En RD Congo, por el estigma, «una psicosis puede volverse irreversible»

En R. D. Congo, a causa del estigma, «una psicosis aguda puede volverse irreversible»

El Centro de Salud Mental Telema, de las Hermanas Hospitalarias, es prácticamente la única institución que ofrece atención psicológica y psiquiátrica a los 17 millones de habitantes de Kinshasa (R. D. Congo)

María Martínez López
Pacientes del centro Telema. Foto: Fundación EKI

El 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental. Una especialidad que, si ya está en gran medida desatendida en algunos sistemas sanitarios incluso del primer mundo, en los países en desarrollo es la gran olvidada. Así lo refleja la revista Mundo negro en su último número, con un reportaje dedicado al Centro de Salud Mental Telema, gestionado por las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón en Kinshasa (República Democrática del Congo).

Según la Organización Mundial de la Salud, en África una de cada diez personas sufre algún problema de salud mental. En este continente, a las causas de enfermedades de este tipo compartidas con el mundo desarrollado se suman otros factores de riesgo. Enfermedades como el sida, el ébola, la tuberculosis, la malaria y la enfermedad del sueño, por ejemplo, tienen en alguno caso secuelas neurológicas.

También es más frecuente que en Europa o Norteamérica haber vivido situaciones traumáticas relacionadas con la violencia. O verse afectado por desencadenantes del estrés como la pobreza o el hacinamiento en infraviviendas.

Hechizos y brujería

Atajar esta alta incidencia resulta prácticamente imposible por dos motivos. Uno de ellos, explica la hermana Christine, directora de Telema, es el estigma social en torno a la enfermedad mental que todavía existe en el continente. «Cuando alguien manifiesta algún síntoma de trastorno mental, la familia no piensa en primer lugar en venir al hospital. Creen que es un hechizo, un asunto de brujería», subraya la religiosa.

Muchos de estos enfermos son expulsados de la familia, sobre todo si son mujeres. Quedan condenados a vagar por las calles, sucios, mal vestidos y viviendo a merced de la gente, que lo mismo les ofrece alimentos que los agrede o, si su comportamiento da problemas, los hace desaparecer.

En otros casos, incluso aunque los familiares intenten ayudar, lo hacen yendo «al pastor para que rece y libere al enfermo del mal espíritu», continúa la hermana. Para cuando por fin llegan a un hospital, si es que llegan, «se ha perdido un tiempo precioso. Por ejemplo, una psicosis aguda que puede corregirse en seis meses puede agravarse y convertirse en una enfermedad crónica irreversible».

Un centro para 17 millones de personas

La otra gran dificultad es la gravísima falta de medios y recursos, empezando por el personal. Si la OMS recomienda un psiquiatra por cada 5.000 habitantes, en muchos países apenas hay uno por cada 100.000. Y en algunos, como Mozambique, hay menos de uno por millón.

En Kinshasa, una ciudad de 17 millones de habitantes, apenas hay algunas clínicas privadas al alcance de un selecto grupo, y un centro de atención neuropsicopatológico en la Universidad de Kinshasa. Esta institución en su día fue pionera (la primera de esta especialidad en todo el continente). Pero hoy, muy deteriorada a causa de la grave crisis en la que está sumido el país, apenas funciona.

A la hora de la verdad, solo Telema atiende a los pacientes mentales. Es, de hecho, un centro de referencia en todo Congo. «Todo el mundo tiene acceso porque la consulta nunca cuesta más de dos euros, y cuando las familias no disponen de medios para los medicamentos las ayudamos también», explica su responsable. No es fácil, pues el acceso a estos fármacos está muy controlado y sin la ayuda de diversas instituciones no podrían importarlos. Pero «ningún enfermo sale de aquí sin tratamiento». Cada año realizan 50.000 consultas, y solo en 2020 atendió a 4.000 nuevos pacientes.

Personal con formación especializada imparte talleres de formación ocupacional. Foto: Fundación EKI

Preparan la vuelta a casa

En los años 1980, un sínodo diocesano subrayó la salud mental como una de las grandes necesidades desatendidas en la archidiócesis, e hizo un llamamiento a las comunidades religiosas para abordar esta cuestión. En 1989 las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón atendieron la llamada y decidieron fundar Telema, que abrió oficialmente sus puertas en 1991.

Diez años después fundaron Betania, una extensión para atender a enfermos mentales sin hogar. Y, en 2009, abrieron un segundo centro, Telema-Kintambo, en otro distrito de la ciudad y también con un refugio para personas abocadas a la calle. Otra de sus prioridades es la formación y acompañamiento a las familias, para intentar que sus parientes con trastornos mentales puedan reinsertarse en ellas.

Junto a las consultas y la atención psicosocial, ofrecen a sus pacientes talleres de formación ocupacional impartidos por personal que también tiene formación en Psiquiatría. Enseñar costura y confección, bordados o bisutería no solo tiene beneficios terapéuticos y de cara a la inserción social de sus alumnos. Vendiendo lo que producen, como unas simpáticas muñecas africanas, contribuye también a la autofinanciación del centro.

Por último, han hecho una firme apuesta por la divulgación de la salud mental, con presencia en programas de radio y visitas a colegios e iglesias. Buscan hacer comprender a la gente que «las enfermedades mentales son como las demás», manifiesta la hermana Christine, con sus causas y tratamientos. Y lanzar el mensaje de que «traigan al centro a cualquier persona que manifiesta síntomas».