Graciela Iturbide. En sus figuras todos nos reflejamos
El profundo conocimiento de los indígenas permiten a la premio Princesa de Asturias plasmar sus costumbres no desde el pintoresquismo, sino desde la convivencia
Hasta el próximo mes de septiembre podemos disfrutar en Casa de México de la prolífica y deslumbrante fotografía de Graciela Iturbide (Ciudad de México, 1942). Premio Princesa de Asturias de las Artes 2025, la actual muestra, titulada Cuando habla la luz, comisariada por Juan Rafael Coronel, da buena cuenta del compromiso de Iturbide con la fotografía, con la necesidad de testimoniar su aquí y su ahora, de su capacidad para transformar lo cotidiano en sublime, de convertir lo prosaico en arte, lo olvidado en paradigma.
Esta exposición no hace sino evidenciar, aún más si cabe, el imaginario de una creadora cuya mirada —desgarradora y clásica a la par— nos orilla hacia esa personal reivindicación ética y estética de los desheredados. Su profundo conocimiento y vivencias de los indígenas mexicanos le permiten plasmar las costumbres y la cotidianidad de los zapotecas, de los pueblos seri y juchitán, no desde el pintoresquismo, ni siquiera desde el asombro; simplemente desde la convivencia con tan acendradas tradiciones, con tan sacrificadas gentes.

De alguna manera, en las efigies recreadas por Iturbide, en sus figuras, en sus máscaras y sus ritos, todos nos reflejamos. En la humanidad de sus anónimos protagonistas vislumbramos nuestra aquiescencia, nuestra más íntima existencia, oculta por tantos prejuicios, oculta por tantas carencias.
A lo largo de 20 capítulos, la presente exhibición, integrada en el programa de PHotoEspaña, nos introduce en el imaginario creativo de una fotógrafa que, desde sus inicios, aupados por la cinematografía, apostó por la diversidad poética e iconográfica: retratos, bodegones, paisajes, fotografía documental y etnográfica… En todo lo cual siempre identificamos el genio inigualable de la autora. En su objetivo, atento y sorprendido ante un México por revelar, entrevemos la belleza sensual de aquellos jóvenes prestos a luchar en unos ritos a los que tampoco escapan las escenas protagonizadas por esos seres dignos y sempiternos que hoy, como ayer, reservan y preservan la tradición de la muerte, de sus festejos y de la sabia asimilación que de tan fatídico hecho hace el folclore mexicano.

Miradas furtivas, ceremonias atávicas, denuncia social, compromiso personal y, ante todo, la fascinación frente al mundo que Iturbide, aun hoy, sigue investigando, continúan despertando nuestra admiración. La modernidad de su reclamo, la interpretación original, natural, directa de aquello que la rodea, nos invitan a participar de una trascendencia tan cercana como, hasta ahora, tan lejana.
Sin lugar a dudas, si algo podemos inferir de esta muestra antológica es hasta qué punto el ser humano ha ocupado y preocupado el quehacer de Iturbide. En la beldad de lo popular, en el drama de lo cotidiano, en la deslumbrante idiosincrasia de México, hallamos una poética no ajena a una trayectoria tan internacional como la de esta autora, quien en sus múltiples proyectos y estancias europeas nunca ha olvidado, nunca ha renunciado, a la grandeza de los más grandes de México, de quienes dibujan la idiosincrasia de la tradición, el silencio de un clamor que Iturbide reclama.

Surrealismo, expresionismo, verismo, realismo mágico…. Los ojos de Iturbide, que son los ojos de su cámara, han ido de la mano de los principales movimientos de vanguardia del siglo pasado; siempre, por supuesto, desde el original compromiso de quien nunca se ha alistado en ningún –ismo; simplemente de quien se compromete con la transgresión de un mundo que anhela artistas transgresoras, de un mundo en el que Gabriela Iturbide sigue siendo referencia en su compromiso ideológico y estético.
Sus imágenes son nuestra historia, su actividad nuestro futuro. Su mirada es, y seguirá siendo, la imagen ética y estética de nuestros pueblos, de nuestra gente, de los olvidados, de nuestra cultura etnográfica. La trayectoria de Iturbide es, en definitiva, la imagen de nuestro hoy, el compromiso de nuestro mañana.
