Graziano Borgonovo: «Millones han pasado por Roma» - Alfa y Omega

Graziano Borgonovo: «Millones han pasado por Roma»

El Jubileo avanza entre dos Papas, como un puente entre tiempos: Francisco lo abrió, León XIV lo clausurará. El Vaticano, como señala el subsecretario del Dicasterio para la Evangelización, es el «pequeño y simbólico Estado que se ofrece como una posibilidad de paz».

Carmen Álvarez Cuadrado
El subsecretario, en una estancia del Dicasterio para la Evangelización.
El subsecretario, en una estancia del Dicasterio para la Evangelización. Foto: Carmen Álvarez.

—A más de seis meses del inicio del Jubileo, y con el gran evento de los jóvenes recién terminado, ¿se están cumpliendo las expectativas?
—Cuando se habla de expectativas, uno tiende a hablar de números y son importantes. Millones de personas han pasado por Roma como peregrinos. Pero me gusta centrarme más en el aspecto cualitativo: en los miembros del dicasterio, organización, voluntarios. He conocido a jóvenes de 18 años que acaban de terminar la Secundaria; otros son universitarios; hay ancianos y jubilados. Todos trabajan con gran dedicación y eso cumple con todo.

—Este es un Jubileo «particular», con dos Papas. Francisco lo inauguró y León XIV lo concluirá.
—Solo hay un precedente en la historia de los jubileos de la Iglesia católica. En el año 1700, empezó con Inocencio XII y concluyó con Clemente XI. Este es el segundo caso. Sobre Francisco y León XIV, solo puedo decir que me impactó cómo coincidieron los eventos. Por ejemplo, cuando a Francisco le dieron el alta, poco después fue el Jubileo de los Enfermos y cruzó la Puerta Santa. O el primer regina caeli de León XIV; un momento festivo cuando se celebraba el Jubileo de las Bandas de Música.

—Dos términos muy utilizados por estos Pontífices son «esperanza» y «unidad». ¿Cómo se entrelazan estos dos conceptos en este año santo?
—La esperanza es la unidad. La deseamos respetando las diversidades porque cada ser humano y cada relación es específica y rica. Y el deseo de unidad no tiene por objeto suprimir la diversidad, sino armonizarla. El Jubileo quiere favorecer a todos. La esperanza y la unidad se realizan en la acogida de la iniciativa de Dios, que nos ha enviado a su Hijo.

—A muchos les sorprende que en un evento espiritual se pida, por ejemplo, la condonación de la deuda externa de los países en desarrollo.
—Para un cristiano, todo está determinado por lo que Dios ofrece a través de su Hijo. León XIV, como buen agustino, siempre parte del corazón, que guía las relaciones personales e internacionales. En sus intervenciones, están estos tres niveles perfectamente conectados entre sí: la dimensión interior, porque es de ahí de donde surge el acto humano. Pero esto determina las relaciones que mantengo personalmente con mis semejantes y las relaciones que los Estados están llamados a mantener entre sí.

—A Roma también han llegado jóvenes procedentes de países en conflicto. ¿Es el Vaticano un lugar simbólico de paz?
—Bastaría con ver la situación con la que se han encontrado los Pontífices a lo largo de la historia. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial y en las décadas siguientes. Pero pensemos en tiempos recientes con Francisco, en una imagen que no está muy lejos: en los Jardines Vaticanos, cuando los presidentes de Israel y Palestina plantaron un olivo simbólico bajo la mirada del Papa. Eso fue hace diez años; no tres siglos. Esa línea la siguen León XIV y los cardenales Parolin y Pizzaballa [secretario de Estado y patriarca latino de Jerusalén, N. d. R.]. Quiero decir, que está claro que este pequeño y simbólico Estado se ofrece como una posibilidad de paz.

—También tenemos una puerta santa en una prisión. ¿Es posible que León XIV la visite antes del fin del Jubileo?
—No lo sé. Hasta ahora, ha confirmado todo el calendario que había sido aprobado por su predecesor. Está previsto el evento jubilar para los reclusos el 14 de diciembre, por lo que puedo suponer —sin saberlo de manera explícita— que, al haber confirmado todo lo de antes, lo hará también con este.