Ricardo Vázquez Freire: Este verano se va a iniciar un curso Alpha en el Camino»
La cifra de peregrinos a Santiago lleva años batiendo récords. El delegado de Peregrinaciones de la diócesis compostelana pide ayuda para atenderlos
—Sin ser años santos, tanto 2023 como 2024 han batido récords de peregrinos y en 2025 se espera superar por primera vez el medio millón. ¿A qué responde este boom?
—Esos datos se refieren a los que obtienen la compostela. Sumando a los que no les interesa o no cumplen las condiciones, quizá sean el doble. Hoy vivimos en un mundo en que la gente está muy en movimiento, hay un auge de viajes de todo tipo; también religiosos. Además, el ser humano está hambriento de trascendencia. La gente peregrina porque nuestro corazón tiene sed de sentido, está buscando a Dios. Vemos gente que inicia el Camino como aventura o reto, pero al final aparece lo religioso. Tiene esa característica de ir trabajando la espiritualidad de la gente.
—¿Por qué?
—Van a Santiago porque hay una meta: el sepulcro del Apóstol, amigo íntimo de Jesucristo y el primero que dio la vida por Él. Ahí está la fuerza de su testimonio. Y, además, el Camino está impregnado de la fe de millones de personas que lo han recorrido. También pasa por lugares de una gran belleza, que seducen el corazón. Muchas veces se emocionan en la catedral.
—¿Es este auge y que tantas personas vivan esa transformación una señal de que la Iglesia lo está haciendo bien?
—Por un lado, el auge es motivo de esperanza y de alegría y, por otro, un reto. Viene mucha gente, en algunos momentos incluso con cierto riesgo de masificación. Nos preocupa dar una acogida cristiana y un acompañamiento pastoral. Está habiendo iniciativas muy positivas, pero, al ir creciendo el fenómeno, falta mucho por hacer. Hay que estar atentos para que la dimensión espiritual no se desvirtúe.
—¿Qué la amenaza?
—Hay una actividad económica creciente que está dando vida a muchos pueblos. No tiene por qué ser negativa, pero existe el peligro de comercializar en exceso todo. Hace 40 años se veía más la gratuidad, la gente que abría las puertas para dar un vaso de agua. También se puede generar una cierta competencia entre caminantes, a ver quién llega primero porque los albergues no dan abasto.
—¿Cómo es la pastoral en su diócesis y en coordinación con las otras del Camino para velar por la espiritualidad?
—En Santiago hay un centro de acogida al peregrino con sacerdotes y voluntarios que de mayo a octubre acogen también en francés y alemán. De los italianos se encargan los religiosos guanelianos. Luego está la atención de la catedral. En general, se ofrecen espacios para rezar y compartir las experiencias que los han tocado.
En cuanto a la peregrinación, este verano se va a iniciar una experiencia piloto bonita en la segunda quincena de agosto: un curso Alpha en el Camino. Al final de varias etapas de la ruta portuguesa se van a organizar las cenas, cada una con su charla sobre un tema y su coloquio. Es una iniciativa de Alpha España con nuestra delegación, una diócesis de Portugal y la de Tui-Vigo. También van a participar evangélicos. Si sale bien, se ampliará.
—Al margen de este proyecto innovador, ¿qué más se ofrece a los peregrinos en ruta?
—En nuestra diócesis las parroquias de Arzúa y Arca, en el Camino Francés, tienen Misa y acogida. En el portugués las de Padrón y Caldas de Reis están siempre abiertas. Los templos de los lugares que son final de etapa suelen estar mejor cubiertos.
—¿Y el resto?
—Queda mucho por hacer. Tendríamos que concienciarnos de que este trabajo tiene que implicar a todas las diócesis de España. En Galicia el clero va a menos, hay parroquias sin suficiente presencia del sacerdote. A veces el Camino pasa por algunas que ni siquiera están abiertas. A lo mejor se podría hacer un voluntariado de sacerdotes para cubrir estos lugares.
Por otro lado, hay peregrinos de toda España y suelen volver con un impacto positivo. Es importante entre todos ver cómo los ayudamos para que esta experiencia continúe; que los que tienen fe la aumenten y los que no, que la puedan llegar a tener. Hay diócesis donde se los convoca y se juntan cientos.
—2027 volverá a ser Año Santo, con la particularidad de que, además, será una etapa más de la iniciativa Journey to Redemption 2033, que desembocará en el Año de la Redención en Jerusalén. ¿Qué espera?
—Sobre todo, que suponga una ayuda para que los jóvenes se acerquen a Jesucristo y a la Iglesia. El Camino es un ámbito de evangelización muy bueno para los jóvenes. Se ven muchos grupos de colegios que lo tienen dentro de su programa pastoral. Además, en un mundo con tantas divisiones y conflictos, es una fuente de esperanza para nuestra Europa y nuestro mundo, un ámbito de encuentro, de solidaridad, de reconciliación, en el que gente de distintas lenguas, razas, nacionalidades, culturas e ideologías encuentran unos valores comunes.
—Hablaba de masificación. No faltan críticas a los comportamientos incívicos de los peregrinos o al encarecimiento de la vivienda por los pisos turísticos. ¿Está disponible la Iglesia para abordar esta cuestión?
—Puede haber problemas puntuales, pero son excepción. La ciudad tiene una normativa y algunos pisos turísticos han tenido que cerrar. Se está intentando llegar a un equilibrio porque hay capacidad para atender bien sin perjudicar a los de aquí. Por parte del arzobispo siempre hay una mano tendida hacia las instituciones para que las peregrinaciones se vivan de la manera más armoniosa posible. Lo que es triste a veces es que las críticas se hagan más desde la ideología. Se agrandan las molestias y problemas subsanables sin ver lo positivo.