Premio Mundo Negro: «Volví porque la gente moría sin diálisis»

Ganador del Premio Mundo Negro 2026: «Volví porque la gente con insuficiencia renal moría sin diálisis»

El médico centroafricano Cédric Ouanekpone rechazó una plaza en Francia para dirigir un centro de diálisis cerrado por falta de personal. Este sábado recibe el Premio Mundo Negro a la Fraternidad 2025

María Martínez López
El nefrólogo, de 39 años, con un paciente. Foto: Enrique Bayo.
El nefrólogo, de 39 años, con un paciente. Foto: Enrique Bayo.

Durante la guerra civil de República Centroafricana, siendo estudiante de Medicina, se dedicó a asistir a víctimas en las zonas afectadas. ¿Cómo le marcó esta labor profesionalmente? 
—Dio un nuevo significado a mi vida. Habiendo sido yo mismo víctima del conflicto y un desplazado interno, sé lo valiosa que esa asistencia puede ser. Creo que los jóvenes de hoy necesitan tener experiencias como esta, especialmente porque a nuestro mundo le hace aún más falta que antes volver a humanizarse. 

¿Por qué optó por la nefrología? 
—Principalmente por la falta de especialistas y la ausencia total de diálisis en mi país. Solo había un nefrólogo, pero ya no ejercía. De hecho, en la Facultad de Medicina perdimos a un profesor joven por esa falta de diálisis. Él era el único hematólogo del país. Me afectó mucho porque era una pérdida inmensa que no se podía justificar. 

Se especializó en Senegal y Francia, donde además tuvo varias oportunidades de quedarse. ¿No le tentó? 
—Fue una experiencia maravillosa. Aprendí mucho como médico, pero también sobre cómo se organizan los servicios sanitarios. Varios jefes de departamento de distintos hospitales me ofrecieron la oportunidad de prolongar mis prácticas y seguir practicando tras graduarme. Pero estaba muy comprometido con desarrollar esta especialidad en mi país, donde las necesidades son enormes. La principal razón para no aceptar y volver allí es que sería más útil. La gente con insuficiencia renal que requiriera diálisis moría. 

A la derecha, delante del Centro Nacional de Hemodiálisis, en Bangui. Foto: Enrique Bayo.
A la derecha, delante del Centro Nacional de Hemodiálisis, en Bangui. Foto: Enrique Bayo.

Cuando regresó en 2022 se convirtió en director médico del centro nacional de diálisis, construido por el Banco Africano de Desarrollo pero cerrado por falta de un especialista.  
—Ahora va bien. Celebrará su cuarto aniversario en mayo. Tenemos unos 20 empleados y un número creciente de pacientes, 35 crónicos para 40 plazas. Hace unas semanas comenzaron unas obras de ampliación. Nuestra principal dificultad es lo que tardan en llegar los suministros cuando los encargamos a Europa, pues República Centroafricana no tiene costa. Tenemos que hacer los pedidos con mucha antelación y en grandes cantidades, y no siempre es posible con los procedimientos administrativos.

—Si ya va bien, ¿por qué embarcarse en el proyecto Mama Ti Fatima para crear un hospital católico en Bangui, vinculado a su parroquia, que durante la guerra acogió a 5.000 personas
—Está diseñado para ofrecer atención sanitaria de calidad en una parte de la capital que fue el epicentro de la guerra entre 2012 y 2018. Fatima es un barrio cercano al mayor barrio musulmán. Ambos sufrieron muchas atrocidades. Construir un centro sanitario allí es un signo de vida y de convivencia. La maternidad y el laboratorio llevan dos años funcionando. Las alas médica y de emergencias quirúrgicas están en la última fase de construcción. Esperamos que funcionen en tres meses, si conseguimos equiparlas. Gracias al Premio Mundo Negro podremos abrir una unidad de cirugía dental. También intentamos encontrar becas para sanitarios que siguen estudiando o quieren especializarse. 

No contento con esto, coordina clínicas móviles en la diócesis de Mbaiki. ¿Qué papel juegan estos vehículos? 
—Son esenciales para las zonas remotas y de difícil acceso. Ofrecen atención a las personas vulnerables y desposeídas que se siente abandonadas y con frecuencia se ven obligadas a confiar en tratamientos tradicionales. También es una oportunidad de concienciar y animar a estas comunidades a recuperar la confianza en el sistema sanitario. Tenemos docenas de especialidades. No cubrimos áreas de conflicto; buscamos consolidar los frutos de una paz que, aunque precaria, ha costado mucho ganar. 

Las clínicas móviles son esenciales para llegar a zonas remotas y poco accesibles. Foto: Enrique Bayo.
Las clínicas móviles son esenciales para llegar a zonas remotas y poco accesibles. Foto: Enrique Bayo.

¿Cuántos compañeros suyos dejaron el país? ¿Y por qué, si probablemente estudiaron para ayudar a su gente?
—¡Muchos! No podría dar cifras. A un sobrino, después de sacar el bachillerato de forma brillante, le pregunté si iba a estudiar Medicina. Sonrió y me dijo: «No quiero malgastar mi juventud en la universidad para que me paguen mal y no tener tiempo para mí y los míos, como tú». Desgraciadamente, los jóvenes cada vez ven más la medicina de forma diferente. A este ritmo, puede que pronto haya una gran crisis de vocaciones en este sector. 

Reto: fuga de talentos

Ouanekpone recibirá el Premio Mundo Negro el 31 de enero, en el marco del XXXVIII Encuentro África, que gira en torno al tema Migrar o quedarse. Fuga de talentos en África. Luego protagonizará un coloquio con Jesús Ruiz, obispo de Mbaiki. En 2019, también ganó el Premio Mundial de Humanismo para la Juventud por su labor durante la guerra.