Francisco aprueba las virtudes heroicas de un fundador español cuya congregación desapareció - Alfa y Omega

Francisco aprueba las virtudes heroicas de un fundador español cuya congregación desapareció

Miguel Maura, hermano del presidente del Gobierno Antonio Maura, fundó la Congregación de las Hermanas Celadoras del Culto Eucarístico, que en 2010 se fusionó con otra orden por falta de vocaciones

José Calderero de Aldecoa
El Papa autorizó el decreto en medio de su ingreso en el Gemelli, donde a diario se celebra una adoración al Santísimo pidiendo por su salud
El Papa autorizó el decreto en medio de su ingreso en el Gemelli, donde a diario se celebra una adoración al Santísimo pidiendo por su salud. Foto CNS / Vatican Media.

El Papa ha aprobado este martes —desde el hospital— el decreto que reconoce las virtudes heroicas del siervo de Dios Miguel Maura Montaner, sacerdote diocesano de Mallorca y fundador de la Congregación de las Hermanas Celadoras del Culto Eucarístico. Es uno de los nueve hermanos de Antonio Maura, quien fue presidente del Gobierno en cinco ocasiones.

Miguel nació en Palma de Mallorca el 6 de septiembre de 1843 e ingresó en su seminario a los 15 años. En 1858 fue ordenado sacerdote. Unos años después, concretamente en 1876, creó un centro eucarístico que, con el tiempo, fue el germen de las Hermanas Celadoras. La congregación fue erigida canónicamente el 8 de septiembre de 1902.

En 2010, sin embargo, la orden desapareció. Ante la falta de vocaciones, las pocas hermanas que quedaban se tuvieron que integrar en las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada. Hoy son ellas las que regentan la casa donde está enterrado Maura, que alberga una capilla de adoración perpetua.

«A pesar de no ser nuestro fundador, lógicamente le tenemos mucho cariño. Es para nosotras una gran alegría el decreto del Papa Francisco», ha asegurado la superiora general de las Misioneras del Santísimo, la hermana Miriam Macías, en conversación con Alfa y Omega. «Fue un gran misionero que hizo que se extendiera mucho el culto a la Eucaristía», añade la superiora.

Con este carismas, las hermanas celadoras se dedicaban profesionalmente a la elaboración de formas para la Misa y «también tejían todo tipo de ornamentos litúrgicos», recuerda Macías. Ahora ya han abandonado esta labor para desarrollar la actividad propia de las misioneras del Santísimo. Estas tienen como fin específico la adoración perpetua al Santísimo Sacramento, la enseñanza y las misiones.

«Sentimos una gran comunión entre nosotras», subraya Macías. El proceso de fusión fue «muy sencillo», porque «muchos de los pensamientos de Miguel Maura expresan ideas parecidas a las de nuestra fundadora, María Emilia Riquelme y Zayas».

El médico de los pobres

Además del decreto de Maura, el Papa también ha aprobado el del beato venezolano José Gregorio Hernández, que será proclamado santo próximamente. La fecha exacta de la canonización se decidirá en un consistorio que Francisco ha convocado a tal efecto.

Nacido el 26 de octubre de 1864 en Isnotú, en el estado andino de Trujillo, José fue el primero de seis hermanos. Se graduó en Medicina en Caracas y profundizó sus estudios en París, Berlín, Madrid y Nueva York. Se convirtió en profesor universitario y científico: fue uno de los primeros en introducir el microscopio en el país y fundó la Cátedra de Bacteriología en la universidad de la capital venezolana.

Intentó dos veces ingresar en la vida religiosa, y terminó convirtiéndose en terciario franciscano. Para él la medicina era una misión, sobre todo hacia los más necesitados. A menudo compraba medicamentos para sus pacientes y en lugar de pedirles dinero por la consulta, se lo daba. De hecho, en su Venezuela natal es conocido como el «médico de los pobres». Trató a los pacientes con valentía durante la epidemia de gripe de 1918. El 29 de junio de 1919, mientras iba a la farmacia a comprar medicinas para una anciana, fue atropellado por un coche y murió a la edad de 54 años.

Resto de decretos

Tras recibir en el Gemelli al cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede, y a Edgar Peña Parra, sustituto para los asuntos generales de la Secretaría de Estado, Francisco ha autorizado a promulgar los siguientes decretos, además de los ya mencionados:

—la canonización del beato Bartolo Longo, laico fiel, nacido en Latiano (Italia) el 10 de febrero de 1841 y fallecido en Pompeya (Italia) el 5 de octubre de 1926.

—la ofrenda de la vida del siervo de Dios Emilio Giuseppe Kapaun, sacerdote diocesano, nacido el 20 de abril de 1916 en Pilsen (Kansas, EE.UU.) y fallecido el 23 de mayo de 1951 en el campo de prisioneros de Pyokton (Corea del Norte).

—la ofrenda de la vida del siervo de Dios Salvo D’Acquisto, fiel laico, nacido en Nápoles el 15 de octubre de 1920 y fallecido en Palidoro (Italia) el 23 de septiembre de 1943.

—las virtudes heroicas del siervo de Dios Didaco Bessi, sacerdote diocesano, fundador de la Congregación de las Hermanas Dominicas de Santa María del Rosario, nacido el 5 de febrero de 1856 en Iolo (Italia) y fallecido allí el 25 de mayo de 1919.

—las virtudes heroicas de la sierva de Dios Cunegonda Siwiec, fiel laica, nacida el 28 de mayo de 1876 en Stryszawa – Siwcówka (Polonia) y fallecida allí el 27 de junio de 1955.