Dicen que Chloé Zhao tiene algo de Malick. Y aunque la directora de la oscarizada Nomadland no tienda a despegarse tanto de la historia como el cineasta estadounidense (El árbol de la vida, Una vida oculta), lo cierto es que apuesta por evasiones trascendentales y regresa siempre que puede al entorno natural; el bosque, en este caso. Sin duda, esta es su película más bucólica. Si, además, Zhao escribe el guion con la autora del superventas Hamnet, Maggie O’Farrell, y cuenta con la producción de Steven Spielberg y Sam Mendes, se puede intuir la magnanimidad. De ahí sus ocho merecidas nominaciones a los Óscar.
El arte nace muchas veces de una herida. De una ausencia, de una pregunta sin respuesta, de un acontecimiento que quiebra el orden de lo cotidiano. La cinta narra un hecho íntimo y familiar que transforma para siempre a quienes lo viven, con solemnidad y naturalidad a la vez, con una carga dramática inadvertida; y confía en algo profundamente humano y, si se quiere, espiritual: la capacidad del arte para dar sentido a aquello que no lo tiene.
La historia se sitúa en Stratford (Warwickshire, Inglaterra), a finales del siglo XVI. Agnes —una mujer libre, intuitiva, enigmática— vive con sus tres hijos mientras su marido, William, viaja a Londres para abrirse camino como dramaturgo. El relato se articula en dos movimientos: el primero reconstruye el pasado, el encuentro amoroso de William y Agnes Shakespeare, la vida doméstica y sus ritmos; el segundo se adentra en una experiencia límite que irrumpe en el seno familiar. La muerte del pequeño Hamnet obliga a cada personaje a habitar la realidad de un modo distinto. No hay respuestas claras ni consuelos inmediatos. Solo tiempo y presencia.
Hamnet y Hamlet son variantes de un mismo nombre, recuerdan O’Farrell y Zhao al inicio de sus obras. Será el espectador quien complete el sentido y descubra cómo una vivencia íntima puede transformarse en creación, una de las claves más profundas del filme.
Zhao dirige con una mirada decidida y profundamente terrenal. No teme el exceso cuando la emoción lo exige. La cámara se acerca a los rostros, a la piel, a la respiración. Los colores son intensos, casi táctiles. Jessie Buckley, Paul Mescal y el joven Jacobi Jupe sostienen la historia desde la contención y el desgarro, sin subrayados ni afectación.
Rodada en localizaciones naturales de Warwickshire, muy cerca del lugar donde nació Shakespeare, la película se impregna de una autenticidad palpable. La luz británica gris, cambiante, casi líquida, se convierte en una aliada emocional. La fotografía de Lukasz Zal refuerza esa sensación de verdad esencial, sin artificios; de aquí la comparación con Malick. En su tramo final apuesta, con una belleza desarmante, por el poder curativo del arte: todo cobra sentido. El dolor sigue ahí, pero Shakespeare lo inmortaliza en una obra cumbre de la literatura y lo eleva a los altares del tiempo, la belleza y la memoria.
Chloé Zhao
Estados Unidos
2025
Drama
+12 años