En la Iglesia muchas veces «se quiere el trabajo de las mujeres pero no su voz»

En la Iglesia muchas veces «se quiere el trabajo de las mujeres pero no su voz»

Algunas de las mujeres que preparan el documento para la segunda etapa del sínodo analizan las inquietudes que llegan desde todo el mundo sobre su papel en la Iglesia

María Martínez López
Sínodo mujeres
Foto: Vatican News.

«La cuestión del papel de la mujer y su exclusión de decisiones claves ha sido frecuente en casi todos los informes» que las conferencias episcopales de todos los países han enviado a Roma en el marco del proceso sinodal. Lo subraya a Vatican News Susan Pascoe, una de las 14 mujeres que forman parte del grupo de expertos que hasta el 2 de octubre están reunidos en Frascati, cerca de Roma, para redactar el documento de la segunda etapa.

A pesar de la frecuencia con la que surge esta cuestión, no lo hace con los mismos matices en todos los ámbitos. «En algunos continentes las mujeres ya tienen ciertos roles de liderazgo, algunas son cancilleres de diócesis, etc.», explica Gill Goulding, otra miembro del equipo. Pero en otros lugares «realmente hay muy pocas oportunidades para ellas, incluso a nivel local». No de trabajar en la Iglesia, cosa que hacen y juegan un papel «vital»; sino en la toma de decisiones.

Desde Hispanoamérica, por ejemplo, llegaron muchas voces «también de hombres», pidiendo que se las honre mucho más porque «son técnicamente quienes están llevando a cabo la mayor parte de la misión», subraya Brigit Weiler. Esas mujeres «sienten que se quiere su trabajo» pero no «su propia voz, su forma de pensar, lo que podrían aportar a los procesos de discernimiento».

Lucha de identidad

Les ocurre también a las religiosas, asegura Philomena Njeri Mwaura. «Ellas también querrían participar. En general, las mujeres son los pilares de la Iglesia. Sin mujeres no hay Iglesia». Esta situación, añade Maike Sieben, genera en muchas una «profunda lucha de identidad», pues dicen no saber cómo «conciliar su identidad católica y su amor a la Iglesia con su identidad de mujer», siendo «fieles a ambas».

Las participantes en este grupo de trabajo son conscientes de que en algunos ambientes hay «un cierto temor a que haya un blanqueo» o los problemas que se han presentado localmente se diluyan en los documentos intermedios y finales. «Quiero asegurarles de que este es un proceso auténtico. Estamos revisando minuciosamente cada presentación de todo el mundo».