Fausto Calvo: «Necesito a mis compañeros para seguir al Señor» - Alfa y Omega

Fausto Calvo: «Necesito a mis compañeros para seguir al Señor»

Sacerdote diocesano de Madrid desde 1994 no quiere ser un francotirador, sino parte de una misión común junto con el obispo y sus hermanos presbíteros

Luis Miguel Modino
Fausto Calvo Vicente
Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.

Fausto Calvo Vicente es párroco de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, en el barrio de Arroyo Fresno. Ordenado en 1994, para él ser cura en Madrid significa «formar parte de un presbiterio rico», lo que apareció en CONVIVIUM, la asamblea sacerdotal realizada los días 9 y 10 de febrero de este año, de cuyo equipo organizador formó parte.

Encuentro entre familias

En los barrios jóvenes las parroquias son punto de encuentro entre familias. Una dinámica que acompaña Fausto Clavo en Santa Teresa Benedicta de la Cruz, en el barrio de Arroyo Fresno. Se trata de acompañar la vida de las familias para que puedan ser Iglesia doméstica que hace crecer la fe a partir de casa.

Un clero que considera «más unido de lo que puede parecer», más allá de un supuesto individualismo o cierta falta de comunión en los que algunos pueden pensar. Calvo dice que «verme parte de un presbiterio, en una tarea común con otros compañeros, naturalmente presididos por el obispo», es algo que «va teniendo mucho peso en mí». CONVIVIUM le ha ayudado a «ver que yo no soy un francotirador, ni debo serlo; que la misión es común y que como presbiterio respondemos al Señor».

Ser cura en Madrid también es, para él, «ser pastor de comunidades vivas, con cristianos que viven su fe en lo cotidiano de sus vidas. Estamos al servicio de ellos como pastores». Junto con esto, a partir de la comentada vuelta a Dios de la generación Z, ve Madrid como una realidad secularizada. De ahí la necesidad «de comunidades que no pueden ser otra cosa que misioneras», en las que «el testimonio de los cristianos es muy importante».

Parte de la comunidad

Comunidades de las que «como sacerdotes formamos parte» y de las que, como decía el Papa Francisco, «a veces tenemos que ir por delante, a veces en medio, a veces por detrás, pero con este afán misionero». De ahí la «necesidad de salir, de mostrar a todos a Jesucristo, de vivir nuestra fe en este tiempo de secularización», subraya el párroco de Santa Teresa Benedicta de la Cruz.

Para Fausto Calvo, la diversidad del clero madrileño «indudablemente es una riqueza», que le ayuda «porque me hace no instalarme en mis propios esquemas, en mi propia manera de ver las cosas». Eso lo experimenta en la parroquia con sus compañeros y con los curas de las parroquias vecinas y se convierte en un instrumento «para servir mejor al pueblo de Dios, para ejercer el ministerio».

En una unidad en la fe, ve «una diversidad con matices muy ricos en la espiritualidad de cada uno», asegura. Eso le hace valorar que «al Señor le seguimos juntos y que yo necesito a mis compañeros para seguir al Señor. No puedo hacerlo ni ejercer mi ministerio sin contar con mis compañeros», remacha. Frente a esta perspectiva aparecen la tentación, el pecado, del individualismo y el egoísmo de mirarse a sí mismo y pensar que uno tiene la respuesta.

Es párroco en una comunidad muy marcada por la realidad familiar, con muchos niños y jóvenes. Eso lleva a cuidar «la pastoral familiar, los grupos de adultos, los grupos de matrimonios, ayudar a las familias a que sean esa Iglesia doméstica que dice el Concilio Vaticano II». Esta prioridad se concreta en una convivencia en verano, ejercicios espirituales, la catequesis, grupos para niños y jóvenes. Se procura que «se sientan en la parroquia como en casa».

CONVIVIUM fue un antes y un después

Volviendo a CONVIVIUM, lo ve como «un antes y un después en lo que supone la comunión entre los sacerdotes»; algo que va a dar «una forma nueva a nuestra manera de serlo». Recuerda que allí «apareció mucho la necesidad del cuidado integral» de los presbíteros, por parte de la diócesis, pero también entre ellos mismos. Una conciencia de cuidado que pronostica que va a ir creciendo mucho, por ejemplo «ayudarnos a cuidar desde nuestra salud a una buena vivencia de la espiritualidad, del descanso». Este camino «venía de antes, pero ahora mismo ha cobrado mucha fuerza».

Destaca asimismo la cantidad de consejos pastorales de las parroquias que respondieron a la consulta de CONVIVIUM. En sus aportaciones «había una valoración muy positiva de los sacerdotes». Se recogía además que a veces nos veían cansados, sobrecargados de trabajo». En ese sentido, cree que «un cura también necesita verse cuidado por su comunidad cristiana. Y en CONVIVIUM ha aparecido la necesidad de comunidades vivas que cuiden a los sacerdotes, igual que estos las cuidan a ellas». Pasos que, con la ayuda de un equipo creado para eso, irán tomando forma.