Francisco: «La Iglesia debe ser como Dios: siempre en salida»

«Dios no excluye a nadie de su plan de amor», dijo Francisco durante el Ángelus de este domingo. «Él sale continuamente a buscarnos», por lo que la Iglesia debe «abrirse a horizontes de vida que ofrezcan esperanza a cuantos viven en las periferias existenciales»

Redacción
El Papa durante el rezo del Ángelus. Foto: Vatican News

Este domingo, el Papa Francisco ha rezado la oración mariana del Ángelus asomado a la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano. Comentando el Evangelio del día, que narra la parábola de los trabajadores llamados por el dueño de una viña para trabajar a cambio del jornal, el Santo Padre explicó que a través de esta historia «Jesús nos muestra el sorprendente modo de actuar de Dios», representado en dos actitudes del dueño: la llamada y la recompensa.

En primer lugar, la llamada –dijo Francisco–, porque el propietario de la viña sale en cinco ocasiones a la plaza y llama a trabajar para él: «Es conmovedora la imagen de este dueño que sale varias veces a buscar trabajadores para su viña… A las seis, a las nueve, a las doce, a las tres y a las cinco de la tarde. Ese dueño representa a Dios, que llama a todos y llama siempre», aseveró el Papa haciendo hincapié en que nuestro Padre celestial actúa así también hoy: «Dios nos sigue llamando a cada uno, a cualquier hora, para invitarnos a trabajar en su reino. Este es el estilo de Dios, que hemos de aceptar e imitar. Él no está encerrado en su mundo, sino que sale continuamente a la búsqueda de las personas, porque quiere que nadie quede excluido de su plan de amor».

En este contexto, según informa Vatican News, el Pontífice indicó que igualmente nuestras comunidades están llamadas a salir a los varios tipos de fronteras que pueden existir, para ofrecer a todos la Palabra de salvación que Jesús vino a traer: «Se trata de abrirse a horizontes de vida que ofrezcan esperanza a cuantos viven en las periferias existenciales y aún no han experimentado, o han perdido, la fuerza y la luz del encuentro con Cristo», señaló Francisco.

«La Iglesia debe ser como Dios: siempre en salida –añadió el Pontífice–; y cuando la Iglesia no es en salida, se enferma de tantos males que tenemos en la Iglesia». Para el Papa, la Iglesia «enferma si no vive en salida». De ahí que «es mejor una Iglesia accidentada por salir a proclamar el Evangelio, que una Iglesia que está enferma por estar cerrada. Dios sale siempre, porque es Padre, porque ama. La Iglesia debe hacer lo mismo: siempre en salida».

El dueño de la viña recompensa a todos

En segundo lugar, Francisco llamó la atención sobre la actitud del dueño de la viña, que representa la de Dios en su modo de recompensar a los trabajadores, pues «quiere dar el máximo de la recompensa a todos, incluso a quienes llegaron los últimos». Y aquí se comprende que Jesús «no está hablando del trabajo y del salario justo, sino del reino de Dios y de la bondad del Padre celestial».

Francisco insistió en que Dios, «donándonos la Gracia, nos da más de lo que merecemos. Para la lógica humana, la de los méritos adquiridos con la propia habilidad, se pasa de ser el primero a ser el último. En cambio, quien se confía con humildad a la misericordia del Padre pasa de último a primero».