Ensanchemos la puerta de entrada - Alfa y Omega

Ensanchemos la puerta de entrada

Los obispos explican que la emoción es una vía legítima para incorporarse a la vida de fe, pero sin menoscabar la razón

Alfa y Omega

La publicación de Cor ad cor loquitur (El corazón habla al corazón) por parte de la Conferencia Episcopal Española el pasado martes ha llegado en un contexto de aparente renacer religioso y proliferación de iniciativas de primer anuncio. Es un boom que las generaciones más jóvenes están experimentando —alimentado también por películas como la recientemente ganadora de cinco premios Goya Los Domingos o discos como Lux, de Rosalía— al haberse liberado, entre otras cosas, de estereotipos en los que se educaron sus padres. Atrás queda —al menos entre los Z— la inercia de mirar por encima del hombro a quien se declarara abiertamente católico en su instituto o universidad, algo por lo que antaño prácticamente había que pedir disculpas porque se asociaba a cuestiones ideológicas. Sin embargo, este cambio a mejor de la mentalidad imperante aún no se ha traducido del todo en una mayor participación en las celebraciones litúrgicas ni la vida parroquial y, sin el acompañamiento necesario, corre el riesgo de desinflarse como un suflé y que ese ardiente celo acabe en nada.

En su nota los obispos recuerdan que, tras el primer estallido de quien pasa por una experiencia más emotiva —como pueden ser una peregrinación, un retiro de impacto o un encuentro veraniego—, algo bueno que da pie a otros muchos pasos posteriores, es también necesario echar raíces. Cultivar una relación personal e individual con Cristo y vincularse con una comunidad más grande que aquella pequeña y selecta con la que se compartieron unos días mágicos y conmovedores, que todos los hemos tenido. Es decir, recuerdan que cultivar la fe implica conjugarla con la inteligencia, la voluntad y la afectividad.

Pero es importante destacar también que esta nota no criminaliza ni demoniza lo emocional, que es, de hecho, una vía legítima para acercarse a Dios. Si esta está siendo la puerta de entrada hacia algo más grande, el ánimo no es cerrarla sino, al contrario, ensancharla.