El Papa visitará la catedral para hacer una ofrenda floral a la Almudena
La catedral de la Almudena acogerá el lunes 8 de junio un acto sencillo y emotivo en el que León XIV honrará a la patrona de Madrid, que cuenta con una especial tradición de fe y devoción
La catedral de Santa María la Real de la Almudena será el lugar de uno de los actos más entrañables del Papa León XIV. Allí acudirá el Pontífice para hacer una ofrenda floral a la patrona de Madrid. El acto se celebrará el lunes 8 de junio y será un momento sencillo e íntimo en el que el Santo Padre estará acompañado por el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, los obispos auxiliares y el cabildo catedral. El momento central será la subida al camarín de la Virgen para realizar una ofrenda floral y rezar ante Ella. Tras impartir la bendición apostólica a los presentes, León XIV se desplazará hasta el estadio Santiago Bernabéu, donde tendrá un gran encuentro con la vida de la diócesis de Madrid.
El Santo Padre mostrará así su cariño y cercanía a la Virgen de la Almudena, como ya hicieran en su día los otros Papas que han visitado el templo: san Juan Pablo II, que lo consagró en 1993, y Benedicto XVI, que celebró en él una Misa con los seminaristas durante la Jornada Mundial de la Juventud de 2011. Resuena aún la oración del primero a Santa María de la Almudena, a quien pedía, entre otras cosas, «constancia firme para vivir siempre seguros en la fe de la Iglesia» y mantener «vivo y fuerte nuestro amor para que ningún obstáculo pueda desviarnos del camino de la salvación».
La catedral de los 100 años
León XIV visitará una de las catedrales más recientes en historia, pero muy rica en vida de fe. Cuando san Juan Pablo II la consagró el 15 de junio de 1993, habían pasado 110 años desde el inicio de su construcción. Fue un 4 de abril de 1883 cuando Alfonso XII puso la primera piedra de una iglesia que había sido el sueño de su «dulcísima esposa» María de las Mercedes, quien promovió que la Virgen de la Almudena tuviera casa propia. Del proyecto inicial, del marqués de Cubas, solo se finalizó la cripta, inaugurada en 1911. La Segunda República, la Guerra Civil y la posguerra paralizaron las obras. Muchos años estuvieron las columnas de la nave central al aire, a la espera de que se fuera avanzando. En 1944, Fernando Chueca Goitia ganó el concurso para continuar los trabajos, sin desmontar lo que ya había avanzado el marqués de Cubas, pero en armonía con el clasicismo del Palacio Real. Pronto se volvieron a paralizar las obras por falta de dinero. Hasta que en 1984 se constituyó una fundación en la que Antonio Astilleros, párroco de la cripta y primer deán de la catedral, y el cardenal Ángel Suquía, impulsaron la búsqueda de fondos. Y fue el Gobierno de España, en concreto el propio presidente de entonces, Felipe González, el que contactó con los principales benefactores para la conclusión de las obras.
La Virgen de la Almudena por fin tenía su casa definitiva. Un regalo de la villa de Madrid, que siempre le tuvo una especial devoción a la Virgen María. Tanto que, ya en el año 1085, el rey Alfonso VI, siguiendo una promesa, hizo una procesión para encontrar la imagen de la Virgen que se veneraba antes de la ocupación musulmana y que los cristianos habían escondido tras las murallas para protegerla. Durante esa procesión, un 9 de noviembre, al pasar por el tramo de la actual cuesta de la Vega, la muralla (almudaina) se desprendió y apareció María, tal y como había sido ocultada más de 300 años atrás, con dos velas a ambos lados que permanecían encendidas. De ahí su tez morena.
Una catedral viva
En la diócesis de Madrid aún resuena la carta que el Papa León XIV escribió a los más de 1.300 sacerdotes participantes en la asamblea presbiteral CONVIVIUM, el pasado mes de febrero. En ella proponía un recorrido por la catedral de la Almudena como metáfora del ser sacerdote: la fachada, una vida coherente; el umbral que da paso al espacio sagrado, el celibato, la pobreza y la obediencia; el templo remite a hogar común, fraternidad sacerdotal; las columnas, a la tradición y el magisterio de la Iglesia; la pila bautismal y el confesionario, a los sacramentos; las capillas, a los carismas y espiritualidades; y el altar y el sagrario, al centro de todo, donde se actualiza el sacrificio de Cristo y donde «permanece Aquel que habéis ofrecido».
Las capillas a las que aludía el Pontífice son una forma concreta de recorrer el templo. «Es verdad que nuestra catedral es moderna y no tiene la solera de las catedrales antiguas», reconoce la directora del Museo de la Catedral, Cristina Tarrero; pero «nos habla del presente y de la historia de fe de Madrid». Por encima de todo, el primer templo de la capital tiene una particularidad que lo hace único: cada capilla refleja una realidad de la Iglesia en la diócesis, un santo madrileño o un movimiento nacido en la diócesis. Recorrer el templo pasando por sus capillas es recorrer la historia de la Iglesia en Madrid. Cuántas resonancias a la caridad con enfermos, vulnerables y descartados que pusieron en el centro tantos iniciadores de congregaciones presentes en el templo y que, a día de hoy, continúan su labor. Cuántos apóstoles, evangelizadores y mártires, y cuántas almas de oración y Eucaristía también en esas capillas que redirigen en última instancia a la que sobresale entre todas ellas: la del Santísimo. Y junto a ella, el retablo de Santa María la Real de la Almudena, que desde su posición entrega al visitante al Jesús Niño y acompaña con la mirada al adulto, en el presbiterio, clavado en una cruz de cedro del Líbano. Un Crucificado de la Buena Muerte de 1621, obra de Juan de Mesa, el mismo que talló el Jesús del Gran Poder de Sevilla. Aún hay dos capillas más: la penitencial y la de San Juan Pablo II. Esta última es la más reciente de todo el conjunto. Y remata la girola la capilla de San Isidro, el santo patrón de Madrid, que expone la célebre arca funeraria que contuvo el cuerpo de san Isidro Labrador desde época primitiva hasta 1620.
La sensación que provoca la catedral es que «todos los madrileños se ven representados»; primero, porque en la catedral hay presencia de la patrona, del patrón y está la sede del obispo; «y también porque en ella están los movimientos y las fundaciones más importantes del siglo XX». «Es una catedral que es de todos y está viva, porque se inauguró inacabada y se sigue mejorando», continúa la directora del Museo. Por ejemplo, la actual iluminación del camarín de la Virgen se estrenó esta última Semana Santa. «Son luces indirectas» para no dañar ni al retablo ni a la imagen. También en la Vigilia Pascual se inauguraron las luces en el atrio, que ayudaron a entender mejor la liturgia de la luz. Y para la visita del Papa León XIV se están renovando las bombillas de los faroles de las columnas para igualar los tonos lumínicos.
Esta será la primera vez que Robert Prevost visite la catedral de la Almudena como Pontífice, pero lo cierto es que ya ha acudido en más ocasiones. Con todo, su visita más destacada fue con motivo de la canonización de Alonso de Orozco, agustino, que murió en Madrid —en el convento agustino que existía en el actual edificio del Senado— y cuyos restos mortales descansan en la capilla del convento de las agustinas contemplativas de la calle La Granja. El Santo Padre concelebró el 19 de septiembre de 2002 una Misa de acción de gracias que estuvo presidida por el entonces arzobispo de Madrid, cardenal Antonio María Rouco Varela. Asimismo, participó en la inauguración y bendición del cuadro del santo que se encuentra en una de las paredes laterales. Se trata de una obra del pintor turolense Agustín Alegre que recoge el encuentro de la señora Pimentel con Orozco, a quien le entrega unas vestiduras para un pequeño que estaba desnudo.