Formados para ser ungidos  - Alfa y Omega

Las ordenaciones presbiterales es una fecha importante en la vida de cualquier Iglesia local. Todavía más si los nuevos sacerdotes son 17, como ocurrirá el próximo sábado en la archidiócesis de Madrid.

En la clave de CONVIVIUM

La tarde del 18 de abril serán ungidos por el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo. Ser ungidos nos remite al himno de CONVIVIUM, la asamblea presbiteral realizada los días 9 y 10 de febrero. Se espera que con motivo de la fiesta de san Juan de Ávila, que se celebra el 10 de mayo, se den a conocer las primeras conclusiones y pistas de acción y así avanzar en el perfil del cura que necesita Madrid.

Pero el propio CONVIVIUM, del que participaron aquellos que serán ordenados, ha dejado un recuerdo agradable en la Iglesia de Madrid. No solo en el clero, también en todo el Pueblo de Dios, que ve con esperanza los frutos que nacen de este momento de fraternidad y comunión.

Formados en clave sinodal

Aquellos que serán ungidos han sido formados en los últimos años, tanto en el Seminario Conciliar como en el Seminario Redemptoris Mater. Lo que busca la diócesis es hacer realidad lo debatido en el Grupo de Estudio nº 4 del Sínodo sobre La Revisión de la Ratio Institutionis Sacerdotalis en perspectiva misionera, donde se plantean «coordenadas y pistas operativas para una actualización de la formación al ministerio sacerdotal en sintonía con la conversión sinodal-misionera de la Iglesia».

Un modelo formativo asumido por la archidiócesis de Madrid que va dando frutos. Se han ido adaptando a la realidad de la Iglesia los principios, criterios y líneas formativas establecidas por la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis de 2016. Se trata de configurar presbíteros al servicio de una Iglesia misionera y sinodal, con insistencia en el discipulado, en la dimensión esencialmente comunitaria de la formación, que debe ser integral, con participación de diversas figuras en el discernimiento.

Son elementos presentes en la formación de quienes el 18 de abril serán ungidos. A ello se une su inserción en la vida ordinaria de las comunidades cristianas, su interrelación con los diversos miembros del Pueblo de Dios, que participan, también las mujeres y las familias, en el proceso formativo. Ungidos para estar dispuestos a escuchar, dialogar, vivir la corresponsabilidad y el discernimiento eclesial como elementos decisivos del mandato misionero que Jesús les encomienda como ministros ordenados.

Necesaria conversión relacional

Sacerdotes llamados, a partir de la conversión relacional, a ser levadura eficaz de fraternidad en los diversos ámbitos de la sociedad; a asumir la corresponsabilidad de todos los fieles en el testimonio y el anuncio del Evangelio; a discernir junto con todos los bautizados, valorando todos los carismas y ministerios; a vivir el servicio que nace de una fraternidad ya presente en el periodo formativo y que se perpetuará dentro del presbiterio y con el obispo, que lleva a conocer los rostros de cada hermano y hermana de la comunidad a la que pertenecen y que edifican con la Palabra y la Eucaristía.

Ser ungidos no supone una «separación sacra del ministro ordenado del Pueblo de Dios», como subraya el grupo nº 4 del Sínodo. Algo que se supera con una formación marcada por un estilo sinodal que ayuda a asumir un discernimiento eclesial. Ser ungidos es tener en cuenta el sensus fidei del Pueblo de Dios y escuchar las aspiraciones de los pobres. Es practicar la corresponsabilidad diferenciada en los procesos de toma de decisiones y garantizar la transparencia, la rendición de cuentas y la evaluación de las decisiones que marcan la vida de la comunidad cristiana.

Aquellos que no han perdido su relación con el Pueblo de Dios, ahora se relacionarán con él a través de un nuevo ministerio. Son llamados a valorar la diversidad y complementariedad de las vocaciones. Para ello han aprendido a colaborar fraternalmente con todos con quienes el ministro ordenado tiene relación ordinaria. Ungidos para explicitar el estilo participativo y sinodal en que han sido formados, con pasión por Jesucristo y por la comunidad.

Formados en una antropología relacional, en una eclesiología del Pueblo de Dios misionero y sinodal, en clave comunional, son llamados con su ordenación a vivir en fraternidad y trabajar sinodalmente. Ungidos para asumir la pasión apostólica que debe animar a los presbíteros en el servicio a la Iglesia misionera, a los pobres, desde una sensibilidad global al clamor de las periferias y del planeta. En una fraternidad ecuménica e interreligiosa, atenta a dimensión homilética y catequética, con curas que saben moverse en la cultura digital sembrando en ella el Evangelio. Sacerdotes que asumen la cultura de la protección y prevención de los abusos de todo tipo.