Gracias, Santidad, por su predilección por España

Bienvenido, Santo Padre, en esta su tercera Visita a España, con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud 2011. Sin duda, esta nueva Visita es una muestra de especial predilección por nuestro país…

Colaborador
Benedicto XVI saluda desde la escalerilla del avión, a su llegada a Valencia, para presidir el V Encuentro Mundial de las Familias, en julio de 2006

Mariano Rajoy Brey, Presidente nacional del Partido Popular

Bienvenido, Santo Padre, en esta su tercera Visita a España, con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud 2011. Sin duda, esta nueva Visita es una muestra de especial predilección por nuestro país, por lo que, lo primero que debemos manifestarle, junto a la bienvenida, es nuestra gratitud por ello.

España, al igual que el conjunto de Europa, tiene unas profundas raíces cristianas que han conformado, de forma decisiva, a lo largo de un dilatado período de siglos, nuestra identidad histórica como nación.

Vivimos unos momentos de la Historia en los que las relaciones entre la comunidad política y la religiosa deben basarse en el principio de una sana laicidad, entendida como separación entre ambas realidades, pero con un particular reconocimiento del hecho religioso y la necesidad de una adecuada cooperación entre la Iglesia y el Estado, en aras del bien común del hombre y de la sociedad.

La Jornada Mundial de la Juventud va a ser un gran estímulo para los miles y miles de jóvenes españoles -y de todo el mundo- que acudirán a Madrid este agosto, quizá desencantados por la actual situación económica y profesional, y que van a tener la oportunidad de vivir una experiencia -nueva para muchos de ellos- y que puede permitirles descubrir un nuevo sentido para sus vidas.


Firmes en la fe

Jorge Fernández Díaz, Vicepresidente Tercero del Congreso de los Diputados (PP)

Firmes en la fe: estas palabras del apóstol san Pablo forman parte del lema de la Jornada Mundial de la Juventud 2011, y también forman parte de la historia, de las raíces de España –evangelizada y evangelizadora, como nos recordó el Beato Juan Pablo II-, frente a una fuerte corriente de pensamiento laicista, que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y de la sociedad, planteando un paraíso sin Él, pues «la cultura actual, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social, olvidando que el conjunto de los valores que son el fundamento de la sociedad proviene del Evangelio, como es el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia» (Mensaje del Papa Benedicto XVI para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011).

La Jornada Mundial de la Juventud va a convocar en Madrid a jóvenes -y no tan jóvenes-, procedentes de 193 países, y les va a facilitar la ocasión -ciertamente extraordinaria- para la reflexión, para el recogimiento personal y para tomar decisiones. En definitiva, va a constituir un evento que cambiará las vidas de muchos de aquellos que participen en él y de la ciudad y el país que lo alberga.


Catolicidad y nuevas generaciones

Salvador Sánchez-Terán, ex Ministro de Trabajo (UCD)

Desde que el cardenal Rouco lanzó su llamamiento a la preparación de la JMJ 2011, potenciado y universalizado por el Mensaje de Benedicto XVI, en el día de la Transfiguración del Señor, se ha producido un movimiento creciente y poderoso que percibimos en las familias, en los colegios, en las parroquias, en los movimientos apostólicos, en las diócesis y en instituciones muy diversas. Todos se preparan para asistir y recibir a los jóvenes de todo el mundo. Se percibe en todo ello un profundo sentido de solidaridad y de catolicidad.

Hay un mensaje nítido en la Jornada Mundial: Transmitir la fe a las nuevas generaciones. Ellas van a vivir unos días de plenitud amical y de emoción espiritual. Pero el mundo juvenil es muy distinto al nuestro de los adultos mayores. Tengo verdadero interés en comprobar cómo las nuevas generaciones reaccionan ante el mensaje que Benedicto XVI nos transmitió en su última visita a Santiago y Barcelona para buscar «el punto central de encuentro entre laicidad y fe».

Todas las grandes concentraciones de jóvenes -las peregrinaciones de los años cuarenta, las Ultreyas de los cursillistas de cristiandad en las décadas siguientes; las Asambleas Nacionales de los movimientos juveniles de Acción Católica…- producen un gran impacto en la juventud que las vive. La próxima JMJ 2011 va a ser, en este sentido, excepcional. Pero, tras el gran esfuerzo de la Jornada, lo importante, después, es encontrar los cauces para consolidar la experiencia vivida y explicitarla en norma permanente de vida.


Un país de referencia para Europa

Mercedes Aroz, ex Senadora y ex Diputada socialista

Hay que agradecer a Su Santidad Benedicto XVI la celebración en España del gran evento universal de la Iglesia que es la JMJ 2011. Este hecho, junto con las dos Visitas anteriores, significa una presencia continuada de la máxima relevancia del Papa en nuestro país en sus seis años de pontificado.

La Jornada Mundial de la Juventud, un legado extraordinario del Papa Juan Pablo II, tiene un significado profundo y una gran trascendencia. A través de la Iglesia, se produce un encuentro de los jóvenes con Cristo que resulta decisivo para sus vidas y, al mismo tiempo, es para todos una manifestación de fe y de confianza en la Iglesia, que al ser expresada multitudinariamente por jóvenes de los cinco continentes no deja indiferente a nadie, y constituye especialmente una llamada a los creyentes españoles a renovar la fe personal vivida y vinculada a la fe de la Iglesia, y a renovar el compromiso cristiano.

Las tres Visitas del Papa a España ponen de manifiesto su aprecio y su confianza en que seamos un país de referencia para Europa en la revitalización del cristianismo y sus valores. Por ello, hay que recordar los retos que nos ha planteado, y mostrarle nuestro compromiso para seguir la senda marcada: dar nueva pujanza a nuestras raíces cristianas y, al mismo tiempo, establecer un diálogo serio y respetuoso con la cultura laica; edificar el futuro sobre los valores auténticos del ser humano; llevar la luz de la fe y la esperanza a la vida social y política. Para que la misión que el Papa nos encomienda dé fruto, es necesaria una revitalización de la vida de la Iglesia, a la que contribuye la Jornada y en la que la fe entusiasta de los jóvenes supone un impulso fundamental; además de una auténtica unidad de la comunidad eclesial y un compromiso renovado de los católicos para participar en todos los ámbitos de la vida social, contribuyendo al bien común.

Gracias, Santidad, por su aprecio, por su confianza y por su magisterio que nos ayuda a afrontar los grandes retos para le fe cristiana y la Humanidad en el siglo XXI.