Hadjadj: «El Papa cuestiona que lo que pasa sean solo problemas»

Hadjadj: «El Papa cuestiona esa idea de que todo lo que pasa en el mundo son problemas»

El filósofo francés participa en un coloquio sobre inteligencia artificial organizado por la UFV. «La encíclica del Papa es sobre todo un texto sobre la inteligencia humana», dice

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Fabrice Hadjadj en un momento de su intervención.
Fabrice Hadjadj en un momento de su intervención. Foto: UFV.

«Estamos en tiempos de una absorción de lo genealógico por lo lógico, que se transforma en el advenimiento de lo tecnológico, algo que controlamos, que podemos programar. Esta pérdida de la filiación en la razón es precisamente también el advenimiento de la inteligencia artificial. Es decir, razonar como calcular, y no como entrar en la aventura histórica de una cierta filiación, una aventura con un padre». Así lo afirmó el jueves Fabrice Hadjadj, filósofo y escritor francés, director del Instituto Incarnatus est, en un coloquio organizado por la Universidad Francisco de Vitoria en torno a la encíclica Magnifica humanitas, del Papa León XIV. «La genealogía supone acoger la iniciativa del otro» y esto supone entrar en «la aventura del padre», añadió.

A continuación habló del «riesgo de elevarse por las propias fuerzas sin acoger la gracia», en un paralelismo con el desarrollo de la inteligencia artificial. De este modo, «la tecnología aparece como un modo de corregir el rumbo demasiado vivo de la genealogía, demasiado aventurero, una manera de convertir la providencia en una fabricación, en un programa».

Por otro lado, entró en la afirmación de la supuesta neutralidad de la tecnología, para sostener que «concretamente no es neutral, porque no depende solo del que la utiliza, sino del que la concibe, del que la fabrica y, especialmente, del que la financia. Estamos frente a un complejo tecnoeconómico, no solo técnico, por lo que hay que entender la vinculación entre datos y dinero».

Desde dentro

«La encíclica del Papa es sobre todo un texto sobre la inteligencia humana, no solo sobre la artificial. Y tiene un punto destacable sobre el desarrollo del dogma y la doctrina de la Iglesia. La IA viene de fuera, pero nos interpela a la Iglesia desde dentro», defendió Hadjadj. Por eso, «lo que me interpela precisamente de la encíclica del Papa es que cuestiona esa idea de que todo lo que pasa en el mundo son problemas, de que el mundo sería mejor sin la IA y la modernidad. Sin embargo, el Papa dice que el Señor de la Iglesia es también el Señor de la historia, y que lo que acontece fuera de la Iglesia la interpela desde dentro».

Un momento del coloquio. Foto: UFV.
Un momento del coloquio. Foto: UFV.

Así entendida, el fenómeno de la IA indica que «es Dios el que nos habla a partir de ese acontecimiento de la historia. Pero eso requiere nuestra propia inteligencia para reinventar el Evangelio para el mundo de hoy». De este modo, el advenimiento de la inteligencia artificial «es una suerte para el organismo de la Iglesia, porque así la Iglesia puede demostrar su vitalidad, su presencia en el mundo, su capacidad de responder desde dentro y desde lo eterno. Es la prueba de la vitalidad y la verdad del Evangelio. Y esto es obra de nuestra inteligencia y de nuestra responsabilidad frente a lo que sucede en la historia».

En contrapartida con otras visiones más pesimistas, la propuesta del filósofo francés no es la de una Iglesia «cerrada en una postura a la defensiva», sino la de una comunidad que entiende que «es una ocasión para entender mejor el misterio de Dios y brindar al mundo la frescura de lo eterno», porque cada época «necesita la buena nueva de la Resurrección» en su lenguaje.

El Evangelio no es un programa

Curiosamente, los postulados de esta nueva tecnología «vienen del cristianismo», particularmente de círculos cristianos protestantes y tradicionalistas, según Hadjadj. «De ellos procede la idea de que la Revelación consiste en aplicar principios y citar el versículo de la Biblia o el punto del Catecismo para resolver tu vida, como si tú no tuvieras ninguna responsabilidad».

Frente a ello, propuso el concepto de «inteligencia eclesial», la de una Iglesia «abierta al encuentro, al acontecimiento. Porque el Evangelio no es un programa, es una apertura a la historia. Tenemos que leer los acontecimientos en este sentido. Siempre hay nuevos textos, cosas nuevas, y leerlos bien es nuestra responsabilidad», concluyó.