El Papa: «Se escucha más a las farmacéuticas que a los sanitarios»

«A menudo muchas personas no pueden participar en la reconstrucción del bien común porque son marginadas, excluidas o ignoradas», denunció durante la audiencia general

Redacción
Foto: AFP / Tiziana Fabi

¿Cómo vamos a salir de esta crisis? El Papa trató de responder esta pregunta durante la audiencia general de este miércoles y la primera clave que ofreció fue la de la responsabilidad personal. «Cada uno debe tener la posibilidad de asumir la propia responsabilidad en los procesos de sanación de la sociedad de la que forma parte», pidió Francisco.

Pero este sería tan solo el primer escalafón, porque «tenemos que responder no solo como individuos, sino también a partir de nuestro grupo de pertenencia, del rol que tenemos en la sociedad, de nuestros principios y, si somos creyentes, de la fe en Dios».

Se trata de poner en práctica una «verdadera solidaridad», ha pedido el Pontífice. Pero esta no se puede dar «sin participación social» o «sin la contribución de los cuerpos intermedios: de las familias, de las asociaciones, de las cooperativas. De las pequeñas empresas, de las expresiones de la sociedad civil».

Marginación de los pequeños

Sin embargo, «a menudo muchas personas no pueden participar en la reconstrucción del bien común porque son marginadas, excluidas o ignoradas; ciertos grupos sociales no logran contribuir porque están ahogados económica o políticamente», denunció el Santo Padre.

En este contexto, «se escucha más a las grandes compañías financieras que a la gente o aquellos que mueven la economía real. Se escucha más a las compañías multinacionales que a los movimientos sociales. Se escucha más a los poderosos que a los débiles».

Lo mismo está ocurriendo en la actualidad, según Bergoglio, con la manera de enfrentarse al virus: «se escucha más a las grandes compañías farmacéuticas que a los trabajadores sanitarios, comprometidos en primera línea en los hospitales o en los campos de refugiados», añadió.

Principio de solidaridad

Al contrario, Francisco propuso implementar el principio de subsidiariedad, «respetando la autonomía y la capacidad de iniciativa de todos, especialmente de los últimos». Este principio, concluyó el Papa, «permite a cada uno asumir el propio rol para el cuidado y el destino de la sociedad» y aplicarlo «da esperanza en un futuro más sano y justo; y este futuro lo construimos juntos, aspirando a las cosas más grandes, ampliando nuestros horizontes. O juntos o no funciona».