El Vaticano acondiciona el Palacio Apostólico para acoger a León XIV
El Papa ha optado por una renovación integral que ha durado siete meses. Se ha concentrado la zona de trabajo en el tercer piso y los dormitorios, en el cuarto
Aunque León XIV sigue viviendo en el mismo apartamento que ocupaba cuando era cardenal, se multiplican las señales de que a lo largo del mes de febrero se mudará al Palacio Apostólico, la residencia oficial de los Pontífices. La principal es que ya han terminado las reformas y que del 22 al 27 de febrero seguirá allí sus ejercicios espirituales. La última vez que entraron en él los albañiles, las obras duraron dos meses y medio. Ahora han hecho falta más de siete.
«El Palacio Apostólico es, sobre todo, la casa del sucesor de san Pedro», explica a Alfa y Omega Vicente Francia, autor de una de las pocas guías que existen de este lugar. Francia recuerda que aquí ha habido una residencia papal al menos desde el siglo XIII, aunque no se trasladaron definitivamente hasta que regresaron de Aviñón en el siglo XIV. «Su casa junto a la catedral de San Juan de Letrán estaba demasiado cerca de los muros de Roma y era poco segura», explica. El actual edificio fue construido en tiempo récord, en solo dos años, entre 1589 y 1590.
Ahora el Palacio Apostólico acoge sobre todo los Museos Vaticanos y algunas oficinas de la Curia. El actual apartamento papal ocupa dos pisos y una terraza. El primer Papa que vivió allí fue Pío X (1903-1914). Para entrar hay que subir la llamada «escalera noble» o el «ascensor de Sixto V», que solo se activa con una tarjeta magnética. La mitad del apartamento asoma a la plaza de San Pedro y, desde una de sus ventanas, el Santo Padre reza el ángelus todos los domingos.

El Palacio Apostólico en el libro Nada más que la verdad
En su libro Nada más que la verdad, Georg Gänswein, que fue secretario personal de Benedicto XVI y prefecto de la Casa Pontificia, lo describió: «En el vestíbulo de entrada, una puerta daba acceso a la biblioteca privada». A continuación había «un pequeño estudio, la sala del secretario particular (frente a ella, hacia el interior, se encontraba la capilla), y el estudio privado del Papa y su dormitorio, que hace esquina». En el lado que asoma a Roma había «un baño, una biblioteca privada (donde estaba el consultorio médico equipado para Juan Pablo II), un salón, el comedor, la cocina y las habitaciones del personal de servicio».
La última vez que se hicieron reformas fue en el verano de 2005, antes de que lo ocupara definitivamente Benedicto XVI. Entonces, «la instalación eléctrica estaba todavía dividida en dos líneas de diferente voltaje y en el techo se había colocado un hueco con contenedores para recoger el agua procedente de las infiltraciones», según describe en sus memorias Gänswein. Cuando León XIV lo visitó en mayo, pudo ver que se habían vuelto a formar goteras y se habían quedado obsoletos la calefacción y el aire acondicionado. Por eso, más que reparaciones, decidió una renovación integral. La zona de dormitorios se ha concentrado ahora en el cuarto piso mientras que la de trabajo, en el tercero. La capilla, que es el corazón de su residencia, está decorada con vidrieras y custodia unas reliquias de san Pedro.
Cada Papa lo ha modernizado y le ha dado su toque personal para convertirlo en un hogar acogedor. León XIII añadió las líneas telefónicas. «Pablo VI eligió un tono gris para la tapicería», según apunta Gänswein. «Benedicto pidió que se retirara la moqueta para recuperar el suelo de mármol del siglo XVI, que era muy luminoso», añade. Aparentemente, León XIV no tiene previsto usar como dormitorio la habitación de sus predecesores, y dormirá en el piso de arriba. Además, su hermano John Prevost asegura que se han instalado algunos aparatos de gimnasia, por si encuentra el tiempo para usarlos.
Fin de la ocupación nazi
El apartamento ha sido escenario de momentos históricos. En 1944, Pío XII se asomó a la ventana para saludar a los romanos que celebraban el fin de la ocupación nazi de Roma. Tanto san Juan XXIII como san Juan Pablo II fallecieron allí mientras miles de personas rezaban por ellos en la plaza; y allí Benedicto XVI vivió hasta horas antes de presentar su renuncia. Su sucesor, Francisco, prefirió residir en Santa Marta porque en el trasiego de ese lugar encontraba una apariencia de normalidad.
Ahora se convertirá en el epicentro del pontificado de León XIV. Aquí recibirá a las visitas más delicadas y, durante cenas y almuerzos privados con jefes de Estado, líderes de opinión o colaboradores personales, irá marcando el paso de la Iglesia.