Estas religiosas lo dieron todo y ahora tendrán una vejez digna
La Fundación The Anna Trust es una organización sin ánimo de lucro fundada en 2024. Ha concedido subvenciones a siete proyectos intercongracionales en favor del cuidado de religiosas mayores
En 2020, la hermana Sandra San Martín se encontró con una casa vacía. Había sido una residencia para ancianas que gestionaba la Congregación del Amor Misericordioso. Al tiempo, con otras religiosas, había notado una realidad cada vez más apremiante: la del cuidado de las religiosas mayores. «Había congregaciones muy solas y que se extinguían porque había muy pocas hermanas. De hecho, tres o cuatro han desaparecido sin que las pudiéramos ayudar. Así que pensamos que teníamos que hacer algo entre nosotras», cuenta a Alfa y Omega. Con este fin, 16 congregaciones unieron fuerzas y crearon Tejiendo Solidaridad. San Martín ofreció esa residencia en desuso y en 2021 pudieron ingresar a la Casa Arcoíris en el Atardecer las cuatro primeras religiosas ancianas, de entre 90 y 100 años. Poco a poco se fueron sumando de otras congregaciones. Sucedió en Chile, pero es una realidad extrapolable a muchos lugares donde las religiosas empiezan a ser cada vez más mayores, mientras que el relevo generacional o llega a cuentagotas o no llega. «Cuando hay dos hermanas relativamente jóvenes con otras seis a su cargo, las que cuidan, casi sin recursos, también han de hacer pastoral o trabajar de forma remunerada. No tienen ni tiempo ni condiciones para asistir a las mayores», explica rememorando la propia experiencia en su congregación.
Las religiosas no son inmunes al deterioro físico y cognitivo y, tras haber entregado sus vidas, no siempre es posible otorgarles una vejez con todo lo necesario, tanto por falta de medios económicos como humanos. En esta coyuntura irrumpe The Anna Trust Foundation, una organización sin ánimo de lucro fundada en 2024 en Roma que se creó gracias a una subvención inicial de la Fundación Conrad N. Hilton como una mano tendida para cuidar de quienes han dedicado su vida a cuidar. Desea fomentar la colaboración entre congregaciones y ayudarlas para que puedan atender de la mejor manera posible, a nivel físico, mental y espiritual, a sus religiosas mayores. «En muchos lugares, sobre todo en el sur global, las religiosas no tienen un fondo de pensiones ni una buena atención médica. Y en otros, donde sí hay atención médica, puede ser muy costosa», destaca sor Patricia Murray, su presidenta.

Se eligió ese nombre pensando en la anciana Ana que, junto con Simeón, reconoce a Jesús en el templo. «Como ellos, creo que las personas mayores tienen una sabiduría que, a menudo, no se valora en el mundo actual. Desde The Anna Trust estamos subrayando que necesitamos valorar y respetar la dignidad de todos, pero particularmente la de las personas mayores en una sociedad que tiende a descartar lo que no se considera útil».
Por primera vez en este 2026, The Anna Trust Foundation ha entregado subvenciones a siete proyectos presentados por congregaciones religiosas femeninas con mayores. Tejiendo Solidaridad es uno de ellos. Ahora podrán formarse en un aspecto fundamental: la salud mental geriátrica; en concreto, las demencias. En Chile los especialistas escasean, están muy demandados y son caros. En el corazón de los proyectos subvencionados está la preocupación por que estas religiosas puedan llevar una vida plena, «considerando también la dimensión espiritual del envejecimiento», apunta Murray, que insiste en que «envejecer no es una enfermedad, sino una oportunidad». Además, asegura que «las congregaciones religiosas pueden dar testimonio al mundo de cómo debemos cuidarnos unos a otros a medida que envejecemos». La fundación tiene vocación de futuro y desea contribuir, por ejemplo, con proyectos que investiguen el envejecimiento considerando a las religiosas como grupo de interés.

«Sin la ayuda de The Anna Trust no podríamos tratar las demencias porque no teníamos recursos. Ahora podremos hacer que las hermanas se sientan mejor», asegura San Martín. Después de más de una década ocupándose de las mayores, sostiene que cuidarlas constituye un gesto de «memoria agradecida hacia estas hermanas que han dado su vida por sus instituciones y por la sociedad».