El XIX Encuentro de Infancia Misionera quiere recordar que «ningún bautizado está solo»
Con la gran movilidad interna de Madrid, el coordinador de misiones en las vicarías IV y V subraya que «entender la fe abierta a la misión es fundamental»
Javier Medina es párroco de Cristo Rey de Usera y coordinador de misiones en las vicarías IV y V. Este sábado, en el XIX Encuentro Diocesano de la Infancia Misionera, llenará un autobús con unos 50 chavales de su parroquia rumbo a la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, donde la delegación de Misiones de la archidiócesis celebra esta fiesta por todo lo alto. «Todos los años los convoco para que participen y puedan estar con otros chavales en ese ambiente de misión y de comunidad», nos confía.
Misionero en Panamá
Este sacerdote, quien fue misionero en Panamá, aprovecha las oportunidades a su alcance para explicar a los alumnos de catequesis que «donde hay un sagrario y una comunidad en torno a él, ningún bautizado está huérfano ni solo». Y, en sus homilías, intenta «hacerles caer en la cuenta de que un bautizado es piedra viva allí donde va, con todo lo que implica».

Él estuvo poco tiempo en la diócesis de Colón – Kuna Yala atendiendo a 45 comunidades en torno al Santuario del Cristo Negro pero, aparte de servir sacramentalmente a los fieles, también tuvo la oportunidad de «colaborar con la Cáritas diocesana y estar en todos los charcos».
Ese sencillo ejemplo que les da cuando le preguntan por aquella misión despierta en ellos una llamada a la aventura que, a juicio de Medina, es muy compatible con el lema que se ha elegido este año para el XIX Encuentro Diocesano de la Infancia Misionera: Tu vida, una misión.
Un niño misionero es «generoso aunque le cueste»
Para trabajar esta dimensión en Cristo Rey de Usera —y en más iglesias de Madrid— hay por las paredes de sus salones parroquiales un Decálogo del niño misionero. Este código de conducto anima, por ejemplo, a «ver a todas las personas como sus hermanos», a no tener «vergüenza de hablar de Jesús», a «rezar todos los días a su Padre Dios por los niños de todo el mundo», a «servir a los demás con alegría», a recordar «que la persona es más importante que el dinero», a ser «generoso aunque le cueste» y a «buscar soluciones hasta que las encuentre».

Finalmente, en este Madrid de tremendas distancias y cambios constantes de domicilio, Javier Medina explica que los niños «pueden entender la llamada por el Bautismo y ver la Iglesia universal desde esa perspectiva, pues hay familias que se mueven mucho y entender la fe en esa clave eclesial y abierta a la misión es fundamental».