El servicio a los ancianos aun a riesgo de infectarse - Alfa y Omega

El servicio a los ancianos aun a riesgo de infectarse

José Calderero de Aldecoa
La comunidad de religiosas que atiende la residencia fue la primera fundada por santa Teresa de Jornet e Ibars en 1873. Foto: Ascen Lardies

La labor realizada durante la primera ola del coronavirus por las hermanitas de los Ancianos Desamparados en la residencia Saturnino López Novoa, situada en Barbastro, les mereció un premio, el Trofeo FERMA 2020, por el «trabajo ejemplar desarrollado durante la pandemia». Se lo entregó el ayuntamiento de la localidad y no era para menos. La comunidad de religiosas, junto con el resto de trabajadores del centro, consiguieron mantener alejada a la COVID-19 y ninguno de los 92 residentes ni de los 42 trabajadores resultó contagiado. 

La situación en esta segunda ola es bien distinta. «Cumplimos escrupulosamente todas las medidas», tanto las impuestas «por las autoridades como algunas establecidas por nosotras mismas», pero «actualmente tenemos un brote activo que afecta a 45 personas entre trabajadores y ancianos», alcanza a decir sor Begoña Sierra, superiora de la comunidad desde hace seis años, casi entre sollozos.

«Seguiré luchando»

Ante esta situación, las hermanitas de los Ancianos Desamparados de Barbastro se han visto obligadas a aislar a todos los residentes y dividir la residencia en varias zonas según el nivel de contagio. Incluso la propia comunidad se ha visto partida en dos. «Por un lado, están las hermanas que se han visto afectadas y, por el otro, el resto de religiosas», explica sor Begoña, al mismo tiempo que confiesa sentirse «un tanto agobiada». 

Sin embargo, no piensa rendirse. Su voz parece recobrar cierta vitalidad al otro lado de la línea y exclama: «Seguiría luchando aunque estuviera contagiada. Los ancianos se lo merecen».

«Confinarse con el virus dentro»

En la residencia para hermanas mayores de las Hijas de Jesús en Valladolid también se ha desatado un brote, pero en este caso afecta a todas las religiosas. 34 infectadas de 34 posibles. Dos fallecieron, pero hay muchas asintomáticas. Una es Maruja San Juan: «Me encuentro bien, pero la soledad me hace sentir cerca de los que sufren y rezo por ellos», asegura. Ante esta situación, la orden pidió a cuatro hermanas que entraran para atender a las contagiadas. Nieves Goyenechea fue una de ellas. «Damos conversación, las animamos a hacer ejercicio y oración. Además, yo me encargo de mantener informadas a las familias».