¿En qué consiste el privilegio del blanco de las soberanas católicas?
Solo siete mujeres en el mundo ostentan el privilegio del blanco para vestirse de este color ante el Papa
Durante la próxima visita de León XIV a Madrid, Barcelona y Canarias —tal y como ya anunció César García Magán, portavoz de la Conferencia Episcopal Española— será esperable un encuentro del Papa con los reyes de España. En él es previsible que la reina Letizia vista de blanco.

Cuando una mujer tiene audiencia con el Papa, el protocolo vaticano es claro: vestido negro, mangas largas y mantilla del mismo color. Sin embargo, existe una excepción histórica conocida como el privilegio del blanco, una concesión simbólica que permite a un grupo muy reducido de soberanas católicas vestir de blanco ante el Pontífice.
Siete mujeres en el mundo tienen el privilegio del blanco
Actualmente, solo siete mujeres en el mundo tienen el privilegio del blanco. Se trata de las reinas o consortes de casas reales cuya identidad histórica está ligada oficialmente al catolicismo: España, Bélgica, Luxemburgo y Mónaco.
En el caso español, disfrutaron de este privilegio la reina emérita Sofía y, desde 2014, la reina Letizia. En Bélgica, pueden vestir de blanco la reina Matilde y la reina emérita Paola. En Luxemburgo, la gran duquesa María Teresa y ahora también la gran duquesa heredera Stéphanie. En Mónaco, la princesa Charlene. No es una obligación: algunas, como María Teresa o la propia Charlene en determinadas ocasiones, han optado por vestir de negro pese a poder usar el blanco.

El origen del privilegio se remonta a antiguas concesiones pontificias vinculadas al reconocimiento del carácter oficialmente católico de estas monarquías. El blanco, reservado habitualmente al Papa como símbolo de pureza y autoridad espiritual, se convierte aquí en una señal de comunión especial entre la Santa Sede y determinadas casas reinantes.
El caso de Mónaco y el de Países Bajos
El caso de Mónaco —el primer destino al que viajará el Papa— resulta especialmente significativo. Es, junto con Malta, el único país europeo cuya Constitución reconoce el catolicismo como religión oficial. Más del 90 % de su población se declara católica y la familia Grimaldi ha mantenido históricamente una estrecha relación con la Santa Sede. No en vano, el papa León XIII creó en 1887 la diócesis monegasca.
No todas las reinas católicas pueden acogerse a esta distinción. La reina Máxima de los Países Bajos, católica de origen, no puede vestir de blanco porque la casa real neerlandesa no es oficialmente católica.