿Qué es Suakai y qué hace en el rural?
—Somos un colectivo neomusical con varias patas. Hay una artística que hace producciones en teatros. Por ejemplo, en noviembre estuvimos en la Gran Vía de Madrid. Nos basamos en música clásica y tradicional, pero nos servimos de la tecnología. Por eso decimos que honramos el pasado mirando al futuro.
Pero hay una segunda pata que consiste en hacer proyectos con huella. Llevamos seis años llevando grandes producciones a lugares recónditos de España con muy pocos habitantes. A esa iniciativa la llamamos Música en Cada Rincón y es una herramienta muy poderosa para transformar la sociedad. Ahora estamos organizando una séptima edición.
—¿Qué buscan conseguir con ello?
—Vemos que hay una apatía generalizada y una frialdad emocional con la que convivimos todos los días. La música es un arma esencial para combatirla y generar lugares de encuentro y unión. Por ejemplo,acabamos de tener una reunión para localizar un rincón en Cantabria a 1.500 metros de altura donde se está repoblando el oso pardo y que está buscando un equilibrio entre la convivencia y la preservación del oso.
—¿Dónde han tocado de momento?
—Aparte de hacer este programa, con Suakai ya hemos pasado por todas las comunidades autónomas. Este año hacemos el décimo aniversario y nos estamos planteando un diseño por diez rincones. Podemos adelantar que sucederá en las dos últimas semanas de julio y en la primera de agosto y finalizará en Navarra.
Hemos tocado en lugares especiales; por ejemplo, en un pantano con el público y los músicos en barcos. O en Huelva en un pueblo separado de Portugal solo por un río, así que fue un concierto para dos países. Queremos visibilizar sitios aparentemente desconectados pero que, si los miras con perspectiva, tienen unión. Queremos hacer sentir a la gente de Huelva que la de Cantabria la entiende.
—¿Hemos perdido nuestras raíces?
—Somos optimistas e intentamos mirar al futuro y no quedarnos anclados en los errores, pero necesitamos mirar al pasado porque en el mundo rural hay una naturalidad que en la ciudad se está perdiendo. La conexión entre las personas es algo común a todos los territorios a los que vamos. Pero también hay necesidades y pueblos que siguen dañados tras los incendios de Zamora o la DANA.
—Tras recorrer los pueblos, ¿tiene anécdotas potentes tras los conciertos?
—Hay infinitas. A veces vamos a lugares donde no ha habido un evento nunca y la gente vive en un eterno invierno. Hay ocho vecinos pero no se hablan y, cuando haces el concierto, van 500 personas. Nos sucedió en El Tablado, en La Palma. Allí un hombre de 90 años, cuando nos vio llegar, se reía porque decía que por mucho que hiciéramos no vendría nadie. Después del concierto estaba emocionado porque su pueblo estaba lleno de gente y eso no lo había visto nunca.
O en Estepa de San Juan, en Soria, una señora vino corriendo al final del espectáculo. La habíamos visto en tercera fila llorando durante todo el concierto y se veía que le estaba pasando algo. Nos explicó que estuvimos tocando delante de la casa donde se crío su abuela y que ahora estaba en ruinas. Otras veces hay gente que no se hablaba con otra persona y al final del concierto la ves tomando un vino con ella.